Aprende los mejores ejercicios de yoga para los niños

Francisco María García · 30 septiembre, 2017

Aunque el yoga es una actividad muy extendida en el mundo adulto, en estos tiempos ha comenzado a surgir con gran fuerza el yoga para los niños.  En general, se considera que no existe una edad para practicar esta disciplina. Lo importante es elegir los ejercicios adecuados.

¿Por qué yoga para los niños?

El yoga para los niños es, ante todo, un efectivo ejercicio que impacta simultáneamente en la mente y el cuerpo.  Tiene el propósito de que los niños desarrollen condiciones de equilibrio y bienestar psicofísico.

Vivimos una época de sobresaturación de estímulos externos. Los niños no quieren perderse nada e intentan atender a todo, aunque sin lograrlo. Consecuencia de esto son las dificultades a la hora de concentrar la atención. También la poca permanencia en la misma tarea y el escaso desarrollo de la capacidad de razonar y de pensar, que tanto preocupa a padres y maestros.

El yoga para los niños ha resultado ser una buena estrategia para ayudarlos. Tiene la ventaja de que se puede realizar en casa junto con los padres o hermanos, sin necesidad de incómodos traslados. Es indicado para todo tipo de niños, pero está altamente recomendado para aquellos a los que les cuesta concentrar la atención y mantenerla durante un cierto tiempo y para aquellos que son muy activos.  Favorece la seguridad y la autoestima, por lo que es una actividad sugerida también para niños introvertidos y tímidos.

El yoga para los niños les ayuda a mejorar su nivel de concentración

Hacer yoga mejora también el físico, la postura en general y la columna vertebral en particular. Y si se realiza correctamente, el niño aprende a respirar adecuadamente.

Ejercicios de yoga para niños

El padre o la madre pueden aprender una serie de ejercicios de yoga para niños que sean divertidos y útiles. De este modo, la actividad cumplirá también la función de compartir tiempo familiar de calidad. El niño sentirá que el yoga es bueno para él y no se resistirá a incorporarlo en su rutina.

Calentamiento previo

  • La sesión comenzará con una postura de relajamiento. Tendido en el suelo sobre una alfombra, hay que separar las piernas y los brazos de manera que permanezcan extendidos con las palmas hacia arriba. Se focalizará la atención del niño hacia su respiración. El aire entra por la nariz, el abdomen se hincha y luego el aire sale nuevamente. Es importante insistir en el ciclo respiratorio, porque permitirá corregir los defectos de la respiración bucal y exclusivamente torácica.
  • Así tendido, el pequeño tomará conciencia de cada parte de su cuerpo. Sentirá la cabeza, el cuello, la espalda, las piernas, los brazos. Es importante controlar que la respiración siga siendo la adecuada.
  • En estos momentos se le hará sentir el silencio y disfrutar de él.

Al principio bastará con tres o cuatro minutos, luego se podrán extender hasta ocho o diez.

El yoga para los niños les ayuda a concentrar su atención en un ejercicio.

Asanas o movimientos

En una segunda fase, se pasará a ejercicios que incorporen movimientos. No debe olvidarse que los niños son movedizos por naturaleza. Por ello es importante cambiar frecuentemente de ejercicio para evitar que se aburran.

  • Piernas cruzadas. Sentado cómodamente, con las piernas cruzadas al modo típico del yoga. En esa postura, el niño deberá poner las manos sobre las rodillas con los puños cerrados. Posteriormente tiene que inhalar mientras se cuenta hasta cinco al tiempo que extiende los dedos de las manos. Después exhalará en el mismo tiempo, mientras se cierran los dedos.
  • El árbol. Se realiza de pie con las manos en la cadera. Deberás pedir al niño que fije la mirada en un punto al frente. Por ejemplo, una mancha en la pared, un florero o un adorno. Seguidamente, se le dirá que levante un pie y que apoye la planta en la cara interna de la pierna contraria. Tendrá que imaginar que su pierna es el tronco que sostiene el árbol. Así, intentará mantenerse en equilibrio y, cuando lo logre, levantará los brazos sobre la cabeza a modo de las ramas. Volverá al punto de partida y repetirá el ejercicio con el otro pie.
  • El perro. Se guiará al niño a que coloque su cuerpo en forma de V invertida, apoyado en pies y manos. Deberá mantener los brazos y las piernas extendidas y estirar también todo su cuerpo, tal y como lo hacen los perros.
  • La vela. Acostado sobre la espalda, el niño colocará las manos a la altura de las caderas por debajo del cuerpo. Tendrá que levantar lentamente las piernas estiradas y mover los pies, como la llama de una vela que parpadea. Después deberá volver al punto de partida.

El orden y duración de la secuencia dependerá de la edad de los niños y de su interés. Al principio, seguramente no lograrán demasiado. Pero con entrenamiento y constancia empezarán a concentrarse en la rutina y a beneficiarse con ella.