¿Proteges o sobreproteges a tus hijos?

Corina González · 14 julio, 2018
La sobreprotección puede llegar a crear desde un gran temor por el mundo hasta una actitud de dependencia en los hijos sumamente perjudicial a corto y largo plazo.

¿Consideras que sobreproteges a tus hijos? Seguramente responderás que no. Eso se debe a que la mayoría de los progenitores que incurren en este error, ignoran que lo hacen. Sin embargo, tiene solución. El primer paso es admitir que nos hemos pasado al intentar cuidar a nuestros hijos.

El reconocimiento de la sobreprotección no se trata de condenar a los padres ni muchos menos, intentar castigarlos por no haberlo hecho mejor. Hay que estar claros de que nadie nace con un manual acerca de cómo hacerlo todo a la perfección, sobre todo en lo que respecta a la crianza y cuidado de los hijos.

Sin embargo, cuando el cuidado se convierte en una idea agobiante y en un constante prevenir, prevenir, prevenir las cosas no están tan bien encaminadas como podría creerse. Entonces, es normal preguntarse: ¿Dónde se quiebra el límite entre proteger y sobreproteger?

Si sobreproteges ¿eres mal padre?

No, no lo eres. Y, afortunadamente, siempre hay oportunidades para mejorar. Tan solo hay que buscar la forma de adquirir las herramientas necesarias para aplicar un modelo de actuación sano que nos permita subsanar los fallos.

Aunque como padres estamos en la obligación de velar y cuidar por nuestros niños, esto no significa que debamos llevar la protección al punto de impedirles hacer vida. Muchas veces olvidamos que no todo en la vida va a ser fácil y placentero y que los errores son necesarios para aprender y superarse.

¿Proteges o sobreproteges a tus hijos?

El mundo está lleno de peligros y si bien hay que prestar atención, no hay que aislar a nuestros hijos en una burbuja.

No se puede evitar el sufrimiento. Lo que sí se puede hacer es brindar herramientas para ayudar a nuestros hijos tanto a evitar los problemas por sí mismos, como enfrentarlos y resolverlos cuando haga falta. Esto, en otras palabras, se trata de crear una actitud positiva.

Los padres deben construir un hogar en el que sus hijos crezcan sanos y salvos. Un entorno donde puedan hablar acerca de qué es el peligro y cómo actuar frente a él.

Si nos encontramos en cada cosa una amenaza y nos esforzamos por eliminar los riesgos a toda costa, no solo terminaremos exhaustos sino que provocaremos que nuestros hijos crezcan con una gran inseguridad.

Los temores promoverán la falta de confianza en sí mismos y en los demás. Incluso, pueden no ver las oportunidades en los retos y tomar malas decisiones, solo para permanecer en una zona de confort y aparente seguridad.

El beneficio de la equivocación

Si nos encontramos en cada cosa una amenaza y nos esforzamos por eliminar los riesgos a toda costa, no solo terminaremos exhaustos sino que provocaremos que nuestros hijos crezcan con una gran inseguridad.

Los temores promoverán la falta de confianza en sí mismos y en los demás. Incluso, pueden no ver las oportunidades en los retos y tomar malas decisiones, solo para permanecer en una zona de confort. Es necesario respetar su derecho a equivocarse. Recordemos que el aprendizaje a través de la experiencia es uno de los más enriquecedores para el ser humano.

Debemos proteger la vida de sus hijos, brindarles apoyo en los momentos claves, corregirlos en sus errores y celebrarles sus éxitos. Hay que dejar que los niños hagan vida y aprendan a desenvolverse y pensar por sí mismos.

La idea es fortalecer su confianza y elevar su autoestima. Estar con ellos sin interferir en sus decisiones. Dejarlos vivir y, sobre todo, pensar por sí mismos. De eso se trata la protección, de velar por el bienestar de sus hijos, sin que exista un agobio extremo.

Distinguir bien los conceptos

Evalúa las diferencias entre estos dos términos, y así sabrás si sobreproteges a tus hijos o no.

Proteger

  • Acompañas a tus hijos en momentos difíciles.
  • Le ayudas a tener autonomía.
  • Educas a tu pequeño para vivir y para convivir.

Sobreproteger

  • Exilias a tu pequeño. Lo alejas de cualquier situación que presuma algún peligro.
  • Anulas la personalidad del niño. Respondes por él, sacas sus conclusiones y lo predispones ante algunas situaciones.
  • Te dejas llevar por el miedo y cohíbes al niño de vivir su vida a plenitud.

El amor incondicional no tiene que ver en nada con la sobreprotección.

¿Proteges o sobreproteges a tus hijos?

Consejos para evitar la sobreprotección

  • Evitar las conversaciones desmotivadoras con mensajes demasiados protectores. El decirle, tu no podrás, lo haré yo, es un ejemplo de ello.
  • Hay que dejarlos experimentar, que materialicen sus ideas y tomen sus propias decisiones. Si ello los lleva al fracaso, debemos inculcarle la importancia de aprender de nuestros errores.
  • Se pueden razonar los motivos de algunas órdenes o deberes a cumplir en casa. Sin embargo, habrán otras que se deberán realizar sin ninguna explicación.
  • Afirmar la responsabilidad de sus acciones. Enseñarles a visualizar sus errores y pedir disculpas cuando sea necesario.
  • Es un error anticiparse a sus demandas. Nuestros hijos son capaces de resolver cualquier adversidad. Si necesitan ayuda, la pedirán.

Los hijos tienen que recorrer sus caminos, hacer sus vidas. Los padres, aunque sea doloroso, deben permitírselo y evitar vivir a través de ellos. Por ello, si sobreproteges a tus hijos es hora de comenzar a corregirlo.