5 heridas emocionales de la infancia y su persistencia

Francisco María García 10 febrero, 2018
¿Alguna vez te has preguntado cuáles son las heridas emocionales de la infancia que persisten en la adultez? A continuación te comentamos acerca de las mismas.

Hay cuestiones que tienen el poder de dejar heridas emocionales de la infancia que persisten aún en la adultez. Las secuelas pueden ser más o menos notorias, según sea el caso.

Por lo general, las personas olvidan muchas de las situaciones que vivieron en su niñez. Por ejemplo, el primer día de clases o la primera vez que se tuvo un paseo en bicicleta.

No obstante, es más difícil olvidar aquella ocasión en la que se sufrió una humillación o se fue víctima de una injusticia. Estas heridas emocionales suelen afectar significativamente el crecimiento de las personas, en el aspecto psico-emocional. Y no solo son capaces de provocar temores, desconfianza y miedos a lo largo de los años.

También pueden impedir el el establecimiento de vínculos sanos así como una buena interacción social, en líneas generales.

Las heridas emocionales de la infancia no tienen por qué ser permanentes. Afortunadamente muchas tienen solución y se pueden sanar a través de la terapia psicológica y el apoyo de los seres queridos.

¡OJO! Para poder hacer superar estas heridas se debe estar consciente de ellas. No se debe disfrazar el dolor ni evadir el momento de afrontarlas por temor al dolor.

Las 5 heridas emocionales de la infancia

Miedo al abandono

Casi todas las personas tienen miedo al abandono. No solo de sus parejas o amigos; también de sus familiares, mascotas e, incluso, aquellas personas con las que no tienen un lazo demasiado fuerte.

Las personas sufren esta dependencia, también tienen que soportar el temor a ser rechazados. Razón por la cual se crean barreras para no dejar que otras personas se le acerquen y causen daño de una u otra forma.

Este miedo suele surgir en aquellas personas que fueron abandonadas durante su infancia, incluso si fue por tan solo una equivocación. Esta herida no suele ser fácil de curar, y para hacerlo se debe tener un diálogo interior consigo mismo y comenzar a trabajar en la confianza que se tiene a los demás.

Miedo al ser rechazado

Al igual que el miedo al abandono, el miedo a ser rechazado es una de las heridas emocionales de la infancia más profundas que suelen afectar a las personas, y no solo implica al rechazo de otras personas, sino también el rechazo propio.

Este miedo pudo haber aparecido debido a diversos factores, tales como el rechazo de los padres, la familia, amigos o hermanos. Esto no hace más que generar pensamientos negativos asociados al rechazo, a no ser deseado y la erosión de la autoestima.

Las personas que sufren de este miedo suelen sentirse poco merecedoras de afecto y comprensión; con lo cual se aíslan así de las personas que les rodean. Para resolverlo, deberán comenzar a tomar decisiones por sí mismas.

5 heridas emocionales de la infancia que persisten en la adultez.

Miedo a la humillación

La herida de la humillación suele generarse en aquellas personas que se sintieron desaprobadas y criticadas por madres estrictas durante la niñez. Sobre todo en aquellos casos en los que se les acusaba de ser torpes, malos, inmaduros o pesados. Por lo que se les destruyó su autoestima.

Esto suele ocasionar el desarrollo de una personalidad dependiente de lo que dicen los demás e, incluso, la creación de un escudo protector para las defensas que aún no se han presentado.

Para lograr superar este tipo de situaciones, es necesario trabajar en la independencia, libertad y comprensión personal, desprendiéndose así de los miedos y temores.

Miedo a la traición

El miedo a la traición es otra de las heridas emocionales de la infancia más comunes; y generalmente suele surgir en aquellos niños que fueron traicionados por sus padres tras el incumplimiento de promesas.

De esta forma se promueve una situación que trae consigo una gran desconfianza, así como también envidia y relaciones poco saludables.

5 heridas emocionales de la infancia que persisten en la adultez.

El hecho de haber sido víctima de una traición durante la infancia suele hacer que esta persona desarrollen una personalidad controladora.Aunque estas personas son conscientes de sus errores y problemas, no parecen tener la mínima intención de cambiar.

Para conseguir este cambio no hace falta más que trabajar en diferentes aspectos como:

  • La paciencia.
  • La tolerancia.
  • El saber vivir.
  • La meditación.
  • Comprender y tolerar los errores.
  • Aprender a delegar las responsabilidades.

Miedo a la injusticia

El miedo a la injusticia suele generarse si los padres son fríos o autoritarios, con lo cual hacen que el proceso de crianza y crecimiento esté repleto de exigencias y sin ningún margen de error. De esta manera la persona se siente inutilizada e incompetente.

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