¿Es posible educar sin recompensas?

07 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la pedagoga María Matilde
Como todo en la vida, nunca son buenos los excesos, ni tan siquiera los premios. Hablaremos en este artículo sobre si es posible educar a nuestros hijos sin utilizar las recompensas.
 

Para conseguir que nuestros hijos adopten determinados comportamientos, en ocasiones, los padres utilizamos las recompensas para conseguirlo. Si bien un premio, muy de vez en cuando, es bienvenido, no debemos abusar de ello y debemos esforzarnos por conseguir educar a nuestros hijos sin recompensas.

¿En qué consiste educar con o sin recompensas?

Como una forma de mejorar el comportamiento de los hijos, se utiliza una técnica de modificación de conducta que consiste en otorgar una recompensa. Así, para lograr que un niño incorpore una nueva conducta o que deje de tenerla, si los adultos consideran que no es adecuada, se le ofrece a cambio una recompensa.

De esta manera, para conseguir que un niño se lave los dientes todos los días, coma más verdura o se quede en el cole sin llorar, los adultos les ofrecen premios y regalos como recompensa. Estos premios pueden ser desde regalos materiales, como juguetes o comida, hasta tiempo libre para jugar en el parque o con algún familiar o amigo.

Madre e hija enfadadas.

Un premio vale, pero muchos son demasiados

Ahora bien, cuando un premio es una constante para que nuestros hijos modifiquen un comportamiento, no es bueno. Es necesario tener cuidado cuando la espera de una recompensa o un premio se convierte en una forma de manipulación por parte de los hijos. Ellos no deben acostumbrarse a modificar, descartar o incorporar una nueva conducta solo por el hecho de obtener algo a cambio, sino que, por el contrario, los niños deben aprender que hacer algo bien es su responsabilidad.

 

Por lo tanto, la modificación de un comportamiento por parte de nuestros hijos debe tener una motivación intrínseca y no debe estar relacionado con un premio externo. Si para educar a nuestros hijos recurrimos siempre a la recompensa, podemos caer en un error.

Educar sin recompensas, una tarea complicada pero no imposible

Es importante que los padres intenten no recurrir siempre a la recompensa como técnica para obtener resultados con los hijos. Porque esto no permite conseguir resultados educativos profundos ni a largo plazo. Es decir, no conseguimos educar a nuestros hijos en el sentido de la responsabilidad, del compromiso y del esfuerzo.

Los adultos deben transmitir a los niños un sentido intrínseco de la recompensa basada en una satisfacción interna y personal. Un satisfacción relacionada con intentar ser mejor y aprender algo nuevo cada día. El premio a cambiar de actitud frente a algo o alguien, hacer o aprender algo nuevo, o ampliar nuestro repertorio de comportamiento, debe ser una motivación interna de los niños.

Madre intentando aprender a educar sin recompensas a su hija.

Por lo tanto, nos encontramos en condiciones de decir que no es fácil educar sin recompensas, pero no es imposible. De lo que se trata es de generar conciencia en los niños, transmitiéndoles la importancia que tiene cambiar de actitudes. Y poder, de esta manera, enseñarles que el mayor premio y recompensa que se puede obtener es ser mejor cada día y conseguir lo que uno se propone.

 

“Nadie que haya hecho algo realmente grande o exitoso lo ha hecho simplemente porque se sentía atraído por lo que llamamos una recompensa o premio, o por el miedo a lo que llamamos castigo. Toda victoria y todo avance en el progreso humano viene de una compulsión interna”.

-María Montessori-

Por último…

No debemos confundir recompensas y premios con halagos y ánimos. Una cosa es que los adultos utilicemos recompensas y premios para conseguir que los niños hagan lo que nosotros queremos y otra muy distinta es que ellos aprendan, maduren y cambien sus comportamientos para mejor. Con lo cual, estos sí son los momentos en los que son buenos los halagos y los abrazos de ánimo, que reconfortan y motivan, y premian’ logros, sin necesidad de recompensas.