Educar en igualdad

Educar en igualdad es alejar cualquier pensamiento o sentimiento estereotipado de la mente de los niños e inculcarles que todos somos iguales porque pertenecemos a una misma especie. Es combatir el machismo y fomentar la igualdad entre los sexos, establecer una relación de cordialidad entre personas de diferentes culturas y respetarlas, sin importar su procedencia ni cuan diferentes sean.


Cuando educamos en igualdad es porque pensamos en cada uno de los individuos que habitamos el planeta Tierra.

El respeto hacia la diversidad

La diversidad es la peculiaridad que nos hace tan ricos tanto en materia emocional como física y psicológica. Cuando nos miramos al rostro notamos que nadie tiene la cara de nadie. Así mismo nos diferenciamos por el color de piel, el cabello, el nombre, los valores, los pensamientos, los conocimientos… si todos compartiéramos cuerpo y mente el universo no sería tan venturoso.

“Para que el mundo sea mundo tiene que haber de todo”. Esta frase tan sencilla encierra una irrefutable verdad: Para que el mundo sea mundo tiene que haber ricos y pobres, lindos y feos, gordos y flacos, bandidos y honestos… Pero existen otras características propias de las personas que se supeditan más al concepto de respeto hacia la diversidad y la no discriminación. Entre ellas podemos citar:

  • El respeto hacia la diversidad sexual
  • El respeto hacia la inclinación religiosa
  • El respeto hacia el origen

Cuando un adolescente aprende sobre el respeto hacia la diversidad de cualquier índole y lo pone en práctica también está respetando la igualdad.

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El trato igualitario hacia todos partiendo de la tolerancia y el respeto hacia sus diferencias es la base fundamental de las relaciones humanas.

¿Cómo educar en igualdad?

Para educar en igualdad a un niño podemos inclinarnos por una de las aristas más importantes que encierra dicha temática: la igualdad entre los sexos. Y si pretendemos buscar alternativas que nos ayuden a lograr este propósito nada mejor que apoyarnos en la coeducación.

La coeducación fomenta el respeto hacia los derechos humanos con vistas a formar un mundo igualitario. Es un método educativo que se sustenta en la necesidad de lograr una igualdad entre los sexos, por eso se dedica a sembrar en los niños el rechazo a la discriminación, el trato diferenciado, el sometimiento de un sexo por otro y la desigual cartera de oportunidades que tienen niños y niñas.

Para lograr la coeducación en casa nada mejor que, desde pequeñitos, enseñarles a los niños de ambos sexos cuáles son los derechos, tareas y oportunidades que tienen como niños.

Por ejemplo, tanto la niña como el niño tienen el derecho de ocupar el mejor puesto delante del televisor. Hay que enseñar al niño que está mal utilizar la fuerza para ocupar el tan deseado asiento porque eso es una injusticia y la injusticia conduce a la desigualdad. Pero también no es correcto hablarle de cortesía y decirle que siempre debe cederle el asiento a su hermana porque ella, como mujercita, tiene ese derecho. Eso también es desigualdad.

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Un segundo ejemplo lo podemos encontrar en los quehaceres domésticos. Por lo general, el niño se forma para clavar la tablita que se desprende de la cerca, sacar la basura, asir el picaporte, cambiar la llave de agua… y las niñas para ayudar en la cocina, limpiar el piso, lavar la ropa, sacudir… Formar a los niños teniendo en cuenta un rol de género significa inculcarles la diferenciación y desigualdad entre uno y otro sexo.

El tercer ejemplo que hemos decidido traer a colación se basa en la relación afectiva entre un padre, su hijo y su hija.
La relación de afecto entre un padre y su hija, no en pocas familias, es similar al que tiene la madre con esa misma pequeña.

El cariño se demuestra mediante caricias, mimos, besos y abrazos; sin embargo, cuando se trata del hijo varón la relación entre su padre y él es un tanto distinta. Puede haber caricias, mimos, besos y abrazos pero no con la misma intensidad y asiduidad de la que goza la hija.

Educar en igualdad

Mamá, para educar en igualdad, desde casa, hay que tratar igual al niño y la niña; darles los mismos derechos, el mismo trato y similares responsabilidades.

Hay que hacer todo porque tus hijos vean que entre los adultos no existe desigualdad y, aun cuando afuera el mundo sea injusto y discriminatorio, dentro de su hogar se respira en un ambiente igualitario y de inclusión.

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