El efecto de las peleas domésticas en los niños

Gladys · 25 noviembre, 2015

Los niños son más sensibles a las situaciones de desavenencias de lo que podamos imaginar. El llanto, los gritos y las peleas de los seres que consideran admirables e invencibles (sus padres) podrían impactar negativamente su integración con la sociedad en el futuro. Es por este motivo que en este artículo estaremos analizando el efecto de las peleas domésticas en los niños.

Las peleas domésticas tienen efectos poco favorables en nuestros niños, ya que en el momento que presencian una pelea se pueden sentir nerviosos, ansiosos  e inclusive culpables.

Todo este cúmulo de conflictos frecuentes podrían tener grandes repercusiones en su desarrollo. Es por este motivo que debemos analizar bien qué es lo que está sucediendo y ponernos de acuerdo con nuestra pareja, con el objeto de evitar las peleas en su presencia.

En general la convivencia puede ser complicada y en muchas ocasiones quizás no estemos de acuerdo con las ideas de la otra persona. No obstante es importante pensar que, aunque no coincidan las opiniones, el respeto, la tolerancia y la paciencia deben prevalecer con el objeto de proporcionar a los niños un hogar tranquilo y sano emocionalmente.

Una buena comunicación es la base para el entendimiento. Todos sabemos que a veces es difícil ponernos de acuerdo en algunos temas que son algo sensibles, tales como: administrar el dinero, asumir un problema o tomar una decisión importante. Cualquiera de estos diferentes tópicos pueden  convertirse fácilmente en  motivos de debate.

Tratar de conseguir un consenso en las opiniones, es vital y necesario, pero debemos ser oportunos, respetuosos y siempre usar un tono de voz adecuado.

De esta manera será mucho mas fácil que nuestros hijos entiendan que las discusiones no significan un quiebre o una separación familiar, ni mucho menos que se está dejando de sentir cariño el uno por el otro.

Consecuencias de las peleas domésticas sobre los niños

 

Cuando las discusiones o diferencias se salen de control los niños se pueden sentir aturdidos y experimentar cansancio, dolor de cabeza, estrés e impaciencia. A mediano o largo plazo podríamos observar que tienen conductas inadecuadas y comportamientos negativos de rabietas y rebeldías.

En un hogar disfuncional uno de los problemas que podría frecuentar un pequeño es la dificultad para conciliar el sueño o rechazo a sus iguales a la hora de relacionarse, entre otros problemas.

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Los niños pueden sacar conclusiones erróneas sobre los motivos que causan  los altercados entre sus padres, por lo cual podrían estar experimentando sentimientos de culpabilidad y comenzar  tener cambios en su personalidad y emociones (actitudes retraídas, intolerantes y depresivas).

Sin embargo, no existen familias perfectas. En todo hogar feliz pueden aparecer discusiones esporádicamente, pero mamá y papá deberán explicarle a sus hijos la normalidad de esto, evitar en lo posible que inicien las disputas en su presencia y hacer uso de algunas herramientas para mejorar su comunicación.

Las peleas domésticas: ¿Cómo canalizarlas?

 

Es normal que los padres tengan diferencias de opiniones y discutan de vez en cuando. Un nivel bajo de conflicto a veces ayuda a exteriorizar los sentimientos, permiten defender los puntos de vista y fortalecer una relación. Todo es todo esto esta bien mientras se realice en un marco de respecto mutuo y mucha tolerancia.

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En algunas oportunidades las discusiones pueden irse de las manos. He aquí la forma en que debemos canalizar la comunicación de pareja para no afectar a nuestros hijos:

  • Conseguir el lugar adecuado: Los debates deben ser íntimos, evitando la confrontación, lejos de la presencia de personas que no están involucradas y mucho menos frente de los pequeños de la casa.
  • Evitar la manifestación de agresividad: Una actitud calmada, una sonrisa sincera, evitar los manoteos y practicar respiraciones pausadas pueden ayudar a que la temperatura y los sentimientos de enojos se nivelen.
  • Descartar los apelativos: La forma de canalizar una conversación debe comenzar sin sarcasmos, ironías, chistes, burlas o insultos, de lo contrario los sentimientos de disgusto y enojo pueden aumentar significativamente.
  • Dejar que el otro se exprese: Interrumpir la idea de la otra persona puede llevarlo a altos niveles de hostigamiento y frustración. Por tanto, respetar el turno de hablar de cada quien será beneficioso en un debate.
  • Evitar ejemplificar con debates pasados: Traer nuevamente temas que ya se superaron en el pasado puede acumular tensiones, si ya fueron superados no deben salir nuevamente a la luz.
  • Mantenernos dentro del tema: No salirnos del tema para luego buscar otro punto que nos pueda dar alguna posibilidad de salir victoriosos en la discusión.

Una familia unida y llena de amor puede superar cualquier obstáculo. Recordar cómo canalizar las discusiones podría cambiar todo el panorama familiar además de convertirnos en una influencia positiva para la formación de los niños en casa.

Todo se puede,
cuando hay unión.
El camino es más fácil
con la fuerza del amor
-Robert Goodrich-