¿Cómo controlar la rivalidad entre hermanos?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez el 23 abril, 2019
María Matilde · 23 abril, 2019
En algunas familias y en algunas ocasiones o circunstancias existen tensiones entre los hermanos. En este artículo compartiremos algunas estrategias para poder controlar la rivalidad entre hermanos.

Los padres y madres, en alguna etapa del crecimiento de sus hijos, deben mediar entre los conflictos que existen entre ellos, y muchas veces se preguntan sobre cómo controlar la rivalidad entre hermanos, y que esta no llegue a convertirse en algún tipo de violencia, tanto física como verbal.

Si bien no siempre sucede así, pero en la mayoría de las veces, y por regla general, los hermanos pelean y discuten entre sí.  Esto ocurre en determinados periodos de sus edades, cuando son más pequeños o adolescentes, pero incluso cuando ya son más adultos.

¿Por qué los hermanos se pelean?

Los hermanos se pelean y tienen conflictos desde el nacimiento del segundo hijo o hija, ya que siempre el que ha nacido primero puede sentir un sentimiento de rechazo hacia su hermano o hermana, y una sensación de abandono por parte  de sus padres.

A medida que crezcan, los conflictos estarán relacionados con una multiplicidad de motivos que dependerán tanto de las personalidades de cada uno y de sus intereses.

Pero dependerán también de las características de la crianza y la educación que reciban respecto del tipo de relación entre hermanos que deben desarrollar y cultivar.¿Cómo controlar la rivalidad entre hermanos?

Por lo tanto, las peleas, las discusiones, las rabietas, los celos y las envidias pueden tener múltiples causas, que pueden ir desde la necesidad de protagonismo y querer ser el centro de atención,  por objetos materiales, o por querer tener la razón siempre en cualquier circunstancia,

Sea por el motivo que sea, los hermanos, si bien pasan tiempo juntos, juegan, comparten y se defienden frente a los demás, a la par, compiten y marcan territorio.

Y para los padres, no solo es complicado, sino desgastante, mediar entre sus guerras y enemistades, sin dejar de plantearse cómo controlar la rivalidad entre los hermanos.

¿Cómo controlar la rivalidad entre los hermanos?

No existen recetas mágicas, pero sí algunos consejos que pueden orientar a los padres en esta ardua búsqueda de paz y tranquilidad en la relación entre los hermanos.

  • Hacerlos sentir siempre especiales por igual. Por más absurdo que parezca, existen muchas situaciones cotidianas en las que ellos sienten diferencias de trato.
  • Enseñarles desde muy pequeños a compartir absolutamente todo. Pero a la par también enseñarles a pedir prestado todo aquello que no es de uno.
  • Enseñarles a negociar y a llegar a acuerdos. Deben aprender a tomar decisiones de, si uno lo hace primero el otro puede esperar y, si espera, la próxima vez será él el primero. Ellos aprenderán los términos de los tratos a los que lleguen; lo importante es que dialoguen.
  • Que interioricen de pequeños que a un hermano, al igual que a cualquier otra persona, no se le grita, ni pega, ni empuja. Sino todo lo contrario: se le pide permiso, se le da las gracias, y se le pide perdón.¿Cómo controlar la rivalidad entre hermanos?
  • Destacar las conductas y motivarlos por las que sean adecuadas con sus hermanos. Y remarcarles la importancia que tiene en la vida una buena relación entre ellos en cuanto al apoyo emocional, la confianza, lealtad y seguridad que significa una fuerte y unida relación entre hermanos.
  • Procurar que sus entretenimientos y actividades lúdicas no tengan ninguna carga de violencia, ni física ni verbal. Sea lo que sea que vean y consuman, deberá pasar por nuestro filtro y evaluar su adecuación, tanto por la edad como por los contenidos.
  • Debemos evitar las comparaciones entre ellos. Al contrario, ellos deben sentir que con sus errores y equivocaciones, son personas únicas, irrepetibles, y especiales.
  • Escucharlos siempre, aunque sepamos lo que nos van a decir o conozcamos sus justificaciones frente a una pelea. Pero debemos atender a sus razones y conseguir, mediante el diálogo, que entiendan otras, en caso de que estén equivocados.

En definitiva…

Debemos educar con el ejemplo. Los hermanos no sucumbirán fácilmente a un enfrentamiento si crecen en un clima de convivencia pacífica y de diálogo constante. Y, por supuesto, si no encuentran contradicciones entre los discursos y las acciones de su entorno.