Adolescentes inmigrantes, una realidad muy común

Yamila Papa · 17 septiembre, 2018
La juventud es una etapa crítica en la vida de un ser humano. Por eso, la realidad de los adolescentes inmigrantes no debería pasarnos desapercibida. En estos años de tantos cambios, un estrés tal como cambiar de país puede ser determinante para su vida.

La migración genera un gran estrés en aquellos que la protagonizan, sin importar la edad que tengan. Sin embargo, los jóvenes son un grupo muy vulnerable ante esta situación. En el siguiente artículo, hablaremos sobre los adolescentes inmigrantes, algo que se da muchísimo en la actualidad.

Adolescentes inmigrantes: problemas de identidad

Cuando una familia decide por diferentes motivos —como el desempleo o la guerra— irse a vivir a otro país, ‘arrastra’ consigo una cultura, un idioma y unas tradiciones que quizás son muy diferentes a las del lugar al que llegan.

Por supuesto, también reciben lo mismo de su nuevo hogar. Según la edad que se tenga, este cambio puede generar consecuencias que, en muchos casos, se mantienen toda la vida.

No se habla demasiado de los adolescentes inmigrantes, ya que el foco suele ponerse en los bebés y niños. Sin embargo, en esta etapa tan crucial de nuestra existencia, cualquier trauma, alteración o estrés tiene sus efectos en el corto, mediano y largo plazo.

¿Cómo es la vida de los adolescentes inmigrantes?

En ocasiones, los jóvenes que migran se unen a otros con un mismo pasado que ellos, ya que comparten muchas experiencias y sentimientos. No obstante, en otros casos, los adolescentes han de compartir su día a día con compañeros que han nacido en ese país que hoy es su hogar.

Cuando sucede esto último, se produce lo que se conoce como ‘desculturización y crisis en la construcción de la identidad’. Este concepto significa que todo aquello que se ha aprendido durante la niñez queda desterrado; ahora que construye su personalidad de cara a la vida adulta, debe pensar y actuar como lo hacen las personas en el país de acogida.

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Todos los cambios tienen sus consecuencias; es muy importante que los padres o familiares estén cerca durante el proceso de migración en un adolescente. En esta etapa que nos define como personas, un trastorno tan profundo como dejar el hogar, los amigos y el país puede llevar a una inestabilidad difícil de controlar. Esto puede reflejarse en su conducta y en su rendimiento académico.

De por sí, son muchas las tensiones que un joven debe sortear en cuanto a cambios hormonales o de crecimiento. Si a eso le sumamos la situación traumática de tener que mudarse a otro sitio, podemos comprender por qué un adolescente que migra puede tornarse ‘imposible de educar’.

“En una etapa tan crucial de nuestra existencia, cualquier trauma, alteración o estrés tiene sus efectos en el corto, mediano y largo plazo”

Adolescentes inmigrantes: cómo ayudarles

Si en tu familia han tomado la decisión de emigrar, es muy importante que ayudes a tus hijos a sobrellevar estos cambios; son demasiados y muy bruscos. Los adolescentes sufren bastante la mudanza, separarse de sus amigos, ir a otra escuela o adaptarse a un nuevo barrio.

Los síntomas en los jóvenes pueden ser diversos, como por ejemplo no tener buenas calificaciones en el colegio, no llevarse bien con sus compañeros o tratar mal a sus padres.

Claro, podría decirse que eso le sucede a cualquier adolescente por la singularidad de esa etapa, pero lo cierto es que si además se le añade un cambio de residencia a la ecuación, es necesario que los padres tomen cartas en el asunto.

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¿Cómo ayudar a un adolescente extranjero?

Es fundamental acompañarles al atravesar los cambios de la mejor manera posible. La comunicación es la base, incluso cuando ellos no quieran hablar. Preguntarles cómo se sienten, qué extrañan de su antigua vida o qué les molesta en particular de su nuevo hogar.

Si no es posible regresar durante un tiempo, hoy en día la tecnología puede ayudar bastante a reducir las distancias y estar conectados con aquellos que hemos dejado en nuestro país o ciudad de origen. Haz uso de esta herramienta para paliar la melancolía.

Otra forma de darles una mano es buscar grupos de pertenencia en los que los jóvenes se sientan felices y acompañados. Puede ser, por ejemplo, mudarse a un barrio donde haya otras familias que también provengan del exterior, o incluso que hablen el mismo idioma.

Finalmente, en algunos casos, también se recomienda que el adolescente acuda a una terapia o a una ayuda profesional. Un psicólogo puede ser una ayuda más que importante para un joven que intenta forjar su destino y prepararse para el futuro en un lugar diferente.