Baja autoestima, ¿causa de la obesidad?

Macarena 14 abril, 2016

Si bien se creía que padecer obesidad conducía a sufrir diversos problemas de índole emocional, actualmente los científicos demostraron que ocurre todo lo contrario. Según una reciente investigación, los niños con una baja autoestima tienen una mayor tendencia a volverse obesos.

Como sabemos, la autoestima de los pequeños se ve afectada por las experiencias y exigencias de los otros respecto a nosotros mismos, para las que se fijan pautas de comportamiento estándar o sistemas de elección y decisión grupal que deben respetar. Al no cumplir estos requisitos, la autoestima infantil se ve mermada.

Así aparece un paquete de consecuencias indeseables. Ante la presencia de una posible baja autoestima aparece, entre otras conductas y pesares negativos, la obesidad infantil. Al menos esta es la conclusión a la que se arribó tras un amplio y prolongado estudio británico que se opone a la relación de causalidad tradicional.

Es decir que, según esta investigación realizada por un equipo del King’s College de Londres, la baja autoestima durante la infancia es un factor de riesgo de obesidad en la edad adulta, y no al revés como anteriormente se suponía.

Un estudio cambia la causalidad entre baja autoestima y obesidad

Se trata de un ‘ruidoso’ informe publicado en “BMC Medicine”, iniciado en la década del 70, momento en el que comenzó a estudiarse 6.500 chicos de 10 años a los que se les calculó su Índice de Masa Corporal (IMC), además de realizarles un examen psicológico donde se intentó medir el nivel de autoestima.

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Una vez superados las treinta décadas de estas criaturas, se los volvió a evaluar y el resultado fue realmente impactante: los menores que presentaban inicialmente niveles bajos de autoestima derivaron, en su vida adulta, en pacientes obesos o con sobrepeso.

De esta manera, quienes encabezaron esta investigación concluyeron que los problemas emocionales se constituyen en poderosos factores de riesgo capaces de causar obesidad y trastornos alimenticios, los cuales no obedecerían simplemente a meros problemas metabólicos.

Por este motivo, los especialistas recomiendan asistencia psicológica temprana en el caso de aquellos niños con determinados problemas emocionales, con el objetivo último de evitar las consecuencias a futuro, como por ejemplo, la obesidad y sus nocivas consecuencias a nivel salud.

No obstante, los investigadores reconocieron la enorme importancia de factores determinantes como el IMC de los padres, la dieta y el ejercicio para incurrir en esta enfermedad cuyos índices aumentan desmedidamente con el correr de los años.

Problemas emocionales y baja autoestima en la mira

Si bien la obesidad ha sido considerada desde tiempos pretéritos como un trastorno metabólico, este novedoso estudio dejó al descubierto que los problemas emocionales y, especialmente, una baja autoestima son un factor de riesgo para adquirir esta dolencia.

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Los investigadores encontraron que los niños con una baja autoestima, aquellos que sentían no tener el control sobre sus vidas y quienes se preocupaban más a menudo, experimentaron un mayor incremento en su peso durante los sucesivos años. Lo más alarmante es que su impacto se acrecienta en el caso de las niñas.

“Aunque no podemos decir que los problemas emocionales de la infancia causan obesidad más tarde en la vida, ciertamente sí podemos decir que estos juegan un papel, junto con factores como el IMC de los padres, la dieta y el ejercicio”, sostiene Andrew Ternouth, el especialista en psiquiatría que dirigió el estudio.

Paralelamente, su compañero David Collier, afirma sorprendido: “Y no estamos hablando de problemas psicológicos profundos, porque la ansiedad y baja autoestima que encontramos estaban elevados pero siempre dentro de un rango normal”.

Por su parte, el doctor Ian Campbell valoró que el estudio presenta la “evidencia preocupante de que, como se suponía, los asuntos psicológicos de la infancia influyen en el aumento de peso y la salud adulta”, por lo cual resultaría imperioso un tratamiento temprano.

En líneas generales, los especialistas consideran que este hallazgo es muy importante si se tiene en cuenta la pesada incidencia de la obesidad infantil en gran parte de las sociedades occidentales, aportando así cierta esperanza en la batalla para controlar esta “pandemia”.

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