Cómo enseñar a los niños a ser solidarios

Carmen Fetreros · 16 noviembre, 2016

Uno de los mejores valores que puede transmitir una familia  a sus hijos es la solidaridad. Los niños que sean solidarios desde pequeños serán los adultos solidarios en el futuro. Por solidaridad se entiende la capacidad del ser humano para sentir empatía por otras personas.

En una sociedad tan individualista como la que vivimos, en la que cada persona lucha por su propio interés es bueno que nuestros hijos cultiven el valor de la solidaridad. La familia o el colegio pueden ayudar a que los niños conozcan los problemas de los demás y puedan pensar en cómo podrían ayudarles en algún momento de su vida.

Uno de los  mejores valores que pueden tener nuestros hijos desde la infancia es sean capaces de preocuparse y de ayudar a quien lo necesite. Si nuestros hijos no ven los problemas que ocurren en su entorno más cercano, serán en un futuro personas individualistas y poco solidarias.

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Educar la solidaridad desde la familia 

Para que nuestros hijos sean solidarios es necesario que vean y practiquen  a solidaridad en casa. Es importante que como ocurre con otros valores vean que sus padres son solidarios. Los padres deben ejercitar la solidaridad con sus vecinos, amigos y otros familiares para que sus hijos lo vean como un valor a imitar.

Una de las nociones clave para los niños es aprender a compartir, sobretodo en esa etapa en que todo para los niños es suyo y solo suyo. Desde muy pequeños tienen que aprender a compartir por ejemplo los juguetes en el parque o en la clase.

Ser solidarios es ponerse en el lugar de otro. Desde pequeños tenemos que enseñarles a ver que los demás tienen problemas y que ellos pueden en su medida también ayudar. Por ejemplo ayudar con los deberes a los niños de clase que están enfermos o que han faltado a clase.

También es bueno que regalen a otros niños juguetes u otros objetos que ellos ya no utilizan y que acumulan en algún rincón de la habitación. Si les enseñamos que hay niños en el mundo que no tiene juguetes e incluso que no tienen comida, agua o vivienda desde pequeños pronto se solidarizarán con su situación.

Los padres tienen que hablar con sus hijos de lo que está bien y mal en su ciudad, en su país o en el mundo. Escuchar sus ideas y opiniones y ver qué pueden hacer como familia para colaborar, ayudar o cooperar y qué podría hacer el niño en concreto.

Podemos ayudar a algún amigo o vecino que esté pasando por una mala situación, colaborar en alguna recogida de los bancos de alimentos de nuestra ciudad en familia o apuntarnos a una ONG toda la familia y dedicar una pequeña parte del presupuesto familiar a ayudarles todos los meses.

También se les puede dar ejemplos a los niños de algunas personas de su alrededor que son solidarias para que vean que gente de su entorno practica la solidaridad. Se puede leer alguna noticia con ellos de personas que ayudan a los demás como la madre Teresa de Calcula, el padre Ángel o Malala, por poner algunos ejemplos.

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La solidaridad desde el aula

En el colegio también los profesores pueden también fomentar la solidaridad en sus alumnos trabajando la empatía en los niños desde los primeros años. Se debe fomentar que los niños se preocupen por sus compañeros, que compartan el material escolar y que ayuden a sus compañeros enfermos cuando tienen dificultades con los deberes o las tareas.

También una buena idea es que participen en proyectos solidarios del colegio todos los años y que sientan la solidaridad como una de las prioridades en su vida. Todos los colegios promueven al año campañas solidarias ya sean contra el hambre, para ayudar a enfermos o con alguna otra buena finalidad.

La solidaridad también se fomenta en casa y en el colegio evitando que los niños tengan gestos, actitudes y conductas egoístas. Los niños tienen que ser generosos primero con los niños que componen su entorno más inmediato y luego con otros niños o personas que no conocen para que vayan adquiriendo poco a poco el valor de la solidaridad.

Si vamos logrando que nuestros hijos sean cada día más solidarios, seguro que en futuro serán adultos generosos y solidarios y se implicarán en los problemas de los que les rodean. Los niños y los jóvenes solidarios de hoy serán los adultos solidarios del mañana.