Ansiedad por la comida

06 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la nutricionista Silvia Zaragoza
Todos, en algún momento, hemos experimentado ansiedad ante una situación. Dado que impacta sobre el comportamiento, se ha investigado acerca de la relación entre ansiedad y alimentación.
 

La ansiedad, según la Real Academia de la Lengua Española, se define como “un estado de agitación, inquietud y zozobra del ánimo”. Suele ser una reacción normal ante una situación nueva o derivada del estrés y muchas veces suele derivar en ansiedad por la comida. Sin embargo, la aparición continua y mantenida en el tiempo afecta al comportamiento e interfiere negativamente en la vida cotidiana. Además, altera el estado de ánimo.

¿Cómo se manifiesta la ansiedad?

Generalmente, los síntomas son físicos y de comportamiento. Se producen como consecuencia de la alteración de las creencias, los pensamientos y los procesos fisiológicos del organismo. Los más comunes son:

  • Dificultad para respirar por la sensación de falta de aire.
  • Taquicardia.
  • Mareo y sofocos.
  • Pérdida de la ilusión por actividades con las que se disfrutaba previamente.
  • Llanto sin motivo.
  • Irritabilidad y tristeza.
  • Malestar digestivo (náuseas, diarrea, estreñimiento, pesadez e hinchazón, intolerancias alimentarias…).
  • Alteración del sueño e insomnio.
  • Dolores musculares y fatiga.
  • Aumento o pérdida del apetito acompañado de ganancia o pérdida de peso.
  • Deseo de comer dulces y snacks.
    Mujer comiendo pasteles en la cama porque tiene ansiedad por la comida.
 

Además, aumenta el riesgo de padecer alguna infección por virus o la aparición de picores u hongos en la piel, ya que se debilita el sistema inmune. A continuación, es necesario hacer referencia a una de las principales reacciones del cuerpo que desencadena la ansiedad.

Serotonina, triptófano y ansiedad

En primer lugar, has de saber que el cerebro genera neurotransmisores. Son unas sustancias químicas que se encargan de establecer la conexión entre las neuronas y regular distintas funciones como el sueño, el hambre, el estado de ánimo y la absorción de nutrientes. Respecto a la ansiedad, destacan 2: la serotonina y el triptófano, puesto que ambos disminuyen y son responsables de la mayoría de los síntomas.

También es oportuno decir que el triptófano es un aminoácido esencial  y precursor de la serotonina, por lo que, si su ingesta es baja, se bloquea la síntesis, agotando las reservas sanguíneas y cerebrales. Esta situación ha sido analizada en varias investigaciones científicas, así como la relación con la microbiota más conocida como conexión intestino-cerebro.

Ansiedad por la comida: microbiota como modulador entre ansiedad y alimentación

Quizás te estés preguntando qué tiene que ver la ansiedad con las bacterias intestinales. El 90 % de la serotonina se sintetiza en el intestino gracias a estas bacterias. Por lo tanto, es clave mantener un equilibrio en la diversidad microbiana, tanto en cantidad como en calidad.  Sin embargo, ante el estrés, se pierde, y se favorece el aumento en el género Clostridium y un descenso en los Lactobacillus y Bifidobacterium.

 

A su vez, la actitud ante la vida y la comida se altera. Por esta razón, se han llevado a cabo ensayos clínicos en los que se observó que suplementarse con Lactobacillus helveticus y rhamnosus, así como con Bifidobacterium longum, resultaba beneficioso.

Ansiedad por la comida: cómo gestionarla

Teniendo en cuenta todo lo anterior, lo más lógico es consumir alimentos ricos en triptófano, puesto que no podemos sintetizarlo. De esta manera, estimularemos la formación de serotonina. Por ello, algunos alimentos ricos en este aminoácido son:

  • Los huevos.
  • El pescado azul.
  • La soja.
  • Los copos de avena.
  • El plátano.
  • Las semillas y los frutos secos.
    Alimentos que aumentan la serotonina.

Sin embargo, eso no quiere decir que la ansiedad vaya a desaparecer sin más. Es necesario pedir ayuda psicológica, respirar hondo y tranquilo, así como buscar alguna distracción como el ejercicio.

Asimismo, y en la medida de la posible, evitar comprar y reducir el consumo de alimentos con azúcares añadidos (dulces, galletas, bollería), snacks y aperitivos salados. Además, contienen grasas hidrogenadas o trans que alteran la microbiota intestinal y reducen el número de especies beneficiosas.

 

Estado de ánimo y alimentación

Por último, se han realizado estudios en personas diagnosticadas de depresión y ansiedad para determinar qué dieta es la adecuada para mejorar los síntomas. Aunque no existe una que sea más beneficiosa que otra, ambas coinciden en que la base de esas dietas sean las frutas, las verduras y las hortalizas. Son fuente de potasio y magnesio, que estimulan a otros neurotransmisores como el GABA cuya función es relajante.

Otros nutrientes esenciales son los omega 3 que se encuentran en el pescado azul (salmón, atún, sardinas, salomenetes, etc) y los frutos secos. También las vitaminas antioxidantes como la C y la E. Dichos nutrientes ayudan a reducir los cambios de humor, la fatiga y el insomnio, ya que son antiinflamatorios.

En resumen, todos en algún momento de nuestra vida vamos a experimentar ansiedad puntual y la alimentación nos puede ayudar. Sin embargo, si se mantiene durante un largo periodo de tiempo, es aconsejable combinarlo con técnicas de relajación y el seguimiento con un psicólogo para que nos proporcione algunas herramientas para gestionarla.

 
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