La maternidad no es una competencia, ¡disfrútala!

Macarena46 8 octubre, 2016

La maternidad no es una competencia, sino que debe ser disfrutada. No se trata de enfocarse en tener al niño más bello o inteligente. Tampoco consiste en ser la mejor ama de casa capaz de mantener más reluciente el hogar y cocinar los mejores manjares.

Pues la maternidad es básicamente aquella historia que escribes día a día junto a tus hijos. Es eso que pone color a tus días desde el momento que materializaste el milagro de la vida. Por eso, el secreto de la maternidad reside en disfrutar todo lo que implica y ofrece, que no es poco.

Aprovecha cada instante de la maternidad

Cuando te conviertes en madre, seguro que te sientes abrumada por los consejos que no deseas recibir. Incluso, avasallada por todo aquello que crees que debes hacer. Sin embargo, solo debes concentrarte en lo que verdaderamente importa: esa vida que comienzas a moldear.

Como verás, los niños crecen demasiado rápido y, cuando te quieres dar cuenta, es tarde. Por eso, saca provecho a cada etapa del niño, a cada momento que puedes compartir. Con el correr del tiempo, te darás cuenta de que te has perdido de mucho en tus maratones de orden y aseo.

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Pues no hay vuelta atrás. Hay un momento para disfrutarlos en brazos y generar una conexión única que no se repetirá jamás. Aunque estés cansada o quieras deleitar a todos con tus dotes gastronómicos, juega con tu hijo. De allí saldrá la miel de la maternidad.

Deja a un lado los quehaceres de diversa índole para prestarle unos minutos a sus originales e ingeniosos comentarios. Resuelve también cada una de sus ocurrentes dudas y preguntas. Esta etapa de las monerías puede abrir paso a las más desopilantes anécdotas.

De este tiempo compartido en la maternidad, saldrán los más gratos recuerdos a futuro. De esta historia escrita en familia, el mejor legado para tus hijos. Sin dudas, debes entregarte a la maternidad y no preocuparte por aquello que sí puedes dejar para mañana.

El futuro se encargará de enfrentarte a un hijo al que ya no puedes cargar en tus brazos. Por supuesto, llegada esta etapa, tampoco podrás ofrecerle todas las muestras de cariño físicas que has guardado en esa absurda competencia. Ya no podrás generar momentos de juego en la época más plástica e inocente de su vida.

La maternidad, años más tarde

Con el correr del tiempo, las cosas habrán cambiado “un poco mucho” para con ese pequeño retoño que ayer no podía sostener su propio cuerpo. Aun así, recuerda siempre un lema fundamental para toda madre: “La maternidad no es una competencia, ¡se disfruta!”.

Disfruta la maternidad

Seguramente, esta etapa se presenta con infinidad de dudas y miedos que rondan la mente de tu hijo. Pues se opone a una serie de cambios corporales y hormonales profundos. Se enfrenta a nuevos ritmos escolares, renovadas responsabilidades y obligaciones.

Tu hijo comenzará a batirse a duele con el humor y con el amor. Allí aparecerán los más molestos actos de rebeldía. Llega para ti un momento en el que la paciencia, la templanza y la asertividad se convertirán en tu escudo. Ese mismo instrumento es que debes delegarle a tu hijo.

Si ese inseguro y temeroso adolescente fuera una vasija, debes ir moldeándola. Y, ciertamente, conservando en su interior altas dosis de seguridad y autoestima. Incluye aquí también una pizca de perseverancia y tenacidad. Otorga además el don de la escucha y el razonamiento.

Bríndale todas aquellas herramientas que consideres elementales para poder hacer frente a esta dura y compleja etapa. Dótalo de las armas que puedan servirle para toda su vida, a fin de que se reciba de buena persona. Pero para ello, nuevamente, debes dedicar tiempo.

Suelta la fregona, deja que el cesto de ropa por lavar se convierta en una montaña, olvida esos impactantes platos de autor. Nada de eso es lo que necesita realmente tu hijo, más que tú. Vive siempre el presente, acompañando cada etapa de desarrollo de tu hijo.

Recuerda que la maternidad no consiste en una competencia entre madres. La maternidad es aquello que pasa mientras tu pequeño crece. Es básicamente ser la mejor mamá para tu pedazo de cielo. Permítete disfrutar del regalo más bello de la vida.

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