La influencia de las expectativas en los niños. Profecía autocumplida

Carmen 5 marzo, 2017

Los padres creamos desde que nuestros hijos son muy pequeños expectativas sobre su futuro. En muchas ocasiones estas expectativas pueden ser un lastre para los niños y les pueden afectar negativamente. Se denomina “profecía autocumplida” o Efecto Pigmalión a como esas expectativas tanto positivas o negativas que se crean en la familia o en el centro escolar pueden afectar a los niños.

Incluso puede suceder que los padres no nos hayamos creado estas expectativas conscientemente. Los padres de hoy en día queremos educar a nuestros hijos de forma responsable. Pero muchas veces no nos damos cuenta del valor de nuestras palabras. Por ejemplo si desde pequeño vemos que nuestro hijo no es muy bueno en educación física involuntariamente podemos influir en no fomentar en él expectativas en este campo. El niño podría haber desarrollado habilidades en esta disciplina o en otras pero desde pequeño tiene la “etiqueta” de que no se le da bien.

También las expectativas se forman en el colegio. Los profesores pueden crear una imagen de cada alumno que puede influir en su comportamiento. Los docentes deben dar confianza y responsabilidad a los estudiantes antes de ponerles etiquetas o límites.

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Expectativas negativas

Los padres a veces sin darnos cuenta decimos palabras que pueden afectar al futuro de nuestros hijos. Por ejemplo tendemos a decirles que sacan malas notas porque son vagos o que pierde las cosas porque no tienen cabeza. Nos educaron de una forma diferente, creyendo que con estas frases se lograba una motivación de los hijos para superarse. Pero lo cierto es que todos estos comentarios van calando en los niños poco a poco y les marca con etiquetas y límites para el futuro.

Se trata de lo que se llama “profecías autocumplidas” por las que el niño es vago o despistado para todos. El niño al final no se esforzará para no ser vago ni dejará de ser despistado. Hay que ser conscientes de que con estas etiquetas vamos marcando a los niños para el futuro. Su comportamiento queda condicionado y generará respuestas negativas y frustración en el futuro.

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Medir nuestras palabras

En el momento en el que los padres nos damos cuenta de que las palabras pueden afectar a los niños, podemos empezar a cambiar nuestra actitud. Los padres tendremos que empezar a medir nuestras palabras y no transmitir etiquetas en nuestros comentarios.

Si a nuestro hijo le estamos diciendo constantemente que es inteligente pero vago y no tiene más interés que la consola y los juegos, seguro que en un futuro reafirmará esa conducta. Por el contrario si nuestro hijo sabemos que no es tan inteligente pero sí trabajador y reforzamos esa conducta. Seguro que en un futuro el niño seguirá por ese camino y se esforzará en sus estudios.

Las expectativas negativas además pueden afectar mucho a los adolescentes. En esta etapa se encuentran en una situación vulnerable. Las palabras pueden afectar a su desarrollo y su futuro. Los niños y los adolescentes van formando el concepto de sí mismos con las valoraciones que van recibiendo de los demás. Las valoraciones de adultos como los padres o los profesores son muy importantes para este proceso.

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Motivar a tus hijos

Aunque las valoraciones pueden afectar negativamente a tus hijos, también puedes utilizarlo de forma positiva. Si ves que tiene dificultades, ayúdale a descubrir sus habilidades y a esforzarse día a día. Los niños tienen que sentir que el entorno confía en ellos. Si vas reforzando la confianza en sí mismo, el rendimiento mejorará.

Pero no olvides que es importante también que no les mintamos acerca de sus capacidades. Si a tu hijo no se le da bien la Educación física anímale a superarse pero no le digas que puede llegar a metas muy altas que no va a poder hacer. Por ejemplo no le digas que va a ser un cantante de éxito o que va a entrar en la NBA si no tiene capacidades para ello. Tienen que conocer sus limitaciones y los padres también. Los niños pueden sentir  frustración si al final no lo logran. Hay que valorar sus logros y ayudarle a superar sus fracasos.

El secreto para una motivación con éxito, es que creas en tu hijo y que lo aceptes. Si un padre motiva a su hijo, el niño se sentirá cada vez más capaz de intentarlo. Si un padre acepta los límites de su hijo, el niño no sentirá frustración.

Una tarea que los padres tenemos que proponernos desde que son pequeños. Debemos motivarles y apoyarles desde que comienzan la educación infantil. Esta etapa determina en gran parte el desarrollo emocional de los niños. No lo dudes y motiva a tu hijo desde el primer día de su vida.

 

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