Para disfrutar de la maternidad es necesario priorizar

Criar a un niño requiere amor, fuerza, constancia y sobre todo paciencia. Esta experiencia, aunque ciertamente no es un camino hecho a base de pétalos de rosa, no tiene por qué ser un calvario; todo lo contrario, la maternidad es un rol del que puedes disfrutar muchísimo. Y para lograrlo es necesario priorizar.

Priorizar es una de las mejores actividades que puede hacer todo ser humano. Todos necesitamos aprender a gestionar nuestro tiempo y nuestra energía para poder conseguir cualquier objetivo que nos propongamos. En este caso, establecer de manera clara y objetiva las prioridades de tu estilo de crianza, e incluso de tu rutina, hará que la maternidad te resulte más placentera y feliz.

Una de las mejores estrategias para definir qué es importante y qué no tanto, es aprender a aprovechar el tiempo junto a tu hijo. Quizás cuando es muy pequeño, te sientes abrumada por las tareas que conlleva atenderlo, a las que debes sumarle estar pendiente de la casa y del trabajo.

Es normal que esto pase, la cuestión está en que cuando decides qué es realmente importante o urgente te aligeras esa carga mental y emocional que sientes cuando no puedes hacer todo lo que planeas mentalmente. Si eso te pasa, entonces es hora de tomar un lápiz y una hoja para ponerte a priorizar.

No se pueden ganar todas las batallas

Muchas veces, sin querer y sin darnos cuenta, nuestra casa se vuelve el escenario de una guerra donde abundan las discusiones por el sempiterno desorden, por las tareas del colegio que faltan por hacer, por el ruido que hacen los amigos, por las malas respuestas que a veces nos damos entre nosotros mismos…

Y aunque está claro que toda familia debe respetar las normas del hogar, también es cierto que muchas veces la dinámica de la casa parece estar en contra de la felicidad de quienes habitan en ella.

Si descubres que estás dentro de una dinámica poco constructiva y que la mayoría de las noches te acuestas amargada y cansada de tanto reñir, entonces es momento de evaluar qué está pasando.

Para romper este tipo de círculos viciosos es necesario que te detengas a reflexionar un momento, y darte tiempo para respirar y pensar si de verdad es tan importante eso por lo que te la pasas reclamando. Para sincerarte respecto a esa pregunta, puedes tomar un lápiz y un papel y hacer este ejercicio:

Divide la hoja en cuatro partes iguales y anota qué es importante, qué es imprescindible, qué es deseable y qué es postergable dentro de tu rutina diaria.  Escribe en cada una de esas secciones esas cosas por las que reclamas tanto, además de las que hacen que pelees a diario y convierten a  tu vida familiar un caos.

Este simple ejercicio te puede ayudar a darte cuenta que muchas veces reñimos por cosas que no tan importantes ni tan urgentes. También te darán la perspectiva necesaria para reflexionar que todos los niños aprenden –a su ritmo- a hacer tareas y a ordenar su habitación.

Y que el hecho de que a veces no hagan exactamente lo que se les pide no debe amargarte, porque aunque es deseable que obedezcan siempre, la verdad es que en ocasiones algunas de las tareas que les encargamos no son imprescindibles.

Priorizar te ayuda a organizar tu día a día

Hacer una lista de prioridades puede ayudarte a darte cuenta de que en ocasiones los adultos solemos ser muy exigentes y que a veces es bueno ajustar nuestras expectativas a la realidad, lo cual incluye la edad de nuestros hijos, el tiempo que le dedicamos a cosas que no son tan importantes y la energía que desperdiciamos al no priorizar adecuadamente nuestras metas o tareas.

Muchas veces la experiencia de la maternidad está sobrecargada de responsabilidades autoimpuestas y de presiones externas basadas en los estándares que, según la sociedad, las madres deben alcanzar.

Estos estándares hacen sentir a la mayoría de las madres en extremo estresadas; y este estado de ánimo les impide disfrutar del rol que desempeñan como acompañantes del proceso de crecimiento de sus hijos.

Tu hijo no te pide más que amor, compañía y guía. Disfruta del tiempo que pasas con él, pues el tiempo siempre pasa rápido. Elige bien las batallas que vas a emprender y trata de no amargarte por causas perdidas o por exigirle al niño cosas que por su edad, su madurez o cualquier otra circunstancia no puede cumplir por el momento.

Recuerda siempre que lo más importante de esta experiencia llamada maternidad es acompañar la vida de tu hijo. Hazlo con respeto y además no te sobrecargues con cuestiones que no son imprescindibles, prioriza, relativiza, céntrate en lo importante, y trata de cultivar un buen clima en casa. Ese buen clima será siempre uno de los mejores aliados para disfrutar de ser mamá.

 

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