El padre que quiero ser

Adrianazul 4 julio, 2016

Carlos se acaba de enterar que va a ser padre. Desde que supo la noticia lo han embargado una gran cantidad de sentimientos, desea a su bebé como a nada en el mundo, pero siente miedo; sí  miedo, así de simple. Un torrencial de preguntas pasan por su mente pero, una de las interrogantes clave es: ¿Cómo es el padre que quiero ser? ¿Seré severo? ¿Bondadoso? ¿Muy noble o muy rígido?

La noticia de la llegada del bebé hizo que Carlos se reencontrara con sus sentimientos, poco a poco comenzó a conseguir las respuestas a sus preguntas y, de su profunda meditación surgen sentencias como esta: Quiero ser una versión mejorada de mí mismo, quiero tener la sabiduría suficiente para darle a mi hijo todas respuestas adecuadas ante las dudas que se consiga, justo como mi padre lo hizo conmigo.

De mi papá aprendí que un buen padre no siente temor de mostrarle a su hijo que él también es humano y llora, que no hay nada de malo en derramar lágrimas si la situación lo amerita, al fin y al cabo las lágrimas ayudan a desahogar el alma.

De mi padre también aprendí que conocer y conectarte con tus propios sentimientos, y también con los ajenos, más allá de ser una debilidad, te dota de temple, una cualidad que pocos varones poseen y, a su lado, entre otras cosas, también comprendí que lavar los trastes o el piso de la casa no nos hace más ni menos hombres.

La sociedad actual está regida por unos estandartes muy añejos sobre cómo se debe comportar un hombre. Se trata de un estereotipo en el que el comportamiento “ideal de un hombre” está cargado de una dureza  que está acompañada de conceptos que invitan a no demostrar los sentimientos.

¿Cuántos hombres no han querido desahogar por medio del llanto una pena? Y cuántos de estos hombres habrán reprimido su llanto por recordar frases como: Los hombres no lloran o aguántese como los machos, cuando la verdad es que esas frases encierran dentro de sí los conceptos más errados que les han podido inculcar al género masculino.

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Un buen padre te guía

Durante su reflexión, Carlos también descubrió esto: El padre que quiero ser no llegará cansado a casa evadiendo a su familia, más bien ha comprendido que el mismo ímpetu y emoción que ha puesto en la universidad o en el trabajo lo tiene que poner ahora en su hogar, ya que aquí es donde se encuentra el legado que deja a este mundo. Ese padre sabe que el trabajo se acaba cuando termina la jornada laboral, pero la vida no, en casa estará esperando toda la vida de una familia, “mi familia, el baluarte de mi porvenir”, dice.

El padre que quiero ser debe servir de líder y de guía; por eso debo actuar de manera consecuente con mis palabras y pensamientos, porque he comprendido que mi hijo será mi reflejo y que por lo tanto debo esforzarme siempre para no defraudarlo, debo actuar siempre con rectitud y honestidad; ese es el mejor ejemplo que puedo darle.

Voy a ser el súper héroe humano, este, a diferencia de los que verá en la gran pantalla de los cines, es ser un héroe real y palpable que entre otras cosas le podrá responder dudas, le podrá tender una mano en el momento adecuado y hacerle sentir seguro. ¡Ja! Esos sí que son verdaderos poderes humanos.

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El ejemplo es el verdadero valor de un súper padre

Un súper papá sabe que todos podemos caer, pero también que todos podemos levantarnos y que en esto radica la verdadera dificultad de ser padre, en conseguir todos los días el motivo para levantarse al caer y educar al niño, hacerle ver sus errores y corregirlo sin herirlo, educarlo con sabiduría salomónica, buscando siempre la equidad y la justicia, valores que deben comenzar a resplandecer en la casa, para que el niño descubra que no solo en casa se encuentra la justicia sino que está a donde sea que vaya.

Una de mis principales misiones es enseñarle a mi hijo que la vida está llena de pequeños detalles y que son estos los que marcan la diferencia de todo.

Los detalles son infinitos y a partir de ellos nos damos cuenta de que cada ser es único, digno de ser admirado y apreciado con detenimiento; esa es una buena lección para aprender cuando se es niño, es esencial y no debe ser olvidada nunca, pues lo alejará de ser un adulto aburrido, lo ayudará a conservar la pureza de los primeros años, cuando creemos que todo es posible y que el mal no existe.

Soy un hombre que prefiere la fidelidad, que ha comprendido que es mejor ser el hombre de una sola mujer que ser el hombre de muchas mujeres, que la lealtad y el compromiso es una tarea que solo es asumida por verdaderos hombres, por los más valientes… y también estoy consciente de que las palabras van y vienen pero los actos son recordados por siempre.

Muchos son los que en realidad tienen buen discurso para conquistar, ofrecer y galantear, pero son muy pocos los que actúan igual todos los días sin importar las circunstancias y ese es parte del conocimiento que le quiero a inculcar a mi hijo; por eso me empeñaré en ser el mejor padre y el mejor hombre que pueda, porque ya he entendido bien que ejemplo puede más que las palabras.

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