7 hábitos de las escuelas altamente creativas

A contramano de la educación tradicional que se practica desde hace siglos, algunas escuelas han comenzado a implementar ideas muy creativas para recuperar la atención de sus alumnos. Veamos de qué tratan estos hábitos.

Muchas corrientes educativas en la actualidad plantean la obsolescencia del sistema contemporáneo. La idea de sentar a los alumnos durante horas y tenerlos como meros receptores de información les parece anticuada y poco eficaz. A continuación, veremos los hábitos de las escuelas altamente creativas que acaban con esta modalidad.

Las últimas teorías realzan el valor del aprendizaje creativo, crítico, colaborativo y motivador. Los expertos en educación de la actualidad afirman que las prioridades educativas deben ajustarse a las necesidades que la sociedad del futuro les impondrá a los estudiantes.

Estas, como el mundo en general en los últimos diez años, han cambiado radicalmente. Se dice que, dentro de poco tiempo, las capacidades de creación, análisis crítico y emprendimiento, entre muchas otras, igualarán o incluso superarán en importancia al conocimiento técnico propiamente dicho.

La adaptación también será esencial para incorporarse a las tecnologías cambiantes.

7 hábitos de las escuelas altamente creativas

A raíz de lo comentado previamente, hay instituciones educativas que se propusieron cambiar el paradigma. Entonces, implementaron acciones sencillas, muchas de ellas cotidianas, que resultan en un cambio importante para los estudiantes. Estos son los hábitos de las escuelas altamente creativas que merecen ser destacados:

1. Celebrar y recompensar los logros colectivos

El mundo cada vez más necesita del trabajo en equipo. Además, está comprobado que los estudiantes aprenden más colectivamente que de manera individual.

Por consecuencia, alentar y premiar los buenos resultados logrados a partir de la colaboración es un excelente paso para fomentar esta modalidad.

2. No centrarse en la especialización

En lugar de dividir el aprendizaje en áreas rígidas, lo que estas escuelas hacen es combinar los diferentes campos. A esto se le llama interdisciplinariedad. Los proyectos que abarcan varias asignaturas son una gran estrategia en este sentido.

El trabajo en equipo es uno de los principales hábitos que impulsan las escuelas altamente creativas.

3. Favorecen la toma de riesgos y valoran el fracaso

Reprimir al niño o joven por resultados no deseados no es para nada beneficioso. Por el contrario, fallar es muy importante para aprender de ello y perfeccionar lo necesario.

Esto muchas veces no se da, ya que la mayoría de los padres tiene terror a perjudicar la confianza o la autoestima de su pequeño. Por lo tanto, no señalan los errores como deberían; lo que es peor aún, muchos ni siquiera los permiten porque los ayudan en exceso.

Este tipo de colegios sabe de la importancia de la prueba y error. Por eso, en vez de evitar cualquier tipo de riesgo o equivocación, sus participantes tienen libertad para ser creativos. Si algo sale mal, se corrige y se aprende de eso.

Dentro de poco tiempo, las capacidades de creación, análisis crítico y emprendimiento, entre muchas otras, igualarán o incluso superarán en importancia al conocimiento técnico propiamente dicho.

4. Los estudiantes no son consumidores pasivos

Precisamente, los hábitos de las escuelas altamente creativas buscan todo lo opuesto. Que los alumnos se sienten y sean bombardeados por datos, números y lecciones no es la mejor manera de aprender.

En lugar de esta transferencia vertical, las escuelas modernas intentan una construcción del saber a partir de la investigación. Preferentemente, las actividades deben ser colectivas y proactivas. Por ello, son términos habituales ‘aprender haciendo’ (LBD, learning by doing en inglés) y el ‘aprendizaje por proyectos’ (APB).

5. Poseen incentivos intrínsecos para el aprendizaje

La educación tradicional tiene un método un tanto ‘primitivo’ para premiar los buenos resultados. Con esto se quiere expresar que han sido los mismos desde sus inicios. Esto es: calificaciones, reconocimientos y becas.

Este nuevo modelo de instituciones, en cambio, favorece el aprendizaje que se da por la propia motivación de la persona. Es decir, hay interés genuino en saber, mejorar, crear y descubrir.

6. Estimulan las disciplinas creativas

Las asignaturas como arte, música, diseño o literatura ganan cada vez más espacio en instituciones de renombre de todo el mundo. En realidad, lo recuperan, ya que durante décadas han perdido terreno frente a las matemáticas, filosofía y las ciencias.

Los beneficios de las actividades que exigen poner a trabajar el pensamiento visual son muchas. Entre otras, potencian la atención, la concentración, la retención de conocimiento y mejoran en gran medida la capacidad de expresión.

Los hábitos de las escuelas altamente creativas fomentan el trabajo en equipo y el aprendizaje proactivo.

7. Brindan el ambiente necesario para estimular la imaginación

Tanto como la capacidad de los maestros y el trabajo en conjunto con otros estudiantes, los jóvenes rinden más cuando el ambiente se los permite. Entonces, en lugar de aulas cerradas solo con luz artificial, se deben crear recintos abiertos, ventilados, alegres.

Para ello, se puede solicitar a los mismos jóvenes que participen del proceso de ambientación. Será un excelente ejercicio para su imaginación y creatividad. Además, tendrán la ventaja de adaptarlo a su gusto, siempre dentro de parámetros respetables.

Los hábitos de las escuelas altamente creativas han arrojado muy buenos resultados hasta el momento. Sin dudas, se trata de medidas que poco a poco se harán más frecuentes y, quien sabe, puede que el día de mañana se conviertan en la normalidad al hablar de modelos educativos.

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