Mi hijo ha devuelto la ternura a mis días

Adrianazul · 28 abril, 2017

Si hay algo que aprecian los padres de sus hijos es la maestría y la ternura con la que los han enseñado a ser mejores personas. Sin pretender serlo, los niños son los mejores maestros del mundo y también los mejores médicos; su presencia le devuelve a los días de todos los adultos que tiene a su alrededor la ilusión y la alegría de vivir.

La ternura de los niños le da belleza y sentido a la vida de quienes rodea. Las suaves caricias, los abrazos inesperados, las miradas cómplices, la serenidad, la delicadeza y el amor sincero que tu hijo te regala, seguramente le ha devuelto el sabor a miel a tus días y también los ha impregnado de un nuevo sentido. Y es precisamente ese dulzor lo que compensa con creces todo el esfuerzo que haces por atender a tu bebé durante cada jornada.

Cada gesto de ternura que recibes de tu hijo, al igual que los que tú le ofreces a través de atenciones y buenos tratos, alimenta el vínculo amoroso que existe entre ambos. Además este valor establece el terreno perfecto para que su relación crezca en un ambiente donde abunde el respeto.

La presencia de tu hijo te ha hecho experimentar de nuevo un profundo encuentro con el amor. Tener a un bebé entre tus brazos te permite vivir muchos momentos de  especial intimidad, en los cuales sobran las caricias y las sonrisas.

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La ternura es un valor que se cultiva

Cultivar la ternura de tu hijo como un valor positivo lo ayudará a expresar afecto, a saber escuchar y a fomentar el sano hábito de la empatía.

Además, apreciar la inocencia de los niños nos ayuda como sociedad a recordar que los mejores momentos de la vida están llenos de detalles simples. Ver la existencia a través del cristal con que miran los ojos de los niños, sin duda te ayudará a crecer como persona.

Y el hecho de que tu hijo crezca en un ambiente lleno de dulzura, le ofrece las condiciones ideales para que desarrolle de manera activa su inteligencia emocional, un elemento clave para su desarrollo como persona.

Este tipo de inteligencia no solo le ayuda a identificar y regular sus emociones sino que también lo ayuda a entender que algunas personas actúan de manera brusca porque están llamando la atención de manera inadecuada.

La ternura de los niños, nos recuerda a los adultos que todos los seres humanos, sin importar la edad ni la circunstancia en la que vivamos, tenemos la inmensa necesidad de dar y recibir amor y que cuando no lo hacemos la vida parece que se nos oscurece.

Dar amor es simple

Los niños nos hacen ver con cada uno de sus gestos que no hace falta esforzarse demasiado para ser tierno, al contrario la máxima expresión de la ternura es la espontaneidad, y en eso de ser espontáneos ellos son unos expertos.

Y de hecho, una de sus especialidades es recordarnos que no hace falta esforzarse para poder hablar con ternura, mirar con ternura y abrazar con ternura. Este tipo de gestos brota en ellos de manera natural porque dominan a la perfección el arte de sentir la esencia de las demás personas, sobre todo la de su mamá, a quien le recuerdan de manera especial que esos detalles que parecen pequeños o simples son los que verdaderamente llenan el corazón.

La espontaneidad con la que los niños ventilan sus pensamientos y demuestran sus sentimientos, sin duda vitaliza a los ancianos y desarma a cualquier padre. Nadie duda de la sinceridad de un abrazo o de un beso de un niño, quien entrega con pequeños gestos lo más importante de la vida: El amor.

Con el correr de los días tu hijo te enseñará que la ternura no es un sentimiento exclusivo de la relación entre ambos, pues toda la familia se nutrirá de ese gran valor que renueva las relaciones entre hermanos y compañeros, quienes verán que el amor crece todos los días cuando lo alimentas con detalles.

Los niños siempre representan la alegría de un hogar porque su ternura y su sencillez nos hace experimentar en carne propia que para dar, expresar, acoger y recibir amor con el nivel de sinceridad con el que ellos lo hacen es lo que nos hace falta ser una gran persona.