Adolescencia y pubertad: cambios físicos

Inés Gómez 8 enero, 2018
Sobrellevar la etapa de la adolescencia puede ser complicado si no contamos con la suficiente información. La comunicación debe ser un pilar fundamental durante el desarrollo físico de tus hijos.

Ver a nuestros hijos crecer es parte de nuestra propia educación. Estamos tan acostumbrados a tenerlos en nuestros brazos que el pensar que eso pueda cambiar nos genera una ansiedad horrible. Adolescencia y pubertad son dos palabras que tememos, porque simbolizan el fin de nuestra etapa como protectores.

En cambio, para los niños es el comienzo del camino al período adulto. Los cambios que experimentan a nivel físico y psicológico son mucho más bruscos que en otros momentos de su vida. Se sienten confusos con su cuerpo y con su propia identidad.

Es probable que se miren al espejo y no se reconozcan. Es en ese momento es cuando debes tratar de conectar con ellos y explicarles que deben prepararse para la etapa tan importante que están empezando a vivir.

Adolescencia y pubertad: el fin de la niñez

En la adolescencia y pubertad los cambios son muy acentuados en determinadas partes del cuerpo. Hay chicos y chicas que los llevan mejor, pero otros muchos se niegan a aceptarlos. Es entendible: posiblemente nosotros reaccionamos de la misma manera a su edad.

Pero, ¿en qué consisten estos cambios? ¿Afectan de la misma forma a las niñas que a los niños?

Aumento de la talla corporal

La masa ósea crece, provocando un aumento de la altura y en muchas ocasiones, del peso. La pubertad en las niñas suele hacer que crezcan entre 20 y 23 centímetros, mientras que en los niños entre 24 y 27 centímetros. Esto sucede a partir de los 13 años y se alarga hasta los 21.

Tres amigos adolescentes abrazados

Por lo general, las niñas suelen desarrollarse antes que los niños. Es muy común ver grupos de adolescentes donde ellas parecen mucho mayores que ellos, cuando en realidad tienen la misma edad.

Los órganos internos también incrementan su tamaño. En concreto, el hígado, el corazón, el cerebro y los riñones. De la misma forma, las articulaciones no se desarrollan a la vez, sino que primero lo hacen las piernas y los pies, seguidos del tronco, los brazos y finalmente la cabeza.

Esto causa, a menudo, una desproporción física inicial que puede ser motivo de vergüenza y descontento con el propio cuerpo. 

La maduración sexual

Para muchos padres, este tema es un completo tabú. Debemos aceptar que nuestros hijos, por muy niños que parezcan a nuestros ojos, son seres humanos. A partir de una determinada edad comenzarán a sentir impulsos sexuales, y eso se debe a las hormonas.

A nivel general, la hormona liberadora de gonadotropinas estimula la hipófisis, que a su vez libera las hormonas ginadotropinas hipofisarias: FSH y LH. Estas últimas serán las encargadas de provocar los cambios físicos que tantos dolores de cabeza van a dar a nuestros hijos.

En los niños, producen la maduración de los genitales, el aumento de la libido y la aparición del vello en cara, pubis y axilas. La secreción de las hormonas FSH y LH genera la aparición de la testoterona y la producción de espermatozoides.

En las niñas los cambios son algo más complejos. Los ovarios maduran y comienzan a producir un tipo de hormonas diferentes a las masculinas: estrógenos y progesterona. A su vez, la testosterona (en un grado menor al de los niños) provoca la aparición del vello púbico y en las axilas.

A no mucho tardar aparece la primera regla. Con ella, la maduración de las mamas y el endometrio.

“La juventud es así, establece los propios límites sin preguntar si el cuerpo es capaz de soportarlos. Y el cuerpo siempre lo es”
–Paulo Coelho–

Problemas de confianza

Es bastante común que nuestros hijos experimenten un descenso de la confianza en ellos mismos. A nadie le gusta vivir cambios que no hemos elegido. Además de los mencionados anteriormente, también se da la aparición del olor corporal, el acné y el cambio de la voz.

Adolescencia y pubertad son dos términos estrechamente ligados.

A excepción de este último, los anteriores no son bien recibidos. Es muy importante interactuar con nuestros hijos y responder a cualquier pregunta que puedan hacernos.

Debemos ser más comprensivos que nunca y entender que, en ciertos comentarios airados, son las hormonas las que hablan.

Ha llegado el momento en el que deben forzar a su mente para adecuarse a los cambios de su cuerpo, y eso no siempre es tarea fácil. Afortunadamente, los problemas en la adolescencia y pubertad no son eternos y forman parte de la idiosincrasia humana.

Enseña a tu hijo a quererse y a aceptar todo lo que está viviendo como parte del aprendizaje que todos debemos atravesar.

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