Siete enseñanzas importantes de la cuarentena

4 mayo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la pedagoga María Matilde
Compartimos en este artículo algunas reflexiones y enseñanzas que la pandemia provocada por el coronavirus nos está dejando.

El confinamiento y la cuarentena, como medidas para combatir el coronavirus, nos permiten pensar sobre las enseñanzas importantes que nos deja esta realidad que atravesamos. Estamos aprendiendo más sobre nosotros como familia y como sociedad, y aprendiendo sobre la necesidad y la importancia de la solidaridad y la empatía entre las personas, como forma de resolver los problemas de cada uno y de todo el mundo.

Enseñanzas que nos deja el COVID-19

Son muchas las enseñanzas importantes que nos deja la pandemia a la que estamos expuestos, y cada persona estará aprendiendo o desaprendiendo, más o menos, en función de su carácter y en función de su contexto o situación particular. Y cada uno en la intimidad resuelve de manera particular el caos social que se vive, y tiene opiniones propias respecto a la gestión de esta crisis.

Sin embargo, nos atreveríamos a decir que hay algunas enseñanzas importantes que nos deja la cuarentena que podríamos contabilizar o, al menos, intentar resumir. Enseñanzas que trascienden las perspectivas individuales y que tienen más relación con nosotros como seres humanos y como sociedad.

Las primeras cuatro enseñanzas importantes que nos deja la cuarentena

  • Sobre la responsabilidad individual y la solidaridad. Esta crisis provocada por el virus nos ha enseñado, y corroborado, que, en situaciones complejas, el futuro y la estabilidad de cada uno depende de la solidaridad y del compromiso individual propio y del otro. En otras palabras: en un mundo interconectado, la supervivencia de todos depende de todos.La solidaridad es una de las enseñanzas importantes que nos deja la cuarentena.
  • No existen garantías de ningún tipo, y que los contactos o el dinero con el que contemos las personas no las pueden conseguir. Con lo cual, debemos comprender que somos frágiles y vulnerables, que no somos eternos ni invencibles, y que de este mundo no nos llevaremos nada más que el cariño y el amor que damos y que recibimos.
  • Las prioridades deben cambiar. Hemos dejado de listar en nuestra agenda personal cosas como: teñirme el cabello, comprar el octavo par de zapatillas, o editar y subir la 10.001 imagen a Instagram. Y hemos pasado a apuntar ahora, en los tres primeros puestos de la lista: ayudar a la vecina, que es mayor, con la compra; hablar más con mi familia y decirle que la quiero; leer, aprender y escuchar más antes de opinar.
  • Que la naturaleza no para de dar señales y nos pide a gritos a los humanos que la dejemos ser. No es en vano que gracias al confinamiento hemos podido observar nuevamente las estrellas en el cielo en ciudades en las que estaban ocultas por la contaminación. Y que podemos escuchar el canto de los pájaros por las mañanas o disfrutar de delfines en aguas que ya no visitaban.

Otras 3 enseñanzas importantes de la cuarentena

  • Las instituciones públicas son imprescindibles. Un estado fuerte y organizado es capaz de proteger a todo el conjunto de la sociedad a través de sistemas como la educación, la sanidad y la defensa. Y puede dar cobertura, así, a todos los sectores sociales atendiendo a sus demandas y necesidades particulares.
  • La religión de todos se llama ciencia. El coronavirus nos ha enseñado que la fe y la esperanza son fundamentales, y que cada persona puede creer en lo que quiera, hacer sus cábalas, rezar y rendir culto a sus dioses. Pero que las soluciones, la cura del virus y de nuestros males (físicos, psicológicos y sociales), es más probable que nos las proporcionen los avances en las distintas disciplinas científicas (la física, biología, química, psicología, sociología, política, etc.).Niña con un dibujo de un arcoíris en la ventana de casa como muestra de que los niños son un ejemplo de adaptación.
  • La doble moral de las fronteras. No vale ya el discurso de las fronteras, las nacionalidades o las identidades rígidas y excluyentes. El virus nos ha demostrado que vivimos en un mundo interdependiente y que todos consumimos y necesitamos cosas cuyo origen y producción se hace fuera de nuestras fronteras (físicas y mentales). Con lo cual, deberíamos dejar de hacernos los tontos y preocuparnos más por las condiciones y los costes, económicos y humanos, de esa producción.

Por último…

Ojalá, cuando todo esto pase, hayamos cambiado algo y seamos capaces de aplicar todas estas enseñanzas. Ojalá, todo esto sirva para tomar conciencia de la necesidad de pensar más en el otro y en las generaciones futuras. De respetar más la naturaleza y de cuidar más lo importante e intangible que lo material.

En verdad, cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, es responsable de la realidad que construimos con cada decisión y con cada acción cotidiana. Con lo cual, ojalá hayamos aprendido a dejar de buscar culpables a todo lo que nos pasa.