El programa A.M.A.R. para lograr un apego seguro

Criar a un bebé es complicado y, probablemente, muchas veces no sepas cómo actuar. El programa A.M.A.R. muestra unos pasos sencillos y claros que pueden ayudarte a vincularte con tu bebé.
El programa A.M.A.R. para lograr un apego seguro
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 07 abril, 2021.

Última actualización: 07 abril, 2021

Criar y cuidar a otro ser humano es una enorme responsabilidad para la que ninguna persona está completamente preparada. Todos los padres y madres hacen lo mejor que pueden: se informan de cómo deben bañar a su bebé, qué posiciones son las más recomendadas para dormirle o qué cantidad de alimentos debe tomar en cada etapa de su crecimiento.

Sin embargo, no podemos olvidar que la crianza es, ante todo, una cuestión de conexión humana y que, más allá de todas estas cuestiones prácticas, lo que un niño necesita esencialmente es desarrollar un vínculo seguro con sus progenitores. El programa A.M.A.R. es una maravillosa herramienta que puede guiarte en ese proceso.

Este apego seguro del que hablamos se basa en la interacción entre la madre y el bebé durante sus primeros años de vida. El pequeño envía señales (llora, ríe, bosteza, busca con la mirada…) y la persona adulta detecta y comprende estas señales y responde a ellas de una forma adecuada. De este modo, ayuda al bebé a regularse, ya que él aún no puede hacerlo por sí solo.

Sin embargo, esto no es siempre tan sencillo. Muchas madres encuentran dificultades para reconocer esas señales, para entender cuáles son las necesidades infantiles en cada momento y para lograr satisfacerlas. En ocasiones, ante un bebé que llora incansable e inconsolablemente, es difícil no perder los nervios. Así, los pasos que propone el programa A.M.A.R. ofrecen una guía sencilla y completa para construir ese vínculo de apego desde los primeros momentos.

Padre felices con el apego con su bebé gracias al programa A.M.A.R.

El programa A.M.A.R. ayuda a construir un apego seguro

Esta propuesta fue desarrollada por el psicólogo Felipe Lecannelier y su equipo para entrenar y ayudar a todos aquellos adultos que tratan con infantes durante sus primeros años de vida. A través de cuatro pasos, que han de seguirse de forma secuencial, se facilita la tarea de lograr regular al bebé.

1. Atención

Este es un primer paso básico y que no te resultará desconocido: los bebés necesitan atención, pero requieren de una atención plena. Es decir, no basta con estar presente en la misma habitación.

Es necesario orientarse realmente hacia el niño, dirigir la mirada hacia sus gestos, movimientos y conductas. Solo de esta manera podremos percibir realmente qué le está ocurriendo, cómo se encuentra y si necesita algo antes de que los llantos desconsolados tengan que alertarnos.

2. Mentalización

Una vez detectadas las señales, el siguiente paso consiste en interpretarlas y comprenderlas. Se trata de empatizar con el niño, de intentar inferir qué está sintiendo, pensando o necesitando; qué motiva su comportamiento. Partamos de la base de que los bebés no son manipuladores ni desafiantes: todas esas conductas que nos resultan desagradables son solo un llamado de ayuda para hacernos saber que tienen una necesidad física o emocional.

Por ejemplo, si tu bebé llora desconsolado en cuanto lo dejas en la cuna, pero está tranquilo en tus brazos, no está intentando fastidiarte, sino que tiene miedo a quedarse solo, a no sentirte cerca. Comprender la función que cumplen sus llantos y gestos es fundamental.

3. Automentalización

Por mucho esfuerzo y dedicación que pongas al cuidado de tu bebé, es inevitable que sus gestos y demandas tengan un efecto negativo en ti. Es lógico que ver a tu bebé enfadado y pataleando durante largo tiempo termine irritándote y malhumorándote. Pero es importante que dediques unos instantes a comprender también lo que tú estás sintiendo y por qué.

Trata de tomar conciencia de si tu estado de ánimo es provocado por las demandas infantiles o si, por ejemplo, el agotamiento, la falta de sueño o una discusión con tu pareja pueden estar influyéndote. De este modo, podrás entenderte y regularte a ti misma antes de dirigirte a tu bebé. Podrás detenerte y respirar antes de actuar.

Madre con su hijo en brazos dormido.

4. Regulación

Una vez hayas realizado los tres pasos previos estarás en una posición adecuada para dirigirte a tu bebé con la calma y la serenidad que necesita. Podrás, ahora, ayudarle a regularse calmándolo, meciéndole y contribuyendo a disminuir su nivel de estrés y malestar.

El programa A.M.A.R. puede servirte durante toda la vida

Es cierto que los primeros años de vida de un niño son esenciales para la formación del vínculo de apego. Sin embargo, el programa A.M.A.R. puede serte de utilidad durante muchos años: en la etapa de las rabietas, en los enfados de la infancia e incluso en la desafiante adolescencia. Atender, comprender y responder con serenidad son actitudes que siempre ayudarán a que la relación con tu hijo sea armoniosa y amorosa.

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