Niños respondones, ¿por qué mi hijo me contesta?

Si bien los niños respondones suelen sacarle canas verdes a sus progenitores, hay motivos específicos por los cuales estos chicos contestan mal. ¡Descúbrelos en este artículo!
Niños respondones, ¿por qué mi hijo me contesta?

Última actualización: 10 febrero, 2022

Aunque los niños respondones y rebeldes suelen sacarnos canas verdes, estas actitudes se constituyen en la manera de manifestar sus sentimientos. Atrás quedaron los tiempos en que tu bebé se adaptaba a las costumbres y exigencias impuestas, ahora el chico busca reafirmar su personalidad.

Existen diversos motivos que inciden en la formación de aquellos niños respondones, pues son muchas las causas que provocan situaciones desfavorables en su equilibrio psicológico y emocional. Por eso, en este artículo te contamos por qué tu hijo tiende a contestar y a qué pautas de acción debes apelar.

El problema de los niños respondones

¿Por qué existen niños respondones en exceso? ¿Por qué nuestros hijos pierden su admiración y respeto para con nosotros? Hay una respuesta simple y básica. Se trata de una fase más del crecimiento en la que intentan desde los 9 años desvincularse afectivamente de los padres y reafirmar su personalidad.

Esto se debe a que, durante su crecimiento, los pequeños necesitan diferenciarse de sus padres para conformar su propia identidad. Y, justamente, la salida más sencilla es distinguirse de lo único que conocen, su familia. Es ahí donde se abre paso la etapa de las malas contestaciones que se extiende hasta la adolescencia.

Este estadío viene a derrumbar aquel en el que el menor veía a su padre o madre como el mejor del mundo: los más guapos, buenos, inteligentes y fuertes. Hasta este momento, la criatura dependía a nivel emocional de la percepción de sus padres para construir su propia autoestima.

Sin embargo, con el correr de los años, este mismo sentimiento de admiración y adoración entra en ruinas ya que se torna más realista. Con lo cual el pequeño comienza a observar antagónicamente a sus progenitores, quienes pasan a hacer todo mal y no saben nada.

Por esto, la idea de que los niños respondones son rebeldes y desobedientes es sobradamente errónea, aun cuando la visión del adulto en torno a este desafortunado comportamiento no coincida con la del “niño bien educado”. En definitiva, esta conducta es necesaria y positiva para desarrollar su personalidad.

Niños respondones: ¿Qué hay detrás de ellos?

Desde la psicología se explica el fenómeno de los niños respondones indicando un sistema de aprendizaje basado en la dupla “acción y reacción”. Momento en el que esta conducta se define entre ser un problema a futuro o mera circunstancia pasajera de acuerdo a la postura que adoptes como autoridad.

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Una serie de investigaciones psicológicas reveló que el hecho de contestar en los chicos reviste una manera de demostrar su independencia. Con ello, manifiestan con libertad sus propias ideas y dejan al descubierto la capacidad de tomar pequeñas decisiones personales.

Entonces, si bien es difícil no reprender estas actitudes, los especialistas concuerdan en que es mejor investigar las causas de sus enojos. Y en particular, enseñarles a expresar adecuadamente sus sentimientos, de una forma más aceptable y dentro del marco del respeto y la consideración.

La idea es educarlos emocionalmente dado que cuando los niños respondones dan una mala contestación, expresan su enojo, frustración, miedo e incluso muestran que se sienten heridos. En sí, el problema no pasaría por los sentimientos del pequeño, sino por el modo de expresarlos.

¿Por qué los hijos dejan de idolatrar a sus padres?

Considerando su desarrollo cognitivo

Teniendo en cuenta el aspecto meramente cognitivo, los hijos dejan de idolatrar a sus padres cuando el pensamiento, inicialmente mágico entre los 3 y los 5 años, deviene uno más realista y crítico. Así, los padres dejamos de ser idealizados y comenzamos a ser de a poco imperfectos.

A partir de los 6 años, el pensamiento infantil se vuelve paulatinamente más lógico y racional aunque el vínculo emocional con sus figuras paternas todavía es muy fuerte. Por lo que llevará un poco más de tiempo ser capaces de ver y entender que sus padres no son omnipotentes.

Será entre los 9 y los 11 años cuando el pensamiento del nene se tornará eminentemente crítico, por lo cual comenzará a entender que cada hecho tiene ventajas e inconvenientes. Igualmente, empezarán a medir y evaluar las acciones de sus padres y compañeros.

Atendiendo su desarrollo emocional

Por su parte, el desarrollo emocional de todo pequeño provoca cierta necesidad de desvincularse afectivamente de sus padres, por lo que cuestionarán a sus progenitores por hacer las cosas mal. Los niños respondones critican y dejan de acatar complacientemente lo ordenado por sus mayores.

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Al igual que en la conocida “etapa del no” que tiene lugar a los dos años, estos niños respondones buscan mediante su accionar reafirmar su identidad. Pero, en esta oportunidad, no apelan a las rabietas, sino que lo consiguen mediante cuestionamientos y malas contestaciones.

¿Qué hacer frente a niños respondones?

  • Conserva una actitud preventiva. Pues estos comportamientos infantiles normales pueden tranquilamente prevenirse simplemente identificando e incluso evitando aquellas situaciones que desencadenan las malas contestaciones del pequeño.
  • Investiga qué hay detrás. Puede que los niños respondones tiendan a imitar situaciones vistas en películas, series o en la misma vida real, recibiendo así un cúmulo de mensajes inapropiados. Asimismo, puede haber un patrón en el comportamiento de tu hijo cuando responde mal. Presta atención a sus consumos culturales y a las exigencias impuestas, pero siempre escuchándolo e intentando comprender el trasfondo: lo que siente, lo que quiere lograr.
  • Escoge las batallas que vale la pena librar. Antes que nada evalúa “¿vale la pena generar una discusión por esto?”. Si se trata de una cuestión sumamante importante, marca el límite e instala el hábito; ahora bien, si se trata de algo intrascendente, ahórrate el disgusto y bríndale esa autonomía que tanto anhela.
  • Marca el límite anticipadamente. Es fundamental que los niños respondones comprendan cuáles son las palabras permitidas y cuáles están terminantemente prohibidas. También sería interesante explicarle al menor que no siempre puede y tiene que decir todo lo que piensa.
  • Mantén la compostura. Lo ideal es no reaccionar exageradamente ni armar una gran pelea por las palabras o el tono de voz empleados por el niño. De más está decir que tampoco debemos “pagarle con la misma moneda”, pues no hay mejor forma de educar a tu hijo que predicando con el ejemplo.
  • Maneja tu paciencia. No discutas ni negocies con el chico ante un acto de insolencia dado que esto solo reforzará su comportamiento. Simplemente adviértele cuál será la consecuencia de su conducta y, en caso de reincidencia, ejecútala. No lo castigues ni lo ridiculices en público, explícale con tranquilidad que no permitirás que sea grosero en ningún lado y que eso conllevará alguna consecuencia.

Finalmente

  • Bríndale opciones. Si le das al chico la posibilidad de tomar algunas decisiones en el día, disminuyes su necesidad de imponerse de manera ofensiva. Por eso, siempre que sea oportuno, dale oportunidades para que pueda elegir, sin agobiarlo permitiéndole que decida todo, sino en lo que sea más importante para él. Por supuesto, todas las alternativas deben ser aceptables para ti y deberás respetar a rajatabla su decisión.

Cuento-terapia para niños respondones

Los cuentos son una estrategia holística que emplea el arte en el tratamiento de las dificultades de impacto emocional. Temores, rabias, dudas, sentimientos de abandono, desesperación, incertidumbre, soledad, baja autoestima, etc., están presentes de alguna manera en los niños respondones.

La narración y su efecto catártico, permite a los niños que sean los personajes los que hablen abiertamente de sus problemas. Esto permitirá proyectar sus sentimientos estimulando la reflexión para que a su vez propicie la transformación de la conducta.

Eres Mamá te ofrece una selección de cuentos que te ayudarán a manejar estas emociones.

Cuentos sobre el respeto para niños

El niño que insultaba demasiado

Un niño que se divertía insultando a los demás hasta hacerse de un poder mágico para dañar mucho más a las personas. Algunos hechiceros, preocupados por ese horrible poder, lograron contrarrestarlo haciendo que Manu, así se llamaba, escuchara dentro de sí lo que las personas pensaban de él. Eso no le gustó, pero nada podía hacer.

Solo la amistad de una niña transformó en el interior del niño el poder de decir palabras feas por bonitas y positivas. Y al cambiar la actitud, cambió el entorno.

Dos Monstruos

Dos monstruos se comunicaban a través de un hueco que unía dos lados de una inmensa montaña, tan grande que mientras en un lado amanecía, en el otro anochecía. Pero un día se enfrascaron en una discusión: era día en ambos lados, decía uno; que no, que era noche en ambos lados, decía el otro.

Y así llevaron la discusión tan lejos que se comenzaron a lanzar rocas que conmovieron la montaña hasta derrumbarla. Y al desaparecer la barrera que los dividía pudieron contemplar que ambos tenían razón.

Cuentos sobre le envidia

La cabeza de colores

Es la historia de un niño que sentía tanta envidia por los demás, que hasta sus pelos resultaron envidiosos. Y un día, un cabello cambió de color y seguidamente, todos cambiaron. Pero todos los días uno amanecía distinto y todos los demás lo seguían.

Sin embargo, el niño no quería pelos de colores sino como el de los demas niños y desesperado se haló los cabellos y uno cayó desprendido. Todos los demás envidiaron la caída y se fueron tras él, hasta dejar al niño pelón.

Cuando se vio sin un pelo, descubrió que todo era por causa de la envidia.

Enma y la envidia

Una niña que se puso verde de la envidia recibió de un hada un regalo que transformó su vida: una goma de borrar. Con palabras mágicas que consistían en reconocer y aplaudir los logros y las virtudes de los demás, el color verde iba desapareciendo hasta descubrir bajo los ropajes ingratos de la envidia, las ropas de princesa de la satisfacción.

Gato rojo, gato azul

Es la historia de dos gatos que se envidiaban el uno al otro, la inteligencia de uno, la habilidad del otro. El color azul de uno y el color rojo de otro… hasta que después de muchos esfuerzos por cambiar y ser como el otro, con disputas y riñas sin fin, descubrieron que en verdad estaban satisfechos con lo que cada uno era… Pero esta paz recién alcanzada, fue nuevamente puesta en tensión cuando apareció un gato amarillo y otra vez, vuelta a empezar.

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