¿Por qué llora un bebé?

11 junio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el pediatra Martín Gruenberg
Durante las primeras semanas de vida, los bebés suelen llorar mucho. ¿A qué es debido? El pediatra Martín Gruenberg nos explica qué les sucede.

El llanto de los bebés es un tema que preocupa mucho a los padres, sobre todo porque es un comportamiento muy común en los más pequeños. La gran pregunta es: ¿por qué llora un bebé?

Aunque queramos una única respuesta, lo cierto es que un bebé puede llorar por distintos motivos: porque tiene hambre, frío o calor, porque experimenta alguna molestia o incomodidad como el pañal lleno, porque se ha asustando con un ruido o simplemente porque tiene ganas de llorar.

Es muy común que al acostar al bebé en su moisés, llore; que al levantarlo y alimentarlo, se calme y que al volver a acostarlo, empiece a llorar de nuevo. En este tipo de situaciones es cuando se produce el primer llamado de urgencia al pediatra:

  •  Doctor, ¡algo le pasa al bebé! ¡Está con hambre o tiene dolor!
  • ¿Por qué?
  • Porque se duerme en el pecho y, cuando lo acuesto, se pone a llorar; lo vuelvo a poner en el pecho y se vuelve a dormir, y así toda la noche…

En realidad, el bebé no tiene problemas; simplemente, no está en condiciones de dormir en el moisés. A continuación, explicamos por qué llora un bebé.

Bebé llorando fuerte

Los primeros días

El bebe permaneció nueve meses dentro del útero materno, contenido, flotando en líquido tibio, sin sentir hambre, sed, frío ni calor, escuchando la voz de la mamá y los latidos de su corazón amplificados.

De pronto, y sin pedirle permiso, lo sacamos de allí y comienza a sentir calor, frío, cólicos, ruidos, hambre… Así, cuando lo colocan en el moisés sobre sábanas frías, duras o arrugadas no reconoce la situación, siente displacer y llora.

Ahora bien, cuando lo tienen en brazos, experimenta una sensación similar a cuando estaba en el útero y se calma. Esto NO significa que se está malcriando, sino sencillamente que es capaz de diferenciar el bienestar del displacer.

Los primeros tres meses de vida del recién nacido están regidos por el principio del placer. Si siente placer puede alimentarse, dormir, madurar, desarrollarse y crecer. En cambio, el displacer le genera una tensión interna que él no puede soportar y que lo hace llorar.

Un bebé menor de tres meses que llora no tiene la capacidad para modificar esa situación displacentera y continuará llorando sin interrupción, hasta que sus cuidadores modifiquen la situación que ha causado el llanto.

El recién nacido humano es el animal que nace más desválido en la naturaleza. Por ejemplo, una jirafa al nacer cae desde dos metros de altura, se para y sale corriendo para que no lo alcance un depredador. ¡Compare esa situación con el bebé humano! Depende 100% de de los padres.

Así, durante los primeros tres meses de vida el principio del placer nos enseña sus necesidades y preferencias.

  • ¿Qué cosas le dan placer al bebé? Todo lo conocido.
  • ¿Qué cosas le dan displacer? Todo lo desconocido.

Estar en brazos de mamá es lo más parecido a estar en el útero: el bebé se siente calentito, contenido, mecido y atendido.

Madre cogiendo a su bebé

¿Y si se malcría?

Malcriarse es una asociación intelectual compleja. Consiste en pensar: si lloro, me cogen en brazos que me gusta mucho, entonces: voy a llorar más.

Si un bebé menor de tres meses llora, debe estar en brazos. Está demostrado que cuanto más tiempo lo dejemos llorar, más tiempo llorará.

Un bebé menor de tres meses no tiene la capacidad intelectual de malcriarse. Si llora, debe estar en brazos.

Los bebés no se acostumbran a las situaciones nuevas o desconocidas llorando, sino que lo hacen después de haber estado en esa situación muchas veces, tranquilos y acompañados. El hábito se produce naturalmente. Así, el bebé dejará de llorar en el moisés cuando lo reconozca y lo hará tras haber estado acostado en él, distraído durante muchas veces seguidas.

Advertencia: la técnica de dejarlo llorar hasta que «se le pase» no hace bien. No solo no se calmará, sino que incluso puede generar en el bebé un rechazo al moisés.

Por último, es importante tener en cuenta que lo que Sigmund Freud describió como principio del placer, los especialista en crianza hoy lo llaman exterogestación, el segundo embarazo o embarazo externo. Por ello, a los recién nacidos se les debe tratar como si aun estuvieran en el útero materno: el mayor contacto físico posible, amor, calor, cuidados y alimentación permanente.