Por qué la disciplina de las buenas intenciones es necesaria

20 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicopedagoga María José Roldán
La disciplina de las buenas intenciones es fundamental para que los niños se comprometan con su buen comportamiento.

Muchos padres se preguntan qué pueden hacer para que su hijo se comporte bien. Las estrategias de disciplina, generalmente, apuntan a qué hacer en el momento y, normalmente, después de que un niño haya estallado y las cosas hayan salido mal. Por eso, la disciplina de las buenas intenciones es necesaria.

En este sentido, hay una estrategia de disciplina particular que no requiere esperar a que ocurra un incidente. Se necesita un enfoque más proactivo para tratar el comportamiento problemático y tiene en cuenta las necesidades de desarrollo y relacionales de un niño.

La disciplina de las buenas intenciones

Nos referimos a la disciplina de las buenas intenciones, cuyo objetivo es trabajar los problemas de crianza en cuanto al comportamiento en el momento en el que las emociones y las cosas se complican. La disciplina de las buenas intenciones significa que un padre usa su disciplina con un niño para ayudarlo a dirigir su comportamiento en una dirección correcta.

Padre hablando con su hijo utilizando la disciplina de las buenas intenciones.

Se realiza en previsión de desafíos y significa que un adulto deberá adoptar una postura proactiva para trabajar antes de los incidentes. Si bien es imposible predecir todos los problemas que pueden desarrollarse con los niños, los adultos, por norma general, son conscientes de lo que a sus hijos les resultará más complicado.

Cuando un padre solicita las intenciones de un niño, está tratando de poner a su hijo en el lado correcto antes de los incidentes. El pequeño tiene la oportunidad de ponerse de acuerdo, antes de las situaciones, en que se comportará de determinada manera.

¿Cómo usar la disciplina de las buenas intenciones?

Por ejemplo, si vas a salir con tus hijos a hacer una excursión, puedes decirle, con anticipación, algo como: “El acuario es un lugar grande y necesito saber dónde estáis en todo momento. ¿Puedo contar con vosotros para que me deis la mano y que estéis a mi lado todo el tiempo mientras estemos allí?”.

Si vas con tus hijos al parque, puedes preguntarles algo como: “¿Puedo contar con vosotros para que vengáis conmigo cuando sea el momento de abandonar el parque y no huir y decir que no queréis marcharos? Estaremos todo el tiempo que podamos en el parque, pero cuando nos tengamos que ir, necesitaré que vengáis rápido. ¿Lo habéis entendido todos?”.

Es posible que, después, a los niños se les olvide y se resistan un poco. Pero una vez que les recuerdes su promesa de buenas intenciones, calmarán su frustración y resistencia, y se mostrarán más cooperativos. Se sentirán implicados en la decisión tomada y participarán en ella.

La disciplina de las buenas intenciones evita conflictos

Cuando se usa la disciplina de las buenas intenciones con anticipación, puede facilitar la transición entre eventos e implica menos fricción en la relación con los hijos (a cualquier edad). Este tipo de disciplina es una herramienta que se puede utilizar siempre, sin importar la edad que tengan los niños.

Puedes usarla con más frecuencia cuando necesites adelantarte a asuntos que podrían ser conflictivos, como comprar un juguete a un amigo en la juguetería para evitar que los niños quieran también un regalo para cada uno.

También puedes preguntarles si puedes contar con ellos para limpiar sus dormitorios sin que tengas que pedirles continuamente que lo hagan. Esto te ahorrará mucha resistencia y frustración.

Los beneficios de la disciplina

Hay una serie de beneficios de desarrollo para un niño cuando los adultos solicitan sus buenas intenciones. Esta acción, naturalmente, imparte los valores de los padres y orienta a los niños a lo que se considera un comportamiento civilizado. También coloca las manos del pequeño en el volante cuando se trata de sus propias acciones; los niños entienden que son responsables de sus propios actos en todo momento.

Padres desayunando junto a sus hijas.

Además, cuando el infante se compromete y cumple, evitará castigos, peticiones constantes o consecuencias negativas por sus actos.

Este tipo herramienta en disciplina también ayuda a preservar la relación entre padres e hijos y evita las luchas de poder en momentos cargados de emociones intensas en los que la paciencia de ambas partes puede agotarse rápidamente. Es necesario ser conscientes, como padres, de que no hay que esperar a que un niño se equivoque para guiarlo en la dirección correcta.

Otro beneficio es que esto se trata de intenciones y no de perfección. Deja mucho espacio para que un niño escoja el camino señalado, aunque no siempre sea lo que quiere, pero sabrá que es lo correcto.

También es una estrategia de disciplina efectiva que se puede usar en lugar de las consecuencias. Lo que requiere que un niño piense dos veces antes de actuar y se presente después de que haya habido un problema.

No hace falta la disciplina severa

Sabemos que los niños pequeños, por lo general, no piensan dos veces antes de actuar hasta que la integración cerebral se ha producido entre las edades de cinco a siete años, en promedio. Hasta este momento, se mueven instintivamente y los arrebatos emocionales son comunes.

Cuando solicitamos las buenas intenciones de un infante, nos apoyamos en nuestra relación con ellos para ponerlos de nuestro lado. Esto nos ayudará a evitar el uso de técnicas de disciplina demasiado severas con el fin de lograr el cumplimiento. Si un niño no está apegado a un adulto, la capacidad de apuntar a un infante en una dirección particular es débil o, incluso, inexistente.

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