¿Cuándo enseñar al bebé a beber agua del vaso?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Ramos el 21 diciembre, 2018
Corina González · 20 marzo, 2019
A partir de los 7 u 8 meses el bebé puede empezar a dejar un poco el biberón de lado para alternarlo con beber agua desde un vaso. Al principio tendrá que ser con ayuda pero poco a poco conseguirá hacerlo solo.

Los bebés van afrontando poco a poco retos que son gigantes para él, como aprender a caminar, hablar o beber agua del vaso. El desprendimiento del pecho materno y del mismo biberón implica un proceso psicológico, motor y emocional, aunque solo sea por algunos ratos en el día. El pequeño tendrá que aprender a decir adiós a esos elementos que le generan seguridad, tranquilidad y placer, por lo que dejarlos de lado no es nada sencillo.

¿Cuándo enseñar al bebe a beber agua del vaso?

A la edad de 6 meses se suele empezar a dar agua al bebe por primera vez, puesto que en el período previo solo necesitan de la lactancia materna exclusiva. A menos que estén enfermos o que haga mucho calor no le debería ofrecer agua antes del medio semestre de vida.

Es entonces cuando comienza la introducción de la alimentación complementariaSe reduce la ingesta de leche materna completando esta con agua, zumos o leche de vaca, y para ello lo más recomendable es enseñarle a beber directamente en el vaso en vez de utilizar el biberón.

Eso sí, hasta los 7- 8 meses seguramente no tenga el desarrollo motriz suficiente para agarrar el vaso o botella y tendremos que ayudarle. Este proceso permitirá que el bebé vaya madurando, dejando un poco de lado el apego y la dependencia que crea el vínculo con el pecho materno, el biberón, el chupete o hasta el mismo dedo.

Para empezar se recomienda usar vasos de plástico con asas y con boquilla para evitar que se rompan si se caen al suelo, o botellas especiales para bebés que tienen el cuerpo de fácil agarre.

Beber agua es necesario para sobrevivir.

Algunos consejos

Tipo de vaso recomendado

  • Fabricado con materiales no tóxicos. Como no conviene que sea de vidrio, para que no lo rompa, la mejor opción es la silicona. Se trata de un material de goma elástica, sin olor, sabor ni sustancias nocivas y muy resistente a las altas temperaturas.
  • Boquilla blanda, también de hecha de silicona.
  • Que cuente con tapa antigoteo y asas de agarre (para evitar que derramen todo).
  • Con diseños y colores atractivos para que despierten la atención y curiosidad por usarlo del pequeño.

Tiempo de transición entre el biberón y el vaso

No todos los niños son iguales, cada uno tiene su tiempo y proceso de desarrollo. La destreza varía entre ellos, a pesar de que tengan la misma edad, por lo que los padres no deben estresarse si a su pequeño le cuesta usar el vaso. Aún así, generalmente con un año ya saben beber solos.

Las primeras veces, a pesar de la boquilla, es normal que el pequeño se atragante y se moje. A medida que el hecho de beber agua del vaso vaya convirtiéndose en parte de su rutina irá adquiriendo destreza, hasta que consigue hacerlo sin dejar caer ni una gota.

El vaso «de mayor»

Hacia los 2 años el pequeño deberá saber beber de un vaso normal sin boquilla -la cual se debe ir retirando progresivamente.

El destete nocturno depende de los padres y su decisión.

Recomendaciones finales

  • Humedecer la boquilla del vaso con leche materna y dárselo al niño para que a través de los sabores y el sentido del olfato asocie y quiera beber su contenido.
  • Intercambiar el contenido. Además de agua se puede colocar jugos o incluso leche materna.
  • Revisar las válvulas antiderrames que algunos modelos de vasos contienen. Muchas veces el bebé succiona y no sale nada causándole molestias.
  • Enseñarle a través de la imitación.
  • No utilizar por mucho tiempo la boquilla. En cuanto pueda agarrar el vaso hay que intentar que sea sin la tapa.
  • Cuidar mucho la higiene del vaso y la boquilla, debido a que pequeñas porciones de líquido pueden estar dentro de las ranuras y pliegues ayudando así al crecimiento de bacterias y moho.

Ante todo, es fundamental tener paciencia y respetar siempre los ritmos de desarrollo. De nada servirá actuar bruscamente y obligar al pequeño a que logre el objetivo deseado, de la noche a la mañana.