Mi hijo no es raro ni especial, está enfermo y lo amo

Amanda · 11 noviembre, 2015

Ciertos estereotipos sociales han convertido las enfermedades de los niños en casos de involución personal. El término especial es usado comúnmente para definir a niños con trastornos congénitos como el síndrome de Down, pero cuando un niño sufre de algún otro trastorno de la conducta, muchas veces la falta de conocimiento e incluso, de respeto, hace que muchas personas los traten de raros.

La rareza es un elemento que no es tan fácil definir. Algo es raro cuando no se parece a las cosas que vemos todos los días. Una persona es considerada rara por distintas razones; a veces son rasgos faciales exagerados o alguna deformidad, pero lo cierto es que una persona enferma tiende a ser considerada como rara.

Una madre cuyo hijo es tildado de especial o raro, no puede estar contenta, sobre todo porque el amor materno es capaz de superar cualquier prueba de la vida. Cuando sabemos la naturaleza de la enfermedad podemos ser más considerados, pero el respeto por las condiciones de salud que aquejan a un niño debe ser superior a cualquier pensamiento vano.

Los retos de los padres de un niño enfermo

Nadie puede juzgar a una madre dedicada, sobre todo cuando su hijo esté enfermo; sin embargo, la sociedad le impone un reto personal, porque tanto adultos como otros niños tienden a señalar la condición de sus hijos.

Algunos problemas de conducta en los niños, no pueden identificarse con facilidad, lo cual promueve señalamientos injustos, como decir que es raro.

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En muchos casos, los niños que se relacionan con los que están enfermos, pueden ser crueles y algunas veces, incluso pueden llegar a sentir miedo. Esta situación, tiende a empeorar la condición de la madre, porque es posible que el niño no lo note (aunque esto pasa en pocas ocasiones), pero las mamás sufren por esto.

El niño enfermo por lo general no se da cuenta del contexto que le afecta, como recibir constantes terapias, tener un régimen médico estricto o acudir a centros de estudio especializados.En este caso, si se trata de una enfermedad congénita, este solo llega a conocer esta manera de vivir.

Sin embargo, son los padres quienes tienen que lidiar con los retos sociales, como que sus hijos sean tratados quizá con desprecio o que no puedan hacer su vida normal como la de otros niños.

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Los padres cuyo hijo nació enfermo deben estar en capacidad para enfrentar retos como:

  • Uno de los principales retos a enfrentar es personal; porque tienen que sacar un valor extremo, adecuar su vida a las condiciones de su hijo y estar dispuestos a superar nuevas metas. El miedo es uno de los retos personales a superar en estos casos.
  • Dependiendo del tipo de enfermedad que sufra el niño, este puede ser propenso a desarrollar otros problemas médicos con más frecuencia. Esto implica que además de su condición de nacimiento, el niño empeore con problemas de salud grave.
  • Los niños enfermos necesitan cuidados distintos, por eso debe existir una capacidad física, mental y financiera para solventar las eventualidades. Localizar los insumos, las instituciones y los profesionales en la materia, puede ser tan difícil como tener que pagar por ello.
  • Defender al niño de la sociedad que lo cataloga de raro y no promueve espacios para su desenvolvimiento óptimo, es una barrera difícil de traspasar. Por eso los padres deben estar preparados mentalmente para que sus esfuerzos mantengan a su hijo a salvo de las injusticias.
  • Dejar de lado sus intereses personales y dedicar su vida entera a su hijo, es algo que el amor consigue con facilidad, pero nunca deja de ser difícil evitar que nuestras individualidades nos superen. Amar a nuestro hijo con necesidades especiales, no impide que a veces aparezcan ganas de renunciar.
  • La negativa a aceptar que nuestro hijo es enfermo, puede ser perjudicial tanto para el niño como para el resto de la familia. Aunque puede ser muy difícil reconocer que el niño necesita intervención médica, es fundamental para que la calidad de vida familiar mejore.
  • Equilibrar la atención que reciben todos nuestros hijos, supone un esfuerzo indispensable; pues, aún cuando uno de los niños demande más atención que otro, como padres debemos ser justos con todos los miembros de la familia.