Aprender a tolerar la incomodidad: un aprendizaje esencial para los padres

08 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
La maternidad nos obliga a abordar las áreas de nosotras mismas que aún están sin trabajar; entre ellas la impaciencia y la necesidad de control. Descubre cómo aprender a tolerar la incomodidad.

Desde el momento en el que nos hacemos cargo de un hijo, nos gustaría convertirnos en superhéreos y superheroínas. Desearíamos, más que nada en el mundo, que siempre estuviese sano, a salvo y feliz.

Sin embargo, esto no es posible y a lo largo de su crecimiento habrá muchos momentos en los que no podremos hacer nada, en los que nuestra mejor aportación será acompañar en silencio y esperar a que todo pase. Es aquí cuando resulta importante aprender a tolerar la incomodidad.

Solemos creer que los niños aprenden de los adultos, pero en muchos aspectos la relación funciona también a la inversa. Ser madre te hará más consciente que nunca de las áreas de ti misma que aún están por trabajar, entre ellas la impaciencia y la necesidad de controlar tu entorno. Por ello, cuanto antes las abordes, mayores serán los beneficios, tanto para tu hijo como para ti.

¿Cuándo es necesario tolerar la incomodidad?

Madre jugando con su hijo en un parque en otoño aprendiendo a tolerar la incomodidad.

Para afrontar las rabietas

Este aprendizaje no se hace esperar y ya hacia los dos años del bebé nos encontramos con uno de los fenómenos que más requerirá de nuestra tolerancia a la incomodidad: las rabietas.

En esta etapa el niño busca establecer su propia identidad separada de su madre y gusta de rebelarse y tomar sus propias decisiones. Si bien este tipo de comportamientos son comunes y forman parte de su desarrollo madurativo, pueden conducir a situaciones de lo mas tensas para los progenitores.

Todos hemos visto a una madre desesperada tratando de sacar a su hijo a rastras del parque mientras este llora y patalea. Muchos hemos sido testigos de cómo un pequeño se tumbaba en el suelo de la calle en plena rabieta ante la atenta mirada de los transeúntes y los intentos ineficaces de sus padres por hacerle entrar en razón.

Ante este tipo de situaciones es frecuente que los padres reaccionen con ira, con gritos y regaños hacia el pequeño. O, por el contrario, que opten por fingir indiferencia y abandonen al menor en otra sala hasta que termine de llorar y chillar.

Sin embargo, lo único que el niño necesita es que sus padres sean capaces de tolerar la incomodidad y quedarse a su lado mientras expresa sus emociones. Solo necesita que la desesperación o el temor a pasar vergüenza en público no les lleve a reaccionar desproporcionadamente, sino que logren tener paciencia para esperar junto a él a que se calme.

Para poner límites

Otro de los momentos de la maternidad en los que es necesario tolerar la incomodidad es a la hora de poner límites. Y esto es porque muchas veces los niños y jóvenes desafían e incumplen las normas o buscan recurrir al chantaje emocional para librarse de ellas. Así, si queremos ser firmes y coherentes, tendremos que soportar que nuestros hijos se enfaden, griten, dejen de dirigirnos la palabra o traten de darnos lástima.

Aplicar límites es imprescindible para su sano desarrollo, pero hacerlo de un modo consistente lo es aún más. Si terminamos cediendo, nos estaremos restando autoridad y credibilidad a nosotros mismos. Por ello es importante tolerar el malestar que pueden generarnos estas situaciones.

Para acompañar durante la adolescencia

Durante la adolescencia la exigencia académica sube, la presión social aumenta y los primeros amores hacen su aparición. En general, los adolescentes no suelen mostrarse muy dispuestos a compartir sus preocupaciones con sus padres; menos aún si estos reaccionan juzgándolos o tratando de resolverles la vida. Los jóvenes desean libertad, quieren tomar sus propias decisiones y, con frecuencia, son celosos de su intimidad.

Madre evitando interrogar a su hijo adolescente.

Por ello, como madre, muchas veces tu mejor aporte será acompañar a tu hijo en su malestar, permaneciendo a su lado sin tratar de hacerle preguntas, darle las respuestas o sin tan siquiera saber qué le ocurre. Tolerar la incomodidad de no poder resolverlo todo y, aun así, regalarle tu presencia y tu cariño en silencio es un generoso acto de amor.

Tolerar la incomodidad es un aprendizaje

Todo lo anterior no es tarea sencilla. Eres un ser humano y, como tal, muchas veces te vencerán los impulsos y la necesidad de actuar en automático.

Sin embargo, si mantienes en mente lo beneficioso que resulta para tus hijos, podrás comenzar a tolerar situaciones que te incomodan a cambio de hacer lo mejor para ellos. Con el tiempo te resultará natural y mucho más sencillo ser paciente, soltar el control y simplemente estar presente.