Aspectos positivos de los objetos de apego en niños

Adrianazul · 31 octubre, 2017

En condiciones ideales, la figura de apego de un niño debe ser su madre, cuyo cuerpo, atención y cuidados le proveen de todo lo que necesita; no obstante, debido a las demandas del sistema productivo, en ocasiones las madres se ven obligadas a dejar a sus hijos para irse a trabajar. Los objetos de apego adquieren especialmente importancia en estas situaciones ya que palian las carencias que deja la falta de la figura materna.

La madre es para cada bebé la fuente de alimento, calor y protección. Una madre es para el niño, aún inmaduro, quien le garantiza su supervivencia, pero es además quien debe brindarle la atención y la nutrición emocional para que crezca sano.

La figura que cuida del niño debe proporcionarle atención sostenida y prolongada para que se establezca el vínculo de apego seguro, el cual es la base sobre la que se va edificando la autoestima y la confianza que el niño siente hacia el mundo exterior, según la investigadora Berna Iskandar.

El objeto de apego brinda consuelo

Anteriormente, las madres cuidaban de sus hijos y de la casa durante un tiempo prolongado; sin embargo, este modelo ha cambiado radicalmente, y ahora muchas mujeres deciden salir al mercado laboral dejando a sus hijos bajo el cuidado de otras personas.

Los peluches constituyen un objeto de apego en los niños.

Esa separación obligada -por llamarla de algún modo- conlleva que el niño supla sus necesidades de calor y afecto con algún sustituto, llamado objeto de apego u objeto transicional. Usualmente se trata de mantas, chupetes, peluches o cualquier otro juguete que le ayude a dormir solo, de manera que realizan de alguna manera las funciones que debería cumplir su madre.

Según expone el psicólogo Ulises Tomás, estos constituyen una fuente de seguridad  y placer para el niño, que suele tener a su objeto de apego siempre cerca.

Aspectos positivos de los objetos de transición

Este objeto de apego también tiene funciones psicológicas importantes, pues los niños suelen buscarlo cuando están solos, cuando quieren dormirse o se sienten aburridos. Además, pueden reforzar la relación afectiva que el bebé tiene con sus padres cuando no están cerca de él.

El concepto del objeto de apego o transicional fue acuñado por el psicoanalista Donald Winnicott, quien explica que su función es objetiva y subjetiva. Su función objetiva porque en efecto se trata de un objeto que existe, que es real, pero también es subjetiva porque se le atribuyen funciones en el campo de la imaginación.

Uno de los atributos positivos del objeto de apego es que puede disminuir los niveles de ansiedad que se generan en el niño por motivo de la separación de sus padres, especialmente de su madre. También puede ayudar al niño a afrontar los momentos en los que se siente solo.

“Por lo general los niños recurren a los objetos  de apego cuando tienen un momento de tensión, cambio de escuela o casa, violencia intrafamiliar o la separación de los padres”

–Ulises Tomás–

Los niños buscan el objeto de apego a partir de los 9 meses de vida; complementa Iskandar, quien dice que lo usan hasta entrar en la etapa evolutiva, donde desarrollan la madurez psicológica, biológica y otras funciones cognitivas que les permiten gestionar mejor el miedo a la separación.

La edad aproximada en la que los niños se desprenden de su objeto de apego se sitúa en torno a los 4 años, cuando ha iniciado el proceso escolar y cuenta con una autonomía y capacidad para socializar con sus iguales.

Cómo manejarse ante los objetos de apego

Iskandar aconseja a los padres tener una actitud equilibrada hacia los objetos de apego; es decir, no fomentar un cariño excesivo hacia él y tampoco tratarlo despectivamente ni ridiculizarlo.

Por su parte, la pedagoga Ana Roa García ofrece una serie de consejos para lidiar sanamente con los objetos de apego. Así, recomienda no lavar ni arreglar su objeto sin que el niño lo sepa, porque entonces el niño podría notar que ha cambiado su identidad.

Uno de los objetos de apego para el niño es el chupete.

En caso de que el objeto de apego se pierda, en lugar de comprar uno nuevo inmediatamente para reemplazarlo, es mejor intentar encontrarlo y apoyar al niño en ese proceso, pues se sentirá querido y apoyado.

Lo habitual es que el niño a medida que crezca se vaya olvidando del objeto de apego, y aunque lo guarde en su memoria, y es posible que en un lugar de su habitación, este objeto será de transición y ayuda para apoyarle en los momentos en que sus padres no estén con él.