Cómo distraer la atención del niño

Pedro · 5 septiembre, 2016

¿Tu niño nunca te puso en evidencia o en tesituras complejas? Recuerda esos momentos en los que coge un berrinche horrible, comienza con una rabieta en medio de un supermercado o decide soltar una palabra malsonante y repetirla una y otra vez como si fuese un mantra. ¿Te gustaría poder distraer la atención? Aquí te explicamos cómo.

Es evidente que cualquier mamá lo pasa fatal ante un ataque de ira enorme de su pequeño. Ya no es tanto la vergüenza que pueda pasar, sino la tristeza por observar a su hijo pleno de rabia, cabreado o triste. Sin embargo, por fortuna tenemos herramientas para desactivar estos accesos de enfado mayúsculo.

Pasos para distraer la atención del niño

Mientras dura una rabieta o un acceso repetitivo de un pequeño que encuentra “gracioso” repetir constantemente una palabrota, es importante saber distraer la atención del niño. Así desactivamos esta actitud y logramos que se concentre en otros asuntos. Para ello nos guiaremos por una serie de pasos:

  • Como no puede ser de otra manera, el primer paso debe ser el uso de la empatía. Hemos de tratar de averiguar qué es lo que le pasa realmente al niño. Como es obvio, antes de nada miraremos si el chico se ha hecho daño o se ha lesionado. Es necesario entender el problema del muchacho y asegurar que no deja de ser una rabieta o una especie de manía.
  • En segundo lugar, hemos de actuar con calma. Este paso es muy importante, pues no debemos perder los nervios en ningún momento. Es necesario trabajar la tranquilidad y no rebajar al nivel del chico ni subir los decibelios con gritos y más ira, pues esa actitud solo incrementará y empeorará la situación límite.
  • Si el hecho de empatizar con él y entender su problema, y tratar de solventarlo a través de la calma y el diálogo calmado no ha sido efectivo, podemos quitar hierro al asunto y tratar de forma displicente al chico. Si restamos atención para evitar el fortalecimiento de su rabieta, es muy probable que acabemos desactivando la situación de emergencia.
  • Es importante entender que si nos plegamos a todos los caprichos de un niño o llenamos de interés cada rabieta o cada manía, la estamos justificando. Él interpretará que lo que hace es correcto y que gracias a esa actitud consigue todo cuanto desea.
  • A la hora de explicar al niño lo absurdo e innecesario de su actitud, es mejor esperar a que se haya calmado un poco. Una vez que esté más receptivo, encontramos el momento ideal para dar explicaciones claras sobre su forma de proceder.
  • Así pues, recuerda, primero empatiza. Todos hemos sido niños, por lo que es importante tratar de conectar con esa parte que aún queda remanente. Luego dialoga con calma y explica la situación. Finalmente usa la displicencia.
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La evolución del pequeño

Por más que tratemos de educar bien a nuestro pequeño, es complejo evitar rabietas. Ellos están descubriendo el mundo y van probando aquí y allá para saber qué les gusta, cómo son las cosas, cómo conseguirlas, etc.

Es normal pensar que frustrar al niño no es bueno, pero es algo tan común como la vida misma. El pequeño usará el entorno en su beneficio propio, por lo que intentará manipularlo en su favor, y eso incluye a padres y tutores.

En realidad, las rabietas no dejan de ser fórmulas para lograr cuanto desean. Las manías son afines al desarrollo, pues si encuentran algo que hace gracia, por muy malsonante que suene, lo repetirán una y otra vez, pues les da placer el sentirse escuchados y divertidos.

La vida misma aporta situaciones de dolor. Si bien no debemos potenciarlas en los pequeños, tampoco es bueno justificarlas y plegarse a todo. No olvidemos que un niño que aprende a lograr cuanto desea de su entorno de cualquier forma se vuelve tiránico, poco responsable y falto de autonomía.

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Es por ello que como madres debemos tener clara la diferencia entre rabietas sinceras de dolor verdadero y simples caprichos. Además, actuar en consecuencia, aunque en principio no te guste y te moleste, es en realidad beneficioso para tu pequeño.

Así pues, no olvides estos pasos para distraer la atención del niño. Ellos además tienen poca capacidad de concentración y son capaces de pasar de la lágrima a la risa en pocos minutos, pues sus emociones están en pleno desarrollo. Piensa que es lo mejor para que tu hijo tenga una vida feliz, plena y alegre.