Cómo limpiar el oído de los niños

Francisco María García 26 noviembre, 2017
La cera aísla al tímpano de agentes extraños, como agua, sucio, polvo e incluso insectos. Los retiene y evita que avancen. También contiene sustancias químicas especiales que combaten infecciones.

La cera es una sustancia protectora, pero en exceso ocasiona tapones que son muy molestos, por ello, aprender a limpiar el oído de los niños es una tarea importante y también muy sencilla.

El oído se divide en tres partes. La parte externa incluye el pabellón auditivo o auricular. Se conecta a través del conducto auditivo, que llega al tímpano, con el oído medio, y luego pasa al oído interno.

En la piel del conducto auditivo hay unas glándulas especiales que producen la cera, o cerumen, su nombre técnico. Esta sustancia llega lentamente hasta la apertura del oído externo, de donde sale o se cae durante el baño.

Cómo limpiar el oído hacia afuera

Cuando el organismo no la expulsa, esta sustancia amarillenta y pegajosa se acumula y puede taponarlo. Las consecuencias son disminución de la audición, vértigos o mareos.

Un recién nacido es poco probable que tenga los oídos sucios. Una limpieza superficial será suficiente. Con el paso del tiempo es importante aprender cómo limpiar los oídos del niño, para evitar errores. Hacer de ella una obsesión puede afectar su salud.

Limpiar los oídos del niño implica hacerlo desde la parte externa del conducto auditivo. Al momento del baño, con un paño o toallita húmeda, se puede retirar la cera que se ve en las áreas externas.

No se debe introducir ningún tipo de objeto en el interior del oído. Si se cree que hay mucha cera en el pabellón auditivo se debe consultar con el pediatra. El experto evaluará si hay un tapón y descartará otros posibles problemas.

Cuando se introducen objetos en el pabellón auditivo, como hisopos, se corre el riesgo de empujar restos de cera dentro del oído y generar un tapón.

Cómo limpiar el oído de los niños.

El peligro de dañar el tímpano es elevado. Si el bebé hace un movimiento inesperado durante la limpieza profunda, las consecuencias pueden ser graves. Si el objeto además es punzante, como un palillo o una horquilla, el daño será mayor.

Por ser un conducto muy fino en los niños, introducir objetos en el oído puede provocar desescamación de la piel. Como mecanismo de defensa se incrementa la producción de cera, lo que podría llegar a ser un problema.

¿Cómo llegar más adentro?

La acumulación de cerumen en el oído puede ser resuelta de varias formas, nada traumáticas ni riesgosas.

Una alternativa para limpiar el oído de un niño es el uso de aceite mineral, de oliva o glicerina. Dos o tres gotas suavizarán la cera y permitirán una salida fácil. También se recomienda aplicar dos o tres gotas de aceite de parafina, previamente calentado.

Para limpiar el oído se puede disolver una cucharadita de sal en media taza de agua es otra opción. Se colocan unas gotas en el oído, se deja actuar y se inclina la cabeza para drenar la solución.

Otra recomendación es calentar agua oxigenada o hacer una infusión de manzanilla. Colocar las gotas templadas en el oído y esperar que la cera comience a drenar. Si aún la cera no sale, o si aparece dolor, será necesario consultar al médico.

Cómo limpiar el oído de un niño.

El baño y la limpieza de los oídos

Hay que aprovechar el baño para revisar la consistencia y el color del cerumen. Debe ser fino, amarillo claro, quemado o cercano al anaranjado. Si se vuelve espeso y oscuro, hay que organizar la visita al pediatra para que descarte algún problema.

Los hisopos son útiles para la limpieza externa del oído. También los paños húmedos con agua jabonosa. En ambos casos se debe sujetar la cabeza del bebé hacia un lado y ejecutar movimientos desde adentro hacia afuera, en la dirección del pabellón auricular

Si durante el baño cae agua en los oídos del bebé o del niño, será preciso ladear la cabeza en ambos sentidos para sacarla. Esa acción y secar con una toalla será suficiente. Se recomienda tomar las previsiones necesarias para evitar que el líquido caiga adentro del conducto auditivo.

Si aún quedara agua en la entrada del oído, se debe confiar en las pequeñas pilosidades dispuestas en la zona. Ellas evitarán que el líquido se introduzca en el oído.

En los recién nacidos la limpieza del oído no es una tarea rutinaria. Con el paso de los meses se hará necesaria una higiene más frecuente y que los padres aprendan a realizarla hasta que el niño sepa limpiar el oído por si mismo.

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