¿Cómo responder a los por qué de los niños?

Los por qué de los niños pueden llegar a cansar, pero es muy importante que los padres muestren su predisposición y mejor talante para dar las respuestas adecuadas.

La etapa de los por qué de los niños siempre llega. Se trata de ese momento en el que los pequeños de la casa sienten curiosidad y preguntan de todo. Algunos interrogantes como “¿Por qué no podemos comprar esto?”, o “¿Qué significa aquello, mamá?”, serán una constante.

En la práctica, el asunto puede hacerse cansado hasta para los padres más pacientes. Los niños más perseverantes pueden hacer listados enteros de preguntas sobre nuestras respuestas. Por cada interrogante respondido, vendrán muchas nuevas dudas.

Sin embargo y aunque nos sature un poco, lo recomendable es que sepamos responder a todos esos interrogatorios. La trayectoria de esta etapa es muy importante y constituye un hito en el desarrollo educativo de nuestros hijos.

¿Cuándo y por qué ocurre esta etapa?

Al parecer, todo comienza a partir de los tres años; para este momento, el pequeño ha interiorizado un lenguaje más completo. Esto, a su vez, fomenta el proceso reflexivo del niño, que busca expandir sus conocimientos mediante el recurso de la pregunta.

El conocimiento de palabras y la construcción de conceptos lo llevan automáticamente a establecer relaciones. En sus primeros meses, él exploraba mediante la boca y sus manos, pero ahora puede entender cómo funcionan las cosas.

Podríamos decir que los por qué de los niños evidencian la existencia de una mente activa, curiosa y creativa. Ellos simplemente quieren aprender y saben que nosotros tenemos la experiencia para enseñarles. Con esa conclusión, nos convierten en sus guías.

La comunicación es vital para responder correctamente a los por qué de los niños.

Los padres, fundamentales en la etapa de los por qué de los niños

Por estos motivos es por lo que, por más preguntas que se nos realicen, siempre debemos responder. Negar una respuesta a nuestros hijos es similar a tener un profesor que no quiere enseñar. Aunque parezca que ellos lo hacen para molestar, el resultado siempre es un aprendizaje nuevo.

Más positivo para el pequeño es ver estos interrogantes como una oportunidad para compartir nuestras ideas. De hecho, con cada respuesta estaremos transmitiendo conceptos y valores, mientras incentivamos la reflexión crítica en los jóvenes.

Responder a todo debería ser considerado un deber paterno. En realidad, cuando atendemos a las curiosidades de nuestros hijos, los preparamos para la vida. Aquello que digamos formará parte de su criterio, el cual se va forjando desde los tres a los ocho años de edad.

“La etapa de los por qué fomenta el proceso reflexivo del niño, que busca expandir sus conocimientos mediante el recurso de la pregunta”

¿Qué logramos al responder?

  • Enseñanza de conceptos: los interrogantes de los más pequeños del hogar son perfectos para enseñarles nuevos conceptos. Esto ampliará su conocimiento de abstracciones, procesos y significados.
  • Transmisión de valores: no solo podremos transmitir conocimiento, sino también aleccionar en función de lo que es correcto. Una parte importante de la crianza es darle un sentido e interpretación idónea a todo lo que observa el menor.
  • Poner su atención en nuevos intereses: muchas dudas pueden llevar a una nueva afición. Si algo le parece interesante a nuestro hijo, él preguntará y posteriormente podríamos incrementar su curiosidad.
  • Ampliamos su lenguaje: con cada explicación, se hará necesaria la utilización de nuevas palabras. Al escucharlas, ellos preguntarán lo que significan y luego las adoptarán.
  • Estrechamos la relación: mostrarnos disponibles a nuestros hijos siempre genera una comunicación efectiva. Esto hará que vuelvan a recurrir a nosotros, por lo que se fomenta una relación entre padres e hijos muy estrecha.
Los por qué de los niños deben ser atendidos con paciencia por los padres.

¿Cómo responder a la ráfaga de preguntas de nuestros hijos?

  • Responde con naturalidad: lo importante es explicar la parte esencial del asunto. Para ello, no debemos ser demasiado complejos, ni tampoco recurrir a tópicos.
  • Háblale como si fuera un adulto: los niños son mucho más inteligentes de lo que la gente adulta piensa. Por ello, debemos ser claros y no incurrir en absurdos lenguajes que imitan lo infantil.
  • Todos los temas se pueden tratar: los chicos de ahora se enfrentan a interrogantes más complejos que los de antes. Lo más efectivo es que nosotros expliquemos las cosas como son. Solo hay que encontrar un enfoque adecuado.
  • Evita ridiculizarlo o molestarte: muchos padres se molestan porque sus hijos ya no quieren hablar con ellos durante la pubertad. Pero, muchas veces, esa reserva se origina durante los primeros años; por eso siempre hay que responder con la mejor disposición.

Como vemos, es un error molestarnos o fastidiarnos ante los por qué de los niños. Al contrario, debemos utilizar cada pregunta para contribuir al desarrollo psicológico, emocional, social y educativo de nuestros pequeños.

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