Los tres componentes del enfado infantil

17 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El enfado es un sentimiento al que los niños tienen derecho. Aunque, como adultos, nuestra tarea será comprenderlos y guiarlos hacia una expresión sana de sus emociones.

El enfado infantil es algo con lo que padres y maestros tienen que lidiar a menudo. Esta emoción en los niños se manifiesta de forma más brusca, intensa y descontrolada que en los mayores, puesto que ellos aún no han aprendido a regularse. Por lo mismo, los adultos pueden irritarse o molestarse enormemente con el comportamiento del niño, dando lugar a conflictos y dinámicas negativas.

Así, comprender en qué consiste realmente el enfado infantil nos ayudará a lidiar con él de una manera más saludable y a enseñar a los niños a gestionarlo.

Uno de los errores más frecuentes se comete, precisamente, al perder la paciencia ante las muestras de ira de los niños. En ocasiones, se asume que se trata únicamente de un mal comportamiento y que por ello debe ser sancionado. Sin embargo, hemos de comprender que se trata de la expresión de una emoción y que no podemos castigar a un niño por sentir enfado.

“Soy responsable de lo que hago, no de lo que siento”. Esta frase debe ser nuestra máxima como educadores y hemos de recordarla antes de reaccionar. El infante tiene derecho a enojarse, eso es indiscutible.

Niño experimentando enfado infantil.

Somos nosotros quienes nos sentimos incómodos o irritados al lidiar con ello, pues nos molesta el modo en que lo expresa. No obstante, la solución pasa por ayudarle progresivamente a canalizar esa ira de forma adecuada y constructiva.

Los tres componentes del enfado infantil

Así, para tolerar y manejar mejor estas situaciones, es necesario comprender en qué consiste el enfado infantil. Podemos decir que existen tres componentes básicos:

El estado emotivo del enfado

Este componente hace referencia a la sensación que experimenta el niño cuando no puede lograr sus objetivos o satisfacer sus deseos o necesidades. Es la emoción que surge en él cuando es agredido física o verbalmente, cuando es rechazado o ignorado o cuando se le obliga a hacer algo que no desea hacer.

Entonces, el enfado invadirá al pequeño, por ejemplo, cuando su hermano le empuje, cuando otros niños no le permitan jugar o cuando su madre le insista para abandonar el parque y volver a casa.

Expresión del enfado

La expresión del enfado se refiere al modo en que esa emoción que se está experimentando internamente se manifiesta en el exterior. Las formas en las que los niños expresan su enfado son muy diversas y pueden resultar más o menos agresivas.

En algunos casos son los gestos faciales o el llanto lo que delata la ira del pequeño, pero este no se enfrenta activamente al causante de su enojo.

Otros niños defienden activamente sus deseos y opiniones llegando incluso a atacar física o verbalmente al otro; mientras ciertos chicos optan por evitar al que perciben como agresor y buscar consuelo en otro adulto. Entonces, tanto los lloros como las conductas violentas y la evasión son modos de expresar el enfado que están sintiendo.

Comprensión del enfado

Este último componente alude al grado en que un niño es capaz de detectar lo que está sintiendo, identificarlo y comprenderlo. Debido al inmaduro desarrollo cognitivo de los infantes, esta no es una tarea sencilla para ellos. En muchos casos aún no dominan bien el lenguaje, algo que les dificulta en gran medida la comprensión, pues necesitamos las palabras para pensar acerca de lo que estamos sintiendo.

Niño enfadado con las manos en la cara.

Además, aún no poseen la capacidad de autorregularse. Por lo mismo, pueden verse invadidos por un sentimiento desagradable sin saber muy bien de qué se trata, dónde se origina ni qué hacer con él.

¿Cómo afrontar el enfado infantil?

Ante todo, es necesario tener paciencia y recordar el contexto en el que estamos. Un niño no tiene la madurez ni los recursos para manejar sus emociones como un adulto, por lo que hemos de ayudarle.

Por ello, en primer lugar, no podemos enfadarnos ni castigar al niño por expresar enfado; es su derecho y es sano. Deberemos, entonces, trabajar nuestro propio autocontrol y regulación interna para ser modelos para el niño.

Además, es importante que desde pequeño le ayudemos a entender lo que siente y a ponerle nombre, le comprendamos y le enseñemos estrategias para relajarse. Las técnicas de relajación o los anclajes son solo algunas alternativas. Los niños aprenden a manejar el enfado en función de cómo lo hagan los adultos de su entorno, entonces, empecemos por nosotros.