¿A qué hora deben acostarse los niños para ir al colegio?

13 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El sueño es de suma relevancia para el correcto desarrollo físico y mental de los niños. Por ello, es necesario conocer y aplicar las recomendaciones respecto a sus horas de descanso.
 

El inicio de la etapa escolar, bien sea en un colegio o en una escuela infantil, supone grandes cambios para los niños. Uno de los más significativos es la necesidad de adaptar los horarios de sueño. Ya no es posible permitir que el infante regule sus propios ciclos y se acueste y despierte en función de sus necesidades. Ahora hay una obligación que nos limita. Por ello, en este artículo te vamos a proporcionar ciertas pautas sobre la hora a la que deben acostarse los niños.

El sueño es una función elemental para el correcto desarrollo físico y mental de los pequeños. Durante el descanso se liberan importantes hormonas que regulan su crecimiento y su proceso metabólico. Pero, además, en este momento se crean y fortalecen conexiones neuronales que influyen en el aprendizaje y la creatividad. Dormir lo suficiente es imprescindible para que el niño pueda integrar sus vivencias y asimilar nueva información. 

La falta de sueño puede generar somnolencia diurna, problemas de concentración e irritabilidad. Además, se ha relacionado esta situación con un mayor riesgo de padecer hiperactividad. Por ello, es importante que conozcamos las necesidades del niño y le procuremos un descanso de calidad.

 
Las circunstancias personales de cada niño influye en la hora a la que deben acostarse los niños.

¿A qué hora deben acostarse los niños?

Edad

Sin duda, uno de los factores más relevantes a la hora de determinar a qué hora deben acostarse los niños es su edad. A pesar de que los requerimientos van disminuyendo a medida que el infante crece, no se recomienda que ningún menor de nueve años duerma menos de 10 horas. A partir de ahí, existen ciertas directrices que podemos tener en cuenta.

Hasta los tres años de edad, los niños necesitan dormir una media de entre 11 y 13 horas. Con esta información, hemos de realizar un cálculo en función de la hora a la que deba levantarse. Si el pequeño entra a la escuela a las 9:00 h y necesitamos una hora para desayunos, preparación y traslados, habrá de levantarse a las 8:00 h. Teniendo esto en cuenta, no deberíamos acostarlo más tarde de las 20:00 u 20:30 h.

 

Entre los tres y los cinco años, los niños requieren unas 10-12 horas de sueño. A pesar de que la necesidad es algo menor, hemos de tener en cuenta que a esta edad son muchos los colegios que suprimen la siesta. Es decir, todo su descanso dependerá del sueño nocturno. Por ello, si se levanta a las 8:00 h, sería aconsejable que se acueste alrededor de las 20:45 h.

De los seis a los nueve años, lo recomendable es que el pequeño duerma entre 10 y 11 horas. Por tanto, puedes ir haciendo pequeñas reducciones con cada curso escolar, procurando siempre que se respete el mínimo de 10 horas.

A partir de los 10 años, la exigencia no es tan estricta. El niño comienza a sentirse mayor y reclamará un horario más ajustado a su nuevo estatus. En este caso, 9 horas de sueño pueden ser suficientes. Por lo que, al levantarse a las 8:00 h, deberá acostarse alrededor de las 22:15 h.

Niña durmiendo en su cama.
 

Circunstancias personales

Pero la edad no es el único factor a tener en cuenta. Hay adultos que con seis horas de sueño se despiertan frescos y despejados, y otros que necesitan más de ocho horas. Con los niños ocurre lo mismo: no todos tienen las mismas necesidades.

Cualquier madre podrá corroborar esta diferencia de necesidades entre hermanos. Por ello, y teniendo siempre en cuenta unos mínimos indispensables, hemos de fijarnos en las particularidades de cada niño.

Si al pequeño le cuesta trabajo despertarse y se encuentra irritable y desconcentrado durante el día, habrá que aumentar sus horas de sueño. Por el contrario, si se despierta antes de tiempo activo y despejado, podremos permitir que se acueste algo más tarde. También hemos de tener en cuenta el nivel de actividad física que realiza el niño, ya que influirá en que llegue más o menos cansado al final del día.

Finalmente, recordemos que acostarse no es lo mismo que dormirse. Rituales como charlar en la cama o leer un cuento ocupan un tiempo que hemos de tener presente a la hora de planificar los horarios. Tal vez sea necesario irse a la cama quince minutos antes para llevar a cabo esta actividad sin que afecte a las horas totales de sueño.

 
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