Actitud rebelde, ¿cómo actuar?

Amanda · 18 noviembre, 2015

La actitud rebelde surge cuando los niños comienzan a mostrar su opinión y percepción individual; hablamos de rebeldía porque queremos que los niños sigan las sugerencias que les hacemos, pero ellos se manifiestan contrarios, lo cual es natural. No saber cómo actuar ante la actitud de un niño rebelde, es causa de preocupación e incluso temor.

Que nuestros niños sean rebeldes desde muy pequeños, nos obliga a plantearnos muchas interrogantes: ¿A qué edad se les va a pasar? ¿Estoy haciendo algo mal? ¿Tiene un problema de consideración? Sin embargo, la idea de que esto nos vaya a acompañar por mucho tiempo, es una de las principales preocupaciones.

Es normal que los niños en edad adolescente sean rebeldes, aunque no todos demuestren su rebeldía. Pero resulta conflictivo cuando manifiestan su actitud rebelde desde los primeros años, porque a temprana edad es cuando deberían ser más dóciles y obedientes.

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Otra razón de inquietud es la recurrencia de la actitud, por ejemplo que el niño reaccione de la misma manera ante cualquier autoridad, que no sea colaborador, que discuta con frecuencia y que manifieste una notable agresividad.
Esto resulta alarmante porque su independencia los lleva a incomodarse ante la presencia de adultos porque esto le impide hacer su voluntad, cosa que puede llegar a ser perjudicial. Pero es posible redirigir esta conducta, para ello es preciso atender a las recomendaciones de los expertos.

¿Cómo actuar ante la actitud rebelde de un hijo?

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Siempre es importante ser abiertos ante la personalidad e individualidades del niño, pero en ciertos casos es necesaria la intervención para controlar las actitudes negativas. En caso de la rebeldía, nos encontramos con que puede ser nocivo en la relación social del niño y también para convivencia familiar.

Para actuar de manera eficiente ante las acciones de un niño rebelde sugerimos atender a estos consejos:

  • Para dirigir la conducta de los niños, en la familia suele haber una autoridad que es firme y constante; esta persona, que por lo general es el padre debe modificar su manera de dar las órdenes. Es posible que el niño se esté manifestando en contra de la forma como se expresa la autoridad.
  • Es preciso reflexionar sobre las circunstancias en las cuales se han resuelto los conflictos previos. Quizá el niño ha salido triunfante en las discusiones y ha pasado por encima de los castigos sin consecuencias, esto probablemente le ha dado más fuerza a su actitud.
  • Haber descuidado la atención hacia el niño, es motivo para que este comience a perder el respeto a sus padres, por eso tal vez reacciona de manera indiferente ante las orientaciones que intentamos darle.
  • No es aconsejable que demostremos abiertamente que hemos perdido el control, porque cuando revelamos algunos puntos débiles ellos pueden aprovecharlo. Es oportuno hacerlo darse cuenta por sí mismo, de que la causa de su molestia es su responsabilidad.
  • Es conveniente no forzarlo a hacer las cosas, sino orientarlo para que se dé cuenta de que su conducta es incorrecta. Los niños rebeldes reaccionan bruscamente cuando se les ordenan cosas de la manera equivocada, llevarlos por el camino de la reflexión y siempre razonando sobre las condiciones.
  • Aunque no sea nuestro estilo, debemos considerar negociar las órdenes que damos a los niños; para hacerlo podemos proponer al menos dos opciones y que sean ellos quienes decidan con cuál se quedan. Sin embargo, es obvio que ambas opciones deben favorecer la petición que le estamos haciendo.
  • Dar el ejemplo y ser constantes con lo que se acuerda, es garantía para negociar también. Los niños están siempre atentos por si todos los miembros de la familia cumplen con los acuerdos, porque una pifia en los demás es aprovechado por ellos para hacer lo que desean.
  • La paciencia y buena comunicación nunca está de más en estos casos. Escucharlo con atención nos permite conocer sus intenciones y sentimientos; también es importante asegurarse de que el niño comprende las sugerencias y las normas.

La última recomendación, pero no la menos importante, es la demostración de afecto; hablar con cariño y darle muestras de nuestro amor, también es valioso cuando queremos que nos preste su atención. Sin embargo, se debe procurar ser oportunos en estos gestos, para que este pueda discernir cuando se trata de una recompensa por su buen comportamiento.