5 actitudes que fomentan la irresponsabilidad en los hijos

4 julio, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El crecimiento de los hijos debe ir acompañado de un mayor fomento de la responsabilidad, de modo que podamos darles mayor libertad y confiar en ellos.

Educar niños y jóvenes responsables es una de las metas principales de todo padre y madre. Comprender el valor de cumplir con sus obligaciones les traerá grandes beneficios futuros. Sin embargo, en ocasiones, los adultos mantienen ciertas actitudes que, sin quererlo, fomentan la irresponsabilidad en los hijos.

Para que los menores sean responsables, hemos de proporcionarles las condiciones adecuadas. Es decir, han de existir unas normas claras y un espacio en el que puedan decidir, ejercer responsablemente. Muchas veces fallamos en algún punto de este proceso, por lo que se dificulta la adquisición de este importante valor. Así, presta atención a las siguientes actitudes y trata de corregirlas si te ves reflejada en alguna de ellas.

Actitudes paternas que fomentan la irresponsabilidad en los hijos

Mamá hablando con sus hijos sobre las actitudes que fomentan la irresponsabilidad.No les permitimos tomar decisiones

Para inculcar responsabilidad en nuestros hijos, es imprescindible que les proporcionemos suficiente espacio para tomar ciertas decisiones. Un joven no pueden ejercer la responsabilidad si no se le permite.

Por ejemplo, si cada día insistimos y perseguimos a nuestro hijo para que haga los deberes y nos mantenemos a su lado todo el tiempo, no le estamos dando espacio. Podrá ser responsable cuando le permitamos hacerse cargo de sus tareas y confiemos en que las hará completas y a tiempo sin estar encima de él.

No les explicamos las normas

Muchas veces, lo que consideramos irresponsabilidad surge por una falta de claridad en las normas. Es importante que las reglas estén claras para que ellos puedan seguirlas y nosotros podamos valorar su actuación.

Imaginemos que nuestro hijo adolescente está realizando una de sus primeras salidas con amigos y nosotros le pedimos que vuelva a casa pronto. Esta directriz tan poco concreta no es adecuada, ya que no es clara ni fácil de seguir, pues “pronto” es un término relativo y subjetivo. Si, en cambio, le decimos que vuelva antes de las 10, él sabrá qué hacer y nosotros podremos medir fácilmente si ha sido responsable.

No permitirles experimentar las consecuencias genera irresponsabilidad

Como padres, uno de nuestros mayores fallos es no permitir que nuestros hijos experimenten las consecuencias naturales de sus actos. En un intento de evitarles problemas y sufrimiento terminamos privándoles de la oportunidad de aprender valiosas lecciones.

Así, si el menor olvida meter un libro en la mochila del colegio, lo adecuado será que experimente las consecuencias de su olvido. Si papá o mamá vuelven corriendo a casa para coger el libro y llevárselo al colegio, estarán fomentando la irresponsabilidad.Responder las preguntas más comunes de los niños debe hacerse con paciencia y claridad.

No aplicamos consecuencias de forma consistente

En relación con lo anterior, a la hora de establecer una disciplina, debemos ser cuidadosos de aplicar las consecuencias de forma consistente y coherente. Es decir, estas deben estar relacionadas con el fallo cometida y deben aparecer siempre que se incumpla la norma.

La irresponsabilidad de los hijos, con frecuencia, está motivada por el hecho de que la consecuencia no siempre aparece. Así, si establecemos que no cumplir la hora de llegada trae como resultado un fin de semana sin salir, no podemos hacer excepciones frecuentemente o cambiar de opinión en el último momento.

No controlamos nuestro estado emocional

Por último, es importante que los padres sean capaces de mantener la disciplina sin caer en el descontrol emocional. Es decir, se establecen unas normas y unas consecuencias definidas y estas se aplican sin que cambie el modo en el que tratamos al menor.

Si no ha recogido el cuarto o no ha terminado los deberes, esto tendrá unos efectos que se deberán acatar, pero no es necesario ni positivo que los padres griten, acusen o se enfaden con el hijo. Es la consecuencia la que enseña, por lo que crear un clima emocional negativo es innecesario y perjudicial.

La irresponsabilidad, una tarea de ambos

En definitiva, si sientes que tu hijo tiene conductas irresponsables, trata de abordar el asunto de una manera conjunta. Antes de culparle, intenta mirar en qué puntos podrías mejorar tu labor educativa. Tal vez las normas no están lo suficientemente claras o quizá no le estás dando el espacio y la confianza para demostrarte que puede ser responsable.

Recuerda siempre ser paciente, mantener la calma y dejar que las consecuencias enseñen. Esta es la mejor forma en la que los jóvenes pueden experimentar la responsabilidad. Trabajando conjuntamente lograréis establecer conductas más maduras y autónomas.