No esperes a que tus hijos crezcan para cuidar de ti misma

Es habitual que una madre sacrifique sus inquietudes y cuidados personales como un modo de adaptación o de afrontamiento en relación a la crianza de sus hijos.

Así, bien sea por tradición cultural o porque no conocemos otras alternativas, acabamos sometiendo nuestras inquietudes y nuestra autorrezalización durante el tiempo en el que nuestros hijos son más dependientes físicamente de nosotras.

Sin embargo, no podemos estar más equivocadas. Cuidarnos y dedicarnos tiempos de desconexión es uno de los mejores ejemplos que podemos darles a nuestros hijos e hijas.

Si somos nosotras quienes ponemos cada cosa en su lugar, estaremos educando con el ejemplo y no solo con palabras. De este modo nuestros hijos integrarán el amor y el cuidado personal como algo normal que no genera conflictos ni costes adicionales.

De igual manera, comportándonos de esta forma evitaremos depender emocionalmente de nuestros hijos y crear dependencias en ellos. Así aprenderán a dar y a recibir en la misma medida pero no solo de cara a los demás, sino también en relación a sí mismos.

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Cuidando de ti cuidas de tus hijos

Si esperas a que tus hijos sean mayores para cuidar de ti misma estarás privándoles a ellos de un gran aprendizaje: el de amarse a uno mismo. Nuestros hijos tienen que entender el valor y la importancia del amor propio como algo indispensable en una persona.

O sea, que debemos sanar esa parte de nosotras que nos dice cada día que somos menos mujeres si no nos sacrificamos por nuestra familia. Así, una madre se sana como mujer cuando comienza a dejar de hacer caso al rol de sufridora que la sociedad le impone.

Ser mujer no es sinónimo de aguantar, de sobrepasar nuestros límites emocionales o de echarnos a las espaldas todas las cargas. Por eso, una madre sanada como mujer reconoce su valor en el mundo como un ser individual y con necesidades.

En definitiva, la madre que cuida de sí misma atendiendo y resguardando su tiempo y el cultivo de su interior y exterior criará hijos con una mejor disposición para cuidar de sí mismos, trabajar en sus aspiraciones y lograr un equilibrio.

Madre e hija cuidándose

Mamá, cuida de ti, a mí me beneficia

Como hemos dicho, es importante que las madres se cuiden cada día y no descuiden su individualidad. Esto suele olvidarse o relegarse con demasiada frecuencia pero es primordial para garantizar la mejor educación a nuestros hijos. Veamos algunos consejos o claves para cuidarnos cada día:

Adapta tus tiempos cada día

Organiza un tiempo cada día para respirar, para indagar cómo te sientes, para sanar tus heridas, para calmarte, etc. Estar unos minutos en tu cama, en tu salón o en tu terraza pensando en ti y en cómo te han hecho sentir los acontecimientos del día te ayudará a recomponerte y manejar tus emociones de la manera adecuada.

Esto revierte en un beneficio directo en tus hijos, ya que no solo serás mucho más coherente a la hora de educarlos sino que ellos verán en ti una manera de ejemplificarla principal premisa del autocuidado: dedicar tiempo a comprenderse.

Escoge momentos semanales y mensuales para quererte

Del mismo modo, escoge uno o varios momentos semanales para hacer deporte, leer, salir con tus amigas o lo que más te apetezca. O sea, organiza tu tiempo de manera que te permitas hacer todo aquello para lo que habitualmente no encuentras tiempo o que sueles relegar con mayor frecuencia.

O sea, trabaja por tener un tiempo fuera positivo que te permita relajarte y cultivarte. Este será un tiempo especial para ti, solo para divertirte y conocerte. Otorgarnos nuestra propia libertad nos hará sentir plenas, vivas y alegres.

Manos de una madre recogiendo un pie del bebé

Fortalece tu autoestima

Con frecuencia montamos a nuestra autoestima en un barco de papel y la dejamos a la deriva por el mar de nuestra vida. Obviamente, nuestro barco se moja y se hunde, haciendo naufragar a nuestro amor hacia nosotras mismas.

  • Saca la basura emocional de tu vida. Todo aquello que te han dicho o hecho poco constructivo es insignificante. Te interesa construir, no destruir.
  • Aplica lo mismo a los pensamientos negativos que tienes sobre ti misma y lo que te rodea. Puedes escribirlos y romperlos, es un buen método para liberarnos.
  • Escribe una lista de todo aquello positivo que tienes en tu vida y repásala siempre que lo necesites.
  • Haz una lista de lo que te gusta hacer y de todo aquello que quieras explorar y ponla en práctica.

Recuerda que la mejor manera de velar por la educación y el desarrollo de nuestros hijos es siempre enseñándoles a través del ejemplo. No nos olvidemos de que todo aquello que sea bueno para nosotras lo será para nuestros niños tanto a corto como a largo plazo.

            La premisa es sencilla: funcionamos mejor cuando nos sentimos mejor.

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