El enema en el parto

Francisco María García · 12 octubre, 2017

Durante el embarazo las futuras madres suelen tener muchas preguntas e inquietudes, entre ellas se encuentra el famoso enema en el parto.

Cuando se acerca el momento, estas expectaciones se concentran en cómo será el alumbramiento. Además, en los riesgos que corre la madre, en la salud del bebé, en mitos y creencias y otros múltiples temas.

Uno de los temores de las madres que están próximas a dar a luz es la aplicación del enema en el parto ¿Es necesario o no?

¿Qué es un enema?

También denominado como lavado, es un laxante que se administra introduciendo líquidos por vía anal para vaciar el colon. Hace efecto en un lapso de tiempo aproximado de 20 minutos.

Las dudas de la madre

No hay preocupaciones pequeñas para una mujer que está apunto de tener un bebé. Una de ellas suele ser el defecar durante parto.

Es común suponer que el esfuerzo de empujar propiciará la expulsión de heces fecales.

El simple hecho de defecar durante el parte podría ser embarazoso e incómodo. Imaginar este escenario en presencia de personal médico (conformado la mayoría de las veces por desconocidos) puede ser una verdadera fuente de estrés para la mujer.

A pesar de que todas las personas que suelen presenciar un alumbramiento están preparadas para todo lo que ocurre en el proceso. De ahí que muchas futuras madres piensen en la aplicación del enema en el parto como una opción.

La fase inicial del parto

Al llegar la hora del alumbramiento, es probable que el cuerpo por sí mismo, como mecanismo de preparación natural, sienta la necesidad de evacuar.

Si esto ocurre en la etapa inicial del parto no debe haber ningún problema. Las primeras contracciones provocarán ganas de ir al baño y la madre podrá hacerlo normalmente.

Además, si la madre es de hábitos regulares de evacuación, el enema no es necesario.

El enema en el parto hasta hace algunos años era una práctica común en la sala de parto.

Administrar un enema al llegar al centro de salud al momento de tener un bebé era una práctica normalizada. Las razones eran la prevención de infecciones.

El enema en el parto es una práctica común que ayuda a la mujer a liberar la materia fecal.

Se suponía que, si la mujer evacuaba al momento del parto, y el bebé entraba en contacto con las heces fecales, ambos corrían el riesgo de infectarse.

También se pensaba que la aplicación del enema estimulaba el parto y que reducía el tiempo del mismo.

¿Cuándo utilizar el enema en el parto?

  • Cuando la madre sufre de estreñimiento o cuando la cantidad de heces fecales acumuladas es muy abundante, se puede dificultar el parto.
    • La manera de averiguarlo es a través de un tacto. Si el médico o la matrona pueden palpar las heces retenidas a través de la pared posterior de la vagina, es recomendable aplicarlo.
  • El enema en el parto también está recomendado en caso de que para la madre el miedo de evacuar sea tal, que genere estrés y le impida vivir ese momento de una manera tranquila.

Lo que la madre debe tener claro es que el enema no es obligatorio, a menos que el obstetra lo señale así. Debe estar informada en la mayor medida posible.

Hay que recordar que el parto es un evento natural en el que puede haber eventos poco agradables, pero perfectamente normales.

El rasurado perineal

Junto a la práctica de la aplicación del enema en el parto, se efectuaba rutinariamente la rasuración del vello que rodea la vagina.

La razón principal era que se pensaba que la eliminación del vello reducía los riesgos de infección durante la episiotomía.

La episionomía consiste en una incisión que realiza el médico en la zona del periné, desde la zona posterior de la vulva hacia el ano. Es una práctica quirúrgica que tiene como finalidad ampliar el canal de parto para evitar desgarramientos y facilitar el proceso tanto para el bebé como para la madre.

Tanto la aplicación del enema como el rasurado estaban estrechamente ligados a la episiotomía. Estudios de las últimas décadas han cuestionado las tres prácticas, reduciendo cada vez más su frecuencia.

Los argumentos son que no representan grandes beneficios para la madre o el niño. No evitan enfermedades, no mejoran los tiempos de recuperación ni disminuyen otro tipo de riesgos.

Por ello, únicamente hay que aplicarlos en casos en que sea necesario. La madre debe tener absoluta confianza en el profesional que le acompañe en el parto, lo cual la ayudará a sentirse cómoda y segura.