¿Qué hacer si mi hijo pega en el colegio?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga María Alejandra Castro el 11 febrero, 2019
Lorena González · 11 febrero, 2019
Si tu hijo pega en el colegio y no sabes cómo erradicar esta conducta ni por qué se puede estar produciendo toma nota de estos consejos y recomendaciones

Esta es una situación que asusta mucho tanto a los padres como a los profesores, ya que se podría estar creando una persona violenta. Para los padres se produce un choque emocional y una situación difícil. Estas actuaciones en los niños ponen en riesgo la integridad física y mental del resto de compañeros. Y, por supuesto, está en juego la futura personalidad del niño y las amistades con las que se pueda juntar.

Puedes sentir que no estás haciendo las cosas bien con ellos. También genera una sensación de inquietud, porque cuando esto ocurre no estás cerca para solventar la situación. Este tipo de cosas suelen ocurrir cuando el niño es muy impulsivo o las cosas en casa no están marchando del todo bien. No obstante, puede surgir porque esté imitando a alguien o quiera llamar la atención. 

Si durante su crecimiento el niño observa que entre sus padres o en su entorno hay un trato agresivo constante basado en gritos e insultos, ese niño o niña tomará ese patrón de conducta para sí mismo. Por otro lado, si ve que algún familiar muy cercano trata mal a otras personas y es violento, puede que adopte esa forma de ser.

El cambio de colegio a los niños puede generarles estrés por sentirse solos y aislados.

¿Qué puede ocurrir si mi hijo pega en el colegio?

Lo primero es que puede ser agredido por otros niños, ya que se acabaría el grado de tolerancia que pueden tener sus compañeros con él o ella y podrían tomar la solución por sus manos. Por otro lado, la directiva del colegio podría tomar medidas drásticas con este asunto, llegando al grado de la expulsión de la institución.

Sus compañeros podrían rechazarlo y se acabaría quedando solo o juntando con quien no le conviene. Además, el impacto social también tiene preponderancia en estos casos, ya que el entorno en donde se desenvuelve el niño o adolescente con esta conducta podría comenzar a rechazarlo. El más triste de los casos y el más temido por los padres si la conducta se tuerce del todo es que lo trasladaran a un reformatorio.

1. Comunícate con tu hijo

Conversa con tus hijos de una manera sincera sobre lo que le ocurre, que te explique cómo puedes ayudarle.Siempre es importante tener una comunicación abierta con los hijos para conocer sus inquietudes, sus problemas, sus metas y sueños. Cuando el caso es prematuro y el niño es más pequeño, un psicólogo infantil puede moldear la forma de ser del pequeño.

2. Acudir a un profesional

Si ya está muy marcado el patrón de conducta, el especialista podrá tratar de manera más profunda este caso. A veces, los hijos se sienten mas cómodos hablando de sus cosas con un extraño que con nosotros mismos. Y así podríamos llegar a una solución más rápida para este problema de la mano de alguien que conoce este ámbito.

3. Enseñar que ese no es el camino

No debes incitar al niño cuando es agredido a que responda de la misma manera. Recuerda que “la violencia llama a la violencia”. Por eso, debes fomentar su capacidad del diálogo y la habilidad de saber manejar situaciones de cierto estrés o que se salgan de su zona de confort.

4. Sé un ejemplo

Muestra tolerancia en cualquier lugar a donde vayas con tus hijos. Muchas veces te vas a encontrar con situaciones desagradables como, por ejemplo, en el tráfico o en la cola del supermercado. Si actúas de forma violenta verbalmente delante de tus hijos él comprenderá que esa es una forma de defensa y la utilizará en el futuro para solventar sus problemas.

5. Fomenta una vida familiar sana basada en el respeto

Por último, fomenta una vida familiar sana. Da a tus hijos los gustos que merecen sin sobrecargarlos e intenta no enfocarte en el materialismo. Alimenta el amor en familia y controla lo que hacen tus pequeños sin invadir su espacio.

Hay que estar muy al pendiente de lo que vean en la televisión y de los videojuegos que utilizan. Además, hay que motivar que practiquen algún deporte o alguna actividad complementaria que les ayude a liberar energía y el estrés. Por último, si lo consideras necesario busca ayuda profesional, por ejemplo, acude al psicólogo.