El baño, un dulce relajante para el bebé

Raquel Aldana 18 enero, 2016

El agua es para los bebés una hermosa sensación, un relajante natural. Entre otras cosas porque los bebés han vivido durante nueve meses en las cálidas aguas de nuestro vientre, las cuales le proporcionaban un hogar repleto de calma. Por eso el baño es tan importante para ellos.

El baño les produce una sensación de hogar, de quietud y de ritmo lento que amortigua la hostilidad del mundo real y del estrés cotidiano que se palpa en el mundo adulto. Su experiencia es envolvente y dulce, por lo que les hace sentir con un inmenso bienestar.

El baño es un maravilloso relajante que transporta al bebé a un estado de relajación que les conduce a fluir, a regular su percepción del mundo que recién conocen y, por supuesto, a moverse abiertamente.

Bebé dándose un baño

El ritual de baño durante el primer año de vida

Dado que el baño es un momento ideal para el reposo, es bueno llevar a cabo un baño diario (sin geles) que, además, nos permite mantener cuidadosamente la higiene de nuestros pequeños y envolvernos en esa sensación de disfrute conjunto tan maravillosa.

Es muy bueno que de vez en cuando nos permitamos llevar a cabo un baño compartido con nuestros bebés, zambullirnos en el agua y borbotear burbujas en su pequeña panza. Esto supondrá tanto para el niño como para la madre (o los padres) un importante punto de conexión interior.

Este momento del baño constituye una ocasión especial y vital que nos reconduce y nos ayuda a abandonar las penas, las preocupaciones y la desconexión constante con los pequeños placeres del día a día y la crianza de nuestros pequeños.

Bebé dándose un baño

La armonía del movimiento del agua

Como venimos diciendo, el baño del bebé es pura armonía en su movimiento. No debe ser una imposición u obligación diaria, sino una oportunidad de goce y disfrute, de experimentación y de juego que ayude al niño a conocerse y a conocer el mundo que le rodea.

Los padres no suelen tardar en darse cuenta de que la pelea para salir del agua se va a hacer costumbre durante toda la infancia, pues para los pequeños es un lugar magnífico de diversión y de conciliación con su naturaleza exploratoria.

El agua es para ellos una fuente de sensaciones y de asombro que no dejará nunca de maravillarles. Los reflejos, los movimientos, las ondas les entusiasman, así como la libertad para moverse y la sensación de sentirse lejos de la prisión de la gravedad.

No obstante, a la hora de bañarlos debemos tener en cuenta que utilizar todos los días jabones no es necesario y mucho menos recomendable. Un bebé no se ensucia como un adulto, además de regular la limpieza de su piel de manera natural.

Baño del bebé

De hecho, hasta los doce meses, hay quien recomienda que se haga tres veces a la semana, pues su piel es mucho más fina y sensible que la de un niño o un adulto. Así, si optamos por realizar un baño diario por los beneficios que obtienen del  contacto con el agua, no debemos siempre utilizar geles o champús, que es lo que al fin y al cabo puede deteriorar su delicada piel.

Otro aspecto importante es que, tal y como nos indicará el pediatra, hasta que no se le caiga el cordón umbilical (se cae entre la primera y la tercera semana) no sumerjamos su cuerpecito en agua. Por eso hasta entonces podemos limpiarles con una esponja.

También es importante que en su primera etapa de vida no los bañemos en una bañera de adultos, sino que lo hagamos en una superficie elevada y resistente, de manera que podamos tener a mano de manera cómoda todo lo que necesitemos.

En un primer momento, basta con llenar 5 ó 7 centímetros de agua templada (32º más o menos) y proceder a bañarle dulcemente con cuidado y delicadeza, haciendo de este momento un lugar de encuentro  y conocimiento mutuo repleto de satisfacción y tranquilidad.

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