El microbioma intestinal de mi bebé: ¿por qué importa?

28 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la bioquímica Luz Eduviges Thomas-Romero
El microbioma intestinal puede influir en muchas células de nuestro cuerpo y, al hacerlo, influir en nuestra salud general. Si este ecosistema se altera, se hace menos diverso o con un predominio de especies poco saludable, aumenta el riesgo de padecer enfermedades metabólicas y mentales.
 

El microbioma intestinal se define como el repertorio de microbios que habitan en nuestro intestino. Según la ciencia, interactuamos con ellos desde que estamos en la placenta. En el alumbramiento, cuando nacemos para el mundo, estrenamos nuestro primer repertorio de microbios que tomamos del entorno, la piel de nuestra madre y la lactancia.

Los microbios que habitan en nuestro cuerpo son tantos que, indefectiblemente, afectan el funcionamiento de todas nuestras funciones. Podemos visualizarlos como una enorme comunidad, un ‘consorcio’ de células que nos completa, nos integra.

El microbioma intestinal en números

Sorprende saber que la ciencia ha estimado que más de 1014 especies de microorganismos, que incluyen bacterias, arqueas y eucariotas, residen en el tracto gastrointestinal de un humano adulto. Según un estudio en 2016, el número de células microbianas es, aproximadamente, igual al de células humanas en un individuo.

Dibujos de unos intestinos hablando sobre microbios.

La obligada convivencia con nuestro microbioma intestinal

Con las cifras en mente, es fácil comprender que este ejército microbiano desempeñe funciones vitales para nuestro estado de salud. De mayor impacto, resulta conocer que el microbioma afecta funciones corporales más allá del intestino.

 

Entre las tareas que ya han sido establecidas por estudios científicos, está la protección contra posibles patógenos gastrointestinales. Muy importante resulta el hecho de que el microbioma aporta de mediadores químicos que ejercen propiedades neuroactivas, es decir, que influyen en el cerebro.

La composición del microbioma intestinal tiene consecuencias en el desarrollo neurológico

Diversos estudios demuestran la importancia de que se establezca en el intestino una composición microbiana saludable. El microbioma intestinal inicia su conformación desde el primer día de vida y se estabiliza hacia los 2-3 años de edad. Este mismo periodo también se caracteriza por un intenso desarrollo neurológico en humanos.

En este contexto, diversos estudios han concluido que la disbiosis intestinal temprana puede influir en el desarrollo neurológico a corto plazo y que también puede conducir a problemas de salud mental más adelante en la vida.

¿Qué determina el microbioma intestinal del bebé?

La primera dosis de bacterias se recibe dentro del útero de nuestra madre, luego, a través de la microflora vaginal e intestinal de nuestra madre, si nacemos por vía vaginal. Finalmente, a través de la lactancia materna y el contacto de piel con piel.

Es un hecho que existen diferencias significativas en la microbiota intestinal de los bebés en lactancia exclusiva en comparación con los alimentados con fórmula infantil. La lactancia materna exclusiva ayuda al bebé a desarrollar un microbioma intestinal saludable y diverso.

 

La leche humana contiene bacterias (probióticas) que la madre transmite al bebé durante la lactancia. Además, se ha reportado que la leche humana posee un extenso repertorio de oligosacáridos (prebióticos), que sirven de alimentos para las bacterias buenas en el intestino del bebé.

Microbioma intestinal.

¿Qué es la disbiosis intestinal?

La disbiosis intestinal es la alteración del predominio de especies que conforman el ecosistema microbiano intestinal. Es importante conocer que el repertorio microbiano dentro del tracto gastrointestinal depende de muchos factores, incluidos nuestra carga genética, nuestra fisiología, nuestro entorno.

A lo largo de la vida, el microbioma intestinal se verá alterado, y esta alteración tendrá efectos sobre las funciones corporales. El desbalance prolongado del microbioma intestinal ha sido asociado a una lista de padecimientos crónicos o de origen desconocido.

Se acepta que el desbalance de este ecosistema puede darse paulatinamente, por ejemplo, asociado a hábitos de alimentación o súbitamente. Entre los principales factores que se reconocen, influyen de manera rápida y drástica la composición del microbioma; se cuenta el tratamiento con antibióticos, el estrés, la infección, la genética del huésped y la ingesta.

 

Enfermedades que han sido asociadas a la disbiosis intestinal

Un cúmulo de investigaciones destaca el riesgo de padecer enfermedades crónicas asociadas al sufrimiento de disbiosis intestinal en niños o adultos. Entre ellas, se cuenta el síndrome del intestino irritable, la obesidad, diabetes, síndrome metabólico y alergias.

Pero también la disbiosis se ha asociado con trastornos psiquiátricos como, por ejemplo, depresión, Enfermedad de Parkinson, esquizofrenia, trastorno del espectro autista y, por último, trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

 
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