Visita al dentista, ¿cómo acostumbrarlos?

Las actividades más difíciles de realizar con los niños son aquellas que implican una visita al centro médico, pues por lo general los pequeños sienten temor por las enfermeras, las agujas y casi todas los instrumentos usados en las consultas. Sin embargo, la visita más terrorífica incluso para los adultos, es sin dudas la del dentista.


Pero, ¿es posible acostumbrarles a asistir a una consulta médica? ¿Cómo lograr que hagan con tranquilidad algo es tan difícil para ellos? Y nosotros, ¿acaso queremos obligarles? Pues queremos enseñarle las posibles maneras de conseguir que nuestros niños dejen de preocuparse en exceso por una visita al dentista.

Buenos hábitos

Para iniciar sus experiencias en el dentista, debemos asegurarnos de que los niños lo van a disfrutar, o al menos lo van a recordar de buena manera. Si queremos lograr que exista más disposición por parte de los pequeños, es necesario crear buenos hábitos de higiene dental; es decir, haberlos enseñado que el cuidado de sus dientes de leche es muy importante.

Planificar la primera visita al odontólogo, puede hacerse después de haber invertido tiempo en enseñarle a lavarse los dientes, usar el hilo dental y cuidarse de comer muchas golosinas. En este sentido, parte de nuestra instrucción debe ir dirigida a que el complemento que falta es la visita al especialista.

Parte de esta enseñanza, es que los niños puedan ver que sus padres y otros adultos, también comparten esta tarea, que no solo son ellos quienes deben cuidar sus dientes. Motivarlos desde que son pequeñitos es preferible a tener que convencerlos u obligarlos cuando están más grandes.

¿Cómo prepararlos para la visita al dentista?

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Sí es posible conseguir que los niños se acostumbren a ir al dentista, solo hace falta que los padres asumamos la responsabilidad de educarlos en ese sentido. Los especialistas recomiendan que se atiendan las siguientes prácticas.

  • Siempre es bueno elegir el momento adecuado; es decir, asistir como una medida de control y no porque el niño tiene dolor o hay que realizarle una corrección.
  • Mientras que las primeras consultas sean de rutina y no le causen ninguna molestia, el niño irá relacionando estas como una sana costumbre.
  • Podemos probar a llevarlo de vez en cuando a una consulta nuestra, en este caso podemos aprovechar de mostrarle otros procedimientos más dolorosos, los cuales desde luego los haremos parecer como sencillos de soportar.
  • La primera visita puede realizarse entre el año y medio y los tres años, pero cada padre está en libertad de elegir cuando lo hará. No obstante, es preciso tener en cuenta que no haya presentado problemas de caries mientras se prolonga la consulta.
  • Es recomendable que cada visita de preparación garantice que el niño quiera volver. Esto se logra, evitando sesiones traumáticas sin que haya necesidad.
  • Una de las claves para mejorar esta experiencia, es elegir con cuidado al dentista correcto; pese a que todos están preparados para recibir niños, es posible que encontremos alguno que tenga mejores estrategias.
  • Procura no darles falsas esperanzas, si sabes que le va a doler, es mejor no escondérselo. Es conveniente explicarles todo lo que le va a pasar.
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  • Tampoco es prudente que se ofrezcan recompensas por asistir, porque queremos lograr que se convierta en un hábito para él, que no sea algo especial que merece ser premiado.
  • A veces optamos por amenazar al niño con llevarlo al dentista, es preferible no hacerlo, para que no lo vea como algo de que temer.
  • Siempre es preferible que el niño esté preparado antes de la consulta; pero si llegara a sentir miedo, no es aconsejable forzarlo a abrir la boca, o engañarlo con que no le va a doler.
  • Tal vez sea más fácil para él después de haber visto imágenes divertidas de algún personaje de comics o a su hermano mayor en el dentista; por eso es imprescindible que vaya previamente alentado.
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