¿Qué es el mutismo selectivo infantil?

Amanda · 11 julio, 2017
El mutismo selectivo es un trastorno que requiere de la intervención y diagnóstico de un especialista. Como padres, debemos estar atentos a las señales y saber cómo actuar ante ciertas circunstancias. 

La afección conocida como mutismo selectivo es más común de lo que creemos. A muchos niños le sucede de manera repentina, pero no todos los padres lo reconocemos como una enfermedad. Se trata de una situación que lleva a los pequeños a quedarse mudos en distintos contextos.

A veces sucede que un niño, aun cuando sabe hablar, prefiere callar en ciertos lugares. Se trata de un trastorno de ansiedad infantil que suele ser diagnosticado en torno a los 5 o 6 años, aunque suele aparecer antes. La detección temprana del mismo por parte de un especialista y un buen acompañamiento evitará la cronificacion de los síntomas.

La manera en la que tratamos a nuestros hijos cuando ocurren estos episodios no siempre es la correcta. Puede llegar a estresarnos y hacernos perder la paciencia. No obstante, los psicólogos señalan que de hecho es un trastorno que debe tratarse para evitar complicaciones. Es decir, si dejamos de actuar en relación al mutismo selectivo, esto puede volverse más grave.

Los especialistas sugieren que acudamos a un profesional cuando notemos los síntomas de esta afección. A continuación te contamos cómo se manifiesta el mutismo selectivo y cómo actuar ante este caso.

Síntomas del mutismo selectivo infantil

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Los psicólogos explican que el mutismo selectivo no solo se manifiesta con tener episodios aislados en los que el niño no quiere hablar. Otras señales indican que está sufriendo esta afección. Entre las principales tenemos:

  • Ansiedad ante la presencia de desconocidos o de personas con quienes no trata regularmente.
  • Timidez la mayor parte del tiempo.
  • Incapacidad total o dificultad para hablar en determinados contextos, por ejemplo al llegar a la escuela, en el parque y en lugares públicos en general. Sin embargo, en el hogar es un niño que muestra capacidad para hablar y socializar con personas cercanas.

Para estar seguros de que se trata de este trastorno, es preciso observar al niño actuar de esta manera durante más de un mes. En tal sentido, es posible confundir los síntomas si son sus primeros días de clase o cuando se está integrando a un ambiente nuevo.

Es normal que algunos pequeños actúen con timidez o parezca que no quieren hablar en ciertos escenarios. El verdadero problema ocurre cuando el comportamiento se repite y se mantiene durante meses.

¿Cómo actuar para combatir el mutismo selectivo?

La clave para ayudar a nuestros hijos a superar el mutismo selectivo se halla en la manera en la que actuamos ante estos episodios. Si no tenemos suficiente tacto, sin querer podríamos provocarle daño psicológico, pues es algo que él no puede controlar. Para mejorar la situación, los expertos recomiendan acudir inmediatamente a un especialista y buscar ayuda responsable, pues serán ellos quienes mejor sepan determinar cómo hay que actuar.

Además de esto, los padres pueden tener en consideración las siguientes pautas:

“Un entorno claro hace que el significado sea más fácilmente accesible”

-J. G. T. Van Dalen-

  • Es necesario equilibrar las relaciones sociales del niño, para ello deben existir las condiciones personales pertinentes. Al respecto, es conveniente que familia y amigos cercanos estén conscientes del problema, a fin de que puedan colaborar para vencerlo.
  • Fomenta grupos de estudio, invita a amigos de su agrado y procura que comparta principalmente con niños de su edad.
  • Un factor determinante en la solución consiste en reforzar la autoestima del pequeño. Para ello es recomendable evitar la sobreprotección, que pueda limitar su autoconfianza. Dejarle realizar pequeñas tareas por sí mismo le ayudará a confiar en sus capacidades; además, serán el tema de conversación.
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  • Valorar abiertamente los méritos de tu hijo contribuye a que él esté enterado de que todos conocen sus cualidades, y que por lo tanto, es respetado,
  • Adecuar la conversación entre padres e hijos es primordial en estos casos. Escúchalo con cuidado para que tenga confianza e interés en hablarte. A veces nuestros hijos no nos hablan porque de antemano suponen que no les prestamos atención, y quizá lo estemos haciendo.
  • La motivación cuando lo hace bien es tan importante como cuando falla. Conviene evitar las críticas antes sus fallos. Recordemos que nuestro fin es animarlos a actuar y salir de su mutismo, no buscar la perfección.
  • Las comparaciones con los hermanos u otros niños son perjudiciales en estos casos. Déjalo que hable cuando quiera y no porque deba hacer lo mismo que los demás.

Y, por supuesto, evita etiquetarlo de “tímido” si le ha sido diagnosticado el trastorno. Las etiquetas son tan dañinas como la presión y la represión.