Quiero ser madre, ¿estaré preparada?

Hace cien años, la maternidad era una situación impuesta. Se consideraba que por el mero hecho de ser mujer, una ya nacía por y para tener hijos. Hoy en día, afortunadamente, podemos elegir lo que realmente queremos. Y yo, con todos sus pros y sus contras, quiero ser madre.

Recuerdo que cuando era pequeña me encantaba jugar con muñecos. Adoraba cuidarlos, alimentarlos y sacarlos de paseo. Me sentía responsable y madura, y no dudaba en reñirlos cuando hacían alguna trastada. Era muy pequeña, pero ya sabía que había nacido para ello.

“Mamá, quiero ser madre” le dije a ella. Me sonrió y me dijo que era aún muy joven para saber lo que quería. Todavía tenía que crecer, estudiar y descubrirme a mí misma. Entonces, podría tomar la decisión más acertada.

Quiero ser madre pero…¿cómo sé si estoy preparada?

Han pasado muchos años desde aquello. He vivido innumerables experiencias, he conocido a mucha gente y he descubierto aquello que deseo en la vida. Mis sueños son algo distintos. Es cierto que entre mis prioridades ahora está encontrar un buen trabajo y realizarme profesionalmente, pero sigo manteniendo mi postura.

Quiero ser madre, después de todo este tiempo. Sigo deseando tener a mi bebé en mis brazos; oír como me llama “mamá”, observar sus primeros pasos y consolarlo cuando haga falta.

Quiero ser madre y me gustaría aprender antes de serlo

Pero con los años no solo han incrementado mis ganas, sino también los miedos. Temores que cuando era niña ni se me pasaban por la cabeza. “¿Y si no soy buena madre? ¿Y si no me quiere? ¿Podría salir algo mal?”. Son muchas las cuestiones que se me plantean al respecto. Preguntas que nadie, ni yo misma, puedo responder aún.

No sé si estoy preparada, o si algún día lo estaré. Pregunto a mis amigas y a mis familiares y todas me dicen lo mismo: “nunca se sabe cuando se está preparada”. Simplemente, cada una intenta sacar lo mejor de sí misma y hacerlo lo mejor que puede.

La maternidad me hace sentir una gran ilusión

A pesar de todos los miedos mencionados con anterioridad, la emoción de ser madre es mucho más poderosa. Sentir al bebé moviéndose en mi interior es uno de los sueños más maravillosos del mundo. No me importan las molestias ni el dolor del parto: ver la cara de mi hijo recién nacido merecerá todo ese sufrimiento.

Sé que me esperan largas noches en vela, porque el niño llorará o no querrá dormir. Habrá etapas en las que me sienta muy cansada y agobiada, e incluso el estrés pueda conmigo. Soy humana y consciente de que ser madre no es tarea fácil.

Muchas mujeres creen que traer hijos al mundo es algo sencillo, una experiencia en la que la felicidad está presente las 24 horas del día. Lamentablemente, cuando te conviertes en madre descubres que no todo es de color de rosa.

El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre

–Napoleon Bonaparte–

Algunas de ellas caen en la depresión post-parto; otras, en un estado de bovarismo que acaban pagando con sus propios hijos. Esto se debe a que desde siempre se nos ha mitificado la función de la maternidad, sin contarnos que, aunque las luces son mucho más brillantes que las sombras, estas últimas siguen existiendo.

Ser consciente de que como madres tendremos días malos es algo que es necesario aprender. No nos hace malas personas ni madres nefastas, al contrario. Saber cuáles son nuestras limitaciones, equivocarnos y caernos mil veces será mucho más didáctico que cualquier consejo bienintencionado.

Querré a mi hijo sin reservas

Para ser madre no hace falta tener una gran preparación, tu hijo te enseñará todo lo que necesitas saber

Querré a mi hijo sobre todas las cosas. Pienso apoyarlo en todo y hacerle sentir seguro a mi lado. Le enseñaré a respetar a los demás y a creer en sí mismo. Es cierto que no podré evitar que le ocurran ciertas cosas en la vida, pero como todos los demás aprenderá a levantarse.

Jamás le humillaré ni le haré sentir inferior. Lo reñiré y castigaré cuando haga las cosas mal, pero le explicaré el porqué. No seré de esas madres que no escuchan a sus hijos porque tienen mejores cosas que hacer. Siempre estaré dispuesta a escucharlo y aconsejarle.

Sé que no puedo ser una madre perfecta, pero también que puedo ser una buena madre. No trataré de fingir ser lo que no soy e intentaré no hacer una tragedia de los errores que cometa. Todo tiene arreglo en esta vida, y con una educación basada en el amor, el respeto y el esfuerzo, nada podrá salir mal.

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