Lo positivo de educar en el asombro

10 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la pedagoga María Matilde
Vivimos expuestos a múltiples estímulos y, aunque suene contradictorio, estamos perdiendo con ello la capacidad de asombro. Hablaremos en este artículo sobre lo positivo de educar a los niños en el asombro para que no dejen de sorprenderse y de querer saber y aprender más sobre el mundo que los rodea.

Educar en el asombro significa aprender a observar con más detenimiento a todos y a todo lo que nos rodea, y reflexionar sobre ello. Vivimos un día a día muy acelerado en permanente contacto con la tecnología y con el ruido, y tenemos a nuestro alcance mucho para ver, para hacer y para comprar. Y, sin embargo, en muchas ocasiones, nada de todo ello nos sorprende.

¿Qué es el asombro y una persona asombrada?

El asombro está relacionado con la sorpresa, con la estupefacción, con la consternación frente a algo inesperado o impensado. Es la impresión en el ánimo de una persona que algo o alguien causa por alguna cualidad singular o excepcional.

Entonces, cuando hablamos de una persona asombrada o que se asombra, nos referimos a su capacidad de asombro. La capacidad de asombro es una facultad que las personas pueden desarrollar y que les permite estar abiertas a dejarse sorprender ante lo nuevo y aprender de ello. Es el disparador para que dudemos y nos hagamos preguntas, la puerta de entrada al pensamiento y a la reflexión.

Niña con el ordenador con una expresión de asombro tras descubrir algo nuevo.

Educar en el asombro: enseñar a dejarse sorprender

En el caso de los niños, el asombro es para ellos el motor de su motivación. Sin embargo, aunque ellos se asombran frente a cualquier estímulo, objeto o persona cercana, hay que tener cuidado con una sobreestimulación, ya que esta puede sustituir el motor del niño anulando su sentido de asombro y con ello su imaginación y creatividad.

Ahora bien, a medida que crecemos, vamos perdiendo la capacidad de asombro, y es importante que tanto en la escuela como en el hogar la trabajemos. Como hemos dicho, el asombro es fundamental para desarrollar la capacidad de reflexión e introspección.

La autora Catherine L’Ecuyer en su libro Educar en el asombro (2013), habla, precisamente, de lograr que los niños y los adolescentes no pierdan la capacidad asombro, de lograr que ellos no pierdan lo esencial, la motivación y las ganas de descubrir.

En el libro se habla de la necesidad de replantear el aprendizaje y de considerarlo un viaje desde el interior al exterior de la persona. La autora plantea que, al contrario de presionar a los niños para que cumplan rápidamente etapas, los educadores y padres deben respetar sus propios ritmos y naturaleza.

Y, precisamente, la naturaleza de los niños es su inocencia, su necesidad de asombro. Asombro que se ve frenado por un entorno cada día más frenético, más exigente, con más estímulos y con menos opciones de permitirles pensar a su ritmo. Un entorno que satura sus sentidos y coarta su imaginación, que no les permite el misterio y la incertidumbre.

“El asombro nos conecta con nuestra capacidad para ver el mundo con los ojos de un niño”.

¿Qué debemos considerar para educar en el asombro?

Para educar en el asombro debemos planificar actividades escolares en las que tengamos en cuenta lo siguiente:

  • Despertar cada día la curiosidad y sorprender a los niños. A la par del trabajo para que los niños aprendan rutinas y creen hábitos, es bueno que se sorprendan. Así, cualquier situación discordante o poco habitual durante la jornada escolar es ideal para educar en el asombro. Por ejemplo, poner de repente una canción e invitarlos a bailar, o que se intercambien durante unas horas los zapatos con un compañero.
  • Planificar actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza. El medio ambiente proporciona a los pequeños infinidad de situaciones y objetos que les provocarán curiosidad, y sobre los que podemos trabajar la observación y plantear interrogantes.
    Niño en el campo con un malo de madera con cara de asombro.
  • Hacer con los niños actividades poco habituales. Organizar con ellos un día de títeres o una jornada de papás y mamás, y, así, conocer en qué y cómo trabajan los padres de los niños de la clase. O, tal vez, hacer una visita a una granja para conocer cómo viven y qué comen los animales que en ella se encuentran.
  • Enseñarles lo positivo del silencio. Trabajar con los niños actividades en las que aprendan a estar en calma y en silencio. Incitarlos a que se concentren y presten atención a aquello que sienten o escuchan. Tanto de su interior como de otros sonidos externos y poco habituales para ellos, cuando el ruido y el bullicio son una constante en su día a día.
  • Dejar que los niños se aburran y jueguen solos. La soledad les permite dejar volar la imaginación y encontrar creativas formas de distracción. Además, la sobreestimulación no es buena porque se acostumbran a ella y hace a los niños dependientes de los adultos, hiperactivos e insatisfechos con todo.

Conclusión

Educar en el asombro implica que padres y educadores enseñen a los niños a dejarse sorprender y a encontrar en todas las situaciones aquello que es diferente y poco habitual. Que les enseñen a cuestionar y a reflexionar lo que ven y lo que viven, a diferencia de aceptarlo así, sin más, y dar todo por supuesto. Y esto es, sin duda, el primer paso para todo aprendizaje significativo.