Claves para prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia

Muchos de los trastornos de la conducta alimentaria aparecen en la adolescencia. Por ello, comenzar a prevenir desde la infancia puede proteger a los jóvenes de padecerlos. Te damos algunas pautas al respecto.
Claves para prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 17 mayo, 2021.

Última actualización: 17 mayo, 2021

Los trastornos de la conducta alimentaria son cada vez más frecuentes; muchos de ellos se inician durante la adolescencia. Las consecuencias a nivel físico, emocional y social para los jóvenes pueden llegar a ser muy severas y el tratamiento complejo. Por ello, se hace indispensable prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia.

En el origen de este tipo de trastornos confluyen causas biológicas, psicológicas y culturales y no es posible reducir a cero el riesgo de que un menor termine desarrollando algún problema alimenticio. No obstante, los hábitos y recursos adquiridos durante la infancia sientan una base sólida que puede proteger frente a la aparición de los mismos. Por esto, el papel de padres y profesores es de gran relevancia.

¿Cómo prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia?

Niña comiendo de manera saludable para prevenir trastornos alimentarios.

Establecer buenos hábitos

La infancia es una etapa crucial a la hora de establecer hábitos que pueden permanecer durante largo tiempo. Por lo mismo, es importante ayudar a los niños a crear una relación sana con su cuerpo y con la comida. Promover que realicen ejercicio físico de forma regular y ofrecerles una dieta saludable y equilibrada es muy necesario.

Además, pueden ponerse en práctica otras pautas. Por ejemplo, implicar a los niños en la compra y la preparación de los alimentos, comer en familia siempre que sea posible y dar ejemplo, como adultos, de esos hábitos que deseamos instaurar.

Ofrecer información adecuada

A medida que los niños crezcan, irán adquiriendo mayor autonomía a la hora de escoger los alimentos. Por lo mismo, resulta muy útil que posean información clara y sencilla respecto a cuáles son más adecuados. No obstante, esta información ha de transmitirse en relación a la salud y no en función de los estándares de belleza.

Hemos de explicarles a los niños qué alimentos nutren su cuerpo y cuáles pueden resultar dañinos para su salud, en lugar de prohibirles ciertos productos “para que no engorden”. La prohibición genera obsesión e instala una preocupación por la imagen física que puede ser el germen de un futuro trastorno alimentario.

Educación emocional

Con frecuencia, las personas confundimos nuestras emociones y sensaciones corporales y, por ende, actuamos de forma errónea al tratar de aliviar el malestar. La alimentación emocional surge cuando se come por ansiedad, por ira, por tristeza o por aburrimiento y sus consecuencias pueden ser muy negativas. Por ello, es necesario poner especial atención en la educación emocional de los niños.

Para ello, hay que enseñarles a identificar y diferenciar sus emociones, permitirles expresarlas y mostrarles formas funcionales de gestionarlas. Pero también es importante evitar utilizar los alimentos como premios y castigos u ofrecerles comida como consuelo; estas conductas lanzan mensajes equivocados respecto a la alimentación.

Autoestima

Fomentar una buena autoestima es imprescindible para prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia. Esta cualidad puede ayudar a los menores a hacer frente a la presión grupal y social y, por ende, a no caer en una dañina necesidad de aprobación externa. Además, puede facilitar conductas de autocuidado y favorecer el mantenimiento de buenos hábitos.

Prevenir los trastornos alimentarios desde la infancia en la familia y en la escuela

Familia comiendo con sus hijos teniendo en cuenta la alimentación infantil por etapas.

La familia es el primer agente socializador de los niños y las pautas de crianza implementadas en el hogar determinan, en gran medida, los valores, actitudes y conductas de los niños. Por ello, el ejemplo paterno y las rutinas que se siguen en casa pueden jugar un importante papel protector frente al desarrollo de este tipo de trastornos. No obstante, la escuela es el lugar en el que los niños pasan gran parte de su día y su influencia en su educación emocional y moral también es muy relevante.

Así, desde la escuela, es necesario implementar acciones formativas y actividades que fomenten en los niños una alimentación equilibrada y unos hábitos saludables. Pero también es necesario abordar la influencia de los medios de comunicación y desarrollar en los menores un pensamiento crítico que pueda protegerles frente a la presión social.

Del mismo modo, educar en respeto, empatía y tolerancia a la diversidad puede evitar conductas y comentarios entre compañeros que pueden contribuir a desencadenar, en algunos casos, un problema alimentario. En definitiva, la prevención de los trastornos alimentarios desde la infancia es una tarea de todos aquellos adultos e instituciones que participan en la educación de los niños.

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