Afecto forzado: ¿Por qué no debes obligar a tu hijo a besar a los adultos?

Macarena 9 junio, 2016

“Saluda a tu tía”, “Dale un abrazo a la abuela” o “Deja que tu tío te dé un beso”, son proposiciones comunes en cualquier visita familiar. Sin embargo, suelen generar situaciones incómodas ya que los niños se niegan a dárselos mientras que los padres los obligan a brindar cariño. Esto es lo que se conoce como afecto forzado.

Pero, ¿está bien obligar a tu hijo a establecer un contacto físico o afectivo que no desea? ¿Qué mensaje recibe el niño sobre los límites personales cuando incurrimos en este acto? Afecto forzado, ¿sí o no?

Afecto forzado, ¿una lección equivocada para el niño?

Si bien mucha gente cree que el afecto forzado solo tiene como desventaja enseñar a los niños a engañar sobre sus sentimientos, a manipular a los demás o a perder el cariño, están equivocados. Pues también les enseña que no son dueños de su propio cuerpo y que cualquier adulto puede forzarlos a hacer algo que no quieran.

En esta misma línea, Katia Hetter, autora del artículo de la CNN llamado “No soy dueño del cuerpo de mi hijo”, sostiene que el afecto forzado capaz de obligar al menor a tocar gente cuando no quieren hacerlo, los torna vulnerables a abusos sexuales.

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Si bien esta aseveración puede parecer exagerada, cuando no ridícula, la psicología infantil alzó la voz en torno a este tema a fin de aprobarlo. Así, Nichole M. sostuvo que, de esta manera, se está “violando su zona de comodidad”, por lo que los niños pueden aprender a aceptar a cualquiera en ese espacio incómodo”.

“Nunca debe ser tocado si eso lo pone incómodo, aunque sean miembros de la familia. Nunca se debe forzar a besar a alguien. Los besos y abrazos son suyos y no son obligatorios. Los niños eligen a quién y cuándo demostrarles su afecto y los adultos debemos respetarlo, pues es su cuerpo, es su decisión”

-Katia Hetter-

La especialista de la CNN además afirmó que forzar a los niños a mostrar afecto cuando no quieren hacerlo, tiene impacto en sus relaciones durante la adolescencia. Esto, porque “si le enseñas a usar su cuerpo para satisfacer a alguien bajo tu autoridad, lo hará bajo la autoridad de cualquiera”.

¿Cómo actuar en estos casos?

¿Qué mejor que convertirse en un modelo positivo de tu hijo? Que no te dé vergüenza pedir a los adultos que dejen tranquilo al niño y no lo obliguen, siempre y cuando respetes y priorices los deseos del niño sobre los de los mayores.

De aquí la importancia de que los padres puedan imponer y auto-imponerse límites capaces de favorecer las relaciones pero siempre contemplando tanto las necesidades del chico como su ritmo de adaptación personal. Bajo ningún punto de vista ofendas ni ridiculices al menor, ni permitas que un tercero lo haga.

Enseña a tu hijo a respetar su cuerpo

Resulta fundamental enseñar a los niños a respetar su propio cuerpo, para lo cual es menester que aprendan los límites relativos a todos aquellos ajenos que invadan su espacio personal.

Por ello es preciso que el pequeño comprenda que nunca debe permitir ser tocado si eso lo hace sentir incómodo, pues es él quien debe tomar sus propias decisiones en torno a su cuerpo y dictaminar quién está autorizado a entrar en su espacio personal.

Para esto es importante hacerle sentir libertad de elección y explicarle que tiene potestad de elegir si quieren dar o recibir un beso o un abrazo puesto que no son algo impuesto ni mucho menos obligatorio. Enseñarles a escuchar sus sentimientos es el puntapié inicial.

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Cerrar la herida del familiar rechazado

Negarse a mostrar cariño no puede ser equiparado al mal comportamiento ni comporta cierta falta de educación ni respeto. Katia Hetter indica que los niños pueden ser educados y respetuosos aún manteniendo límites personales: “Modales –tratar a la gente con respeto y cariño– es diferente a demandar demostraciones físicas de cariño”.

El primer paso consiste entonces en explicar nuestra política a todo el entorno, quien debe ser capaz de aceptar esta postura. Si bien esta decisión implica más trabajo, puede lograr que todos aprecien verdaderamente el afecto brindado por el menor.

Una excelente alternativa para saludar a nuestros seres queridos con cuotas menores de intimidad reemplaza besos y abrazos por un apretón o choque de manos: “¡Dame esos cinco!”. Si tu hijo es tímido, estas fórmulas son ideales para que pueda tratar a la gente con respeto y cariño.

Como ves, no es necesario frustrarse y molestarse con tu hijo porque no quiere saludar a esa persona que tanto aman. Simplemente puedes hablar con el familiar en cuestión o enseñarle a tu hijo otras maneras de saludar para manifestar su agrado. No se trata de imponer, sino de intentarlo juntos.

Y tú, ¿qué postura tienes respecto a lo que se conoce como afecto forzado? ¿Qué te parece esta visión del tema? ¿Qué soluciones encontraste a esta incómoda situación cotidiana?

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