Dejar que tus hijos se equivoquen es saludable

Francisco María García 25 noviembre, 2017
Conforme los hijos van creciendo, es fundamental reducir el número de intervenciones para que así, ellos puedan adquirir independencia, fortaleza y una buena capacidad para tomar decisiones y enfrentar situaciones de toda índole.

A menudo, los padres tienden a sobreproteger a los hijos. Esto se debe a la creencia de que, con su intervención, les facilitarán más las cosas y les brindarán mejor calidad de vida. No obstante, dejar que tus hijos se equivoquen es saludable puesto que les permite aprender a gestionarse por sí mismos y resolver diversas situaciones.

Nadie nace aprendido, por lo tanto, es importante errar para poder crecer. Todo ser humano necesita este proceso para poder construir su propio bienestar emocional y, a la vez, desarrollar diversas capacidades.

Si bien es cierto que los padres suelen dudar entre cuándo intervenir y cuándo no, lo mejor que se puede hacer es procurar mantener un equilibrio. Los padres deben ser orientadores, consejeros, apoyo, no muletas de por vida que inutilicen a los hijos y destruyan su autoestima con el paso del tiempo.

Inevitablemente llega ese momento en que un niño no puede hacer funcionar un juguete. Tal vez no pueda ejecutar una tarea de la cotidianidad. Ahí, los padres deben aprender a conocer hasta dónde dejar que los hijos se equivoquen y cuándo es mejor darles un poco de ayuda. Para muchos, esto puede ser difícil, pero todo es posible una vez que se toma conciencia al respecto.

Autonomía

Se pueden identificar dos tipos de autonomías. Una que tiene que ver con el desarrollo físico: motricidad y capacidad de coordinar. Otro aspecto de la autonomía es la psicológica, que tiene que ver con la expresión de deseos, toma de decisiones y comprensión de las propias acciones. La educación de los niños contempla ese proceso de llegar a la autonomía en el más amplio sentido.

Ciertas tendencias de crianza actuales pueden tender a la sobreprotección. Al evitar a toda costa el sufrimiento de los hijos, se les imposibilita su propio crecimiento y desarrollo integral.

Fomentar la autonomía en sumamente importante. Es necesario formar adultos con competencias y estrategias para la vida. Esos patrones se establecen durante la niñez.

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Favorecer la autonomía de los hijos

Una de las razones más evidentes por la que los padres no permiten a los hijos tomar decisiones es el miedo a que se equivoquen. Nadie quiere ver a un niño sintiéndose mal. Sin embargo, se cae en la sobreprotección.

Otra razón es que algunos padres pueden ser controladores. Se desea que el niño haga todo exactamente como el padre o la madre creen que es correcto. Esto sucede por temor a las críticas del entorno, e incluso por evitar sentimientos de culpa al momento en que un niño fracasa.

Por otro lado, la vida contemporánea está estructurada por rutinas de tiempo exigentes. Mucho trabajo y poco tiempo para dejar que los chicos aprendan a hacer las cosas por sí mismos. El aprendizaje requiere de tiempo y paciencia, de los que a veces no se disponen.

Ninguna de esas son justificaciones válidas. Dejar que tus hijos se equivoquen es un ejercicio imprescindible para la vida. Los padres están en la obligación de entender cómo llevar a cabo esa tarea de manera efectiva.

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¿Cómo empezar a dejar que tus hijos se equivoquen?

Lo primero es estar consciente de que cuando el niño comienza a hacer cosas por sí mismo comienza a equivocarse. Después, de manera natural, vendrá la frustración.

La frustración no es mala en absoluto, es la oportunidad para superarse y establecer nuevas metas. Pero estos pensamientos no vienen solos, los adultos los tienen que inculcar el niño.

Perseverancia

Cuando un niño tiene deseos de ayudar en una tarea del hogar, por ejemplo, es bueno aceptar su ayuda. Y, por supuesto, incentivarlo. Si se equivoca, motivarlo a volverlo a intentar. Volver a comenzar debe ser asumido como algo natural. Este aprendizaje se da a través del ejemplo. Si los padres son perseverantes y saben manejar su frustración, los niños aprenderán a hacerlo también y ganarán en felicidad.

Paciencia

Probablemente después de un par de intentos, el niño comience a llorar. El primer impulso de los padres puede ser resolver el problema para que deje de hacerlo. Otra opción que puede ayudar más es sentarse a dar opciones de cómo resolver el problema.

Metas razonables

Todo el proceso de aprendizaje de un niño pasa por distintas etapas. Las metas a cumplir deben ser posibles según las capacidades que haya desarrollado el niño de acuerdo con su edad. Esto garantiza que el niño logrará cumplir algunas metas. Y así reforzará su autoestima y le animará en su aprendizaje infantil.

No es válido enfrentar los retos con “somos capaces de todo”. Los niños tienen etapas de deben cumplir. Si se les sobre exige demasiado se pueden frustrar.

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Los deberes en casa son una buena herramienta

Colaborar en casa conlleva una serie de valores positivos. La cooperación, la integración y la convivencia. También se promueve la autonomía y van a entrenando al niño para valerse por sí mismo en el futuro.

 

Permitir el llanto

A pesar de que pueda resultar desesperante ver a un niño llorar y de que pueda ser muy difícil dejar que tus hijos se equivoquen, es necesario entender que hay que dejar que los niños expresen la frustración, el miedo y la rabia. No hay por qué entrar en pánico ni reprimirles.

Siempre puedes conversar con ellos después para ayudarles a canalizar sus emociones negativas y enseñarles a seguir adelante. Reprimir el llanto no es una buena estrategia, tampoco minimizar el momento por el que atraviesan.

¿La clave? Dejar que tus hijos se equivoquen y que vayan, poco a poco, siendo seres humanos autónomos y capaces de enfrentar la vida.

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