Mi abuelo es un mago capaz de inventar recuerdos mágicos en mi mente

Macarena · 11 septiembre, 2017

Mi abuelo es todo un mago. Su poder es inmenso e infinito. Desde el cielo me sonríe mientras, a su vez, disfruta de uno de sus dotes que lo distinguen, volviéndolo único y especial. Él es capaz de inventar una inagotable serie de recuerdos mágicos y asombrosos en mi mente.

Superhéroe de la infancia, luciendo al viento sus cabellos de plata y destacándose por todo el oro de su corazón, es el gestor de los mejores momentos de mi vida. Su barba ya no roza mis mejillas para darles calor con un tierno beso, pero lo hacen mis fugitivas lágrimas cuando se aparece su recuerdo.

En esos momentos, solo deseo que ese maravilloso ser se escape tan solo un ratito del cielo a fin de poder sentir la protección de sus abrazos. Daría todo con tal de poder volver a sentir sus arrugadas manos acariciando mi rostro. Su beso o su mirada que hablan de su inconfundible amor y, especialmente, su orgullo y devoción.

Me cuidó, educó y acompañó. Me entretuvo con cuentos, nanas e incluso sus enriquecedoras experiencias de vida. Sabiduría, valentía, inteligencia es lo que en cada anécdota comparte. Sus experiencias son un verdadero tesoro, el mejor legado que mi abuelo me dejó.

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El amor perfecto a veces no llega hasta el primer nieto.

-Proverbio Galés-

 

Los recuerdos que dejó mi abuelo, el mago

Mi abuelo, ese mago generador de recuerdos vibrantes, es una de las estrellas más bonitas del firmamento. Desde allí, aún con su memoria continúa enseñándome y marcándome el camino. Es ese ser que nunca olvidaré por la grandeza de su ser, su franqueza, con complicidad profunda, su confidencialidad en cada secreto.

Con mi abuelo viví momentos irrepetibles. Compartí mis comidas favoritas y disfrutamos infinidad de empalagosos postres. Me hundí en ese perfume especial tan de él, me presté a dar interminables y memorables paseos de su mano.

Mañanas sembrando semillas y plantando árboles, tardes enteras en la plaza, el aroma de los pasteles calientes. Regalos, dulces, caricias, abrazos y mil besos solo para mí. Sentirme protegida, contenida, consentida hasta en el mínimo capricho.

Tener a mi abuelo a mi lado era, ciertamente, tocar el cielo con las manos. Mirar juntos dibujitos, hablar de lo que se veía en la tele, compartir todo tipo de actividades. Mi abuelo era un primer acercamiento a los diarios y revistas, era esa radio vieja sonando desde temprano.

Entre zumos y jugos varios, aventuras y locuras se dieron las mejores charlas y confesiones de secretos. Una infinidad de sorpresas se desplegaban cada día al lado de uno de los seres más importantes e imprescindibles de mi vida.

Mi abuelo, dueño de un amor sin medidas

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Mi abuelo es un mago capaz de traer a mi memoria los recuerdos más hermosos de mi infancia, de mi crianza. A él debo un sinfín de aprendizajes y enseñanzas. Parte de mi personalidad, mi seguridad y confianza en mí mismo, incluso mi autoestima, se deben a él también.

Ese adorable anciano supo quererme de una manera especial, diferente aun al inexplicable e incondicional amor de mamá y papá. Al igual que ellos, acompañándolos a la par siempre, decidió darme todo lo que estuvo al alcance de su mano sin mirar costos ni precios, sin pedir nada a cambio.

Sin recurrir a la ayuda de la tecnología o de las redes sociales, jamás estuvo en sus posibilidades pasar por alto una fecha importante, u olvidar un cumpleaños. Claro, hasta que los estragos del tiempo hicieron desastres en su mente. Aún así, decidí -aunque no me reconozca fácilmente- besarlo cada día.

Es que en ese beso nacían los recuerdos que él sigue hoy trayendo a cuento en mi mente. Esos mismos recuerdos que marcaron mi infancia por y para siempre. Una niñez que da cuenta de un amor sin límites ni medidas, el de mi abuelo, ese mago capaz de tener vida propia en mi mente.