Un buen profesor puede salvarte la vida

Kawaii · 18 febrero, 2018
Toda persona tuvo un buen profesor en su etapa escolar que influyó de forma positiva en su vida, tanto, que marcó un camino de felicidad y crecimiento personal de valor incalculable.

Un buen profesor es capaz de ayudar a un alumno más allá del ámbito académico. Y es que, al pasar muchas horas en el mismo entorno, las relaciones humanas pueden llegar a ser de una trascendencia mayor a la que se pueda pensar a simple vista.

Un docente puede ser, incluso sin proponérselo de forma consciente, el guía indicado que dé la palabra justa en el momento de mayor necesidad, de la forma adecuada.

¿Como lo consigue? pues al hablar desde la sabiduría, sin proyección de sí mismo, y gracias a esa buena intención que tiene para con sus alumnos.

”El maestro mediocre cuenta. Un maestro corriente explica. El maestro bueno demuestra. El maestro excelente inspira”–William A. Ward.

Dedicación, entereza, pasión por la profesión, disciplina, compromiso, responsabilidad e inteligencia emocional son algunas de las características mas destacadas de un buen profesor.

¿Cómo distinguir al buen profesor?

Un buen profesor es aquel cuyo recuerdo persiste en la memoria de forma positiva. El conocimiento que nos brindó, fuera académico o personal, tuvo un impacto aleccionador que, a pesar del tiempo, consigue inspirarnos. 

Un buen profesor puede salvarte la vida.

Seguramente este profesor se preocupaba por hacerse entender de una forma amigable y gentil con sus alumnos. Puede que incluso no haya dicho una palabra, pero se haya acercado en un momento difícil y haber estado allí para apoyar a su alumno y ayudarlo a buscar soluciones.

En este sentido, un buen profesor procurará no solo conversar con los padres o tutores acerca de la situación que le preocupa, sino que buscará cuidar de su alumno, dentro de la medida de sus posibilidades, y no lo dejará solo.

Características principales

Además de las características ya mencionadas anteriormente. Un buen profesor cuenta con las siguientes habilidades, aptitudes y comportamientos:

  1. Claridad en el diálogo. Se desenvuelve y explica de manera clara con lo cual permite que exista une buena relación entre el alumnado, los padres o tutores y él mismo.
  2. Proactividad. Se enfoca en encontrar las soluciones a los problemas de una u otra forma.
  3. No se rinden, tratan de superarse a sí mismos y trabajarse a sí mismos para poder dar lo mejor de sí, sin desgastarse.
  4. La duda es su mejor aliada, puesto que permite desarrollar una capacidad crítica. En este sentido, un buen profesor sabe que el cuestionamiento es necesario y útil para sus alumnos.
  5. Valora a sus alumnos no solo por sus calificaciones sino por su esfuerzo y calidad humana.
  6. Procura analizarse y revisar sus estrategias tantas veces sea necesario.
  7. Sabe que, al final del día, importa más la forma en la que se transmite el mensaje que el mensaje por sí solo.

En el aula de clase

Los buenos profesores deben enseñar a sus alumnos todos los problemas desde diferentes ángulos o puntos de vistas y sus posibles soluciones.

Nunca deben dejar las tareas a medias, pues lo recomendable es llegar a la solución final, aunque al principio pueda parecer complicada.

Lo importante es mantener a la clase motivada y atenta ante todas las posibles soluciones. ¿Y cómo se puede lograr esto? Por medio de preguntas, historias, dinámicas, entre otros.

Si ven que un alumno no se integra, no lo fuerzan, pero sí se preocupan por saber qué ocurre y qué pueden hacer al respecto. En otras palabras, tratan de que el alumno se sienta bien en el aula y que pueda sacarle provecho a las actividades, independientemente de si decide participar activamente o no.

Asimismo, un buen profesor sabe que debe mantener una actitud fresca, agradable así como un trato cordial y respetuoso con sus alumnos.

Si bien el profesor es un ser humano y tiene problemas, como todos, sabrá encontrar la manera de hacer que el aula sea un ambiente saludable.

Un buen profesor puede salvarte la vida.

Un buen profesor debe ser capaz de impartir a través de su propia autenticidad y, por supuesto, mediante el uso de una buena pedagogía (o andragogia, según sea el caso) para poder dar una educación de calidad.

Un buen profesor puede aparecer en cualquier momento. No solo en el preescolar o en la primaria. Quizás aparezca en la adolescencia o en la adultez.

Incluso puede que no nos den clases directamente a nosotros, puede que sean los maestros de nuestros hermanos menores o de nuestros hijos.