Desde que soy profesor no he vuelto a trabajar

Mervis Romero 26 enero, 2018
Un buen profesor no solo es el referente en el aula de clases, sino a lo largo de toda la vida. Su enseñanza se basa en explicar, demostrar y, sobre todo, inspirar a sus alumnos.

Todo el mundo concuerda con la idea de que la mejor manera de formar una sociedad más avanzada es a través de la educación. Y si bien es algo que compete a todas las personas y no solo a las instituciones, una gran parte recae sobre los profesionales de la educación.

Aquellos personajes que diariamente entran a la clase y comunican con su presencia “soy profesor” han llegado a ser queridos y odiados por generaciones.

El arte de saber enseñar

Muchas personas afirman que la calidad de un centro de estudios y el desempeño de los estudiantes depende en gran medida de la calidad de los profesores. Y no es un invento que cada alumno simpatiza, mejor o peor, con determinado profesor.

Decir “soy profesor” no es lo mismo que afirmar “soy un buen profesor“. Esto último te obliga a tener un recorrido o un bagaje cultural y emocional que te permita ir más allá de la enseñanza formal.

Esa visión te posibilitará transformar la educación en algo didáctico, crear espacios agradables para el aprendizaje en el aula y ofrecer otra perspectiva sobre cómo aplicar esos conocimientos fuera de este espacio.

“La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”
–Paulo Freire–

Si cumples con esto, podrás decir con mucho orgullo “soy profesor”, porque habrás logrado evolucionar, innovar y hacer de la enseñanza un arte.

Y es que no cualquiera puede ser un buen educador. Es más que poner en práctica las técnicas de enseñanzas aprendidas: el interés, la pasión y la paciencia de transmitir conocimientos es lo más valorado por los buenos alumnos.

La vocación

Ser un buen profesor requiere una gran dosis de vocación. Entiéndase por esto la facilidad, disposición y gusto por lo que se hace.

En tu profesión te encontrarás con diversas situaciones o desafíos que te empujarán a innovar. Por ejemplo, nuevas técnicas de estudio para enseñar o para motivar y despertar el interés. Para lograrlo en plenitud se requiere gran esfuerzo.

'Soy profesor' es una frase que muchas personas enarbolan con orgullo.

El esfuerzo

Decir “soy profesor” exige un esfuerzo constante. A veces se debe luchar con creencias y prejuicios del medio que te rodea y que pueden desanimarte. También deberás lidiar con la falta de tiempo y la escasez de recursos.

Aun así, estamos seguros de que te esfuerzas por sacar lo mejor de tu profesión para el beneficio de otros y para tu crecimiento personal, porque al margen de estas situaciones trabajas en lo que realmente te gusta.

Características de un buen profesor

Esta es una cuestión sobre la que se puede tener distintas opiniones. Por ese motivo, podrás sumar y restar a esta lista algunas otras cualidades que consideres pertinentes:

  • Despertar el deseo de superación.
  • Incitar a aprender.
  • Conseguir que los alumnos vean el valor práctico de lo que aprenden.
  • Ser creativo.
  • Enseñar a investigar y a ver más allá de lo elemental.
  • Demostrar tu vocación y el gusto por lo que haces.
  • Permitirse ser también alumno. Aún tienes cosas que aprender.
  • Desarrollar y mantener una buena actitud.
  • Ser competente en tu enseñanza. Aprender a dominar tu materia.
  • Trazarte objetivos y planificar de acuerdo a ellos.
  • Conocer las diferentes etapas que transitan tus alumnos.

Aprende a controlar el ambiente

Esto no es otra cosa que tener la capacidad de gestionar bien tu grupo de alumnos en el aula. Tus habilidades para organizar y supervisar dirán mucho de ti como profesional, por lo que es importante tenerlas siempre en consideración.

“Enseñar exige saber escuchar”
–Paulo Freire–

Desarrolla la empatía

Muestra empatía y ponte en el lugar de cada alumno. Reconoce que cada uno es un individuo pensante y con diferentes puntos de vista, personalidad y cultura. Por ende, es fundamental que seas abierto y reflexivo.

Los profesores no solo enseñan, sino que también aprenden de sus alumnos.

Mantente actualizado

Aprovecha al máximo las herramientas tecnológicas a tu alcance. Quizá después de leerlas y autoevaluarte pienses que no cubres el perfil como esperabas, pero recuerda que aún eres un alumno en la vida. Así que di sin temor “soy profesor y continúo en proceso de aprendizaje”.

Soy profesor, y esta es mi motivación

Tu frase de cabecera de ahora en adelante no debe ser “soy profesor”, sino “soy un buen profesor”. Un buen profesional de la educación es aquel que marca la vida y desarrollo de sus alumnos, quienes se acordarán de ti en sus diferentes etapas de la vida y recordarán tus palabras al atravesar diferentes experiencias.

Tendrás tanta motivación que al final no lo verás como un trabajo. No pensarás que se trata solo de trasmitir conocimiento, sino que durante una etapa serás parte de la vida de las personas y contribuirás a su formación no como estudiantes y como individuos, ciudadanos o padres.

Y, ¿por qué no?, quizá más adelante tengas la dicha de encontrarte con alguno de ellos y que te digan: “Gracias a usted, hoy soy profesor”.

Te puede gustar