Somos buenas madres

Macarena · 18 agosto, 2017

¿Malas madres? Nada de eso. No caben dudas: somos buenas madres. Aun con dificultades y contratiempos, eres lo mejor para tu hijo. Lo has traído al mundo y vives por y para él. Das todo lo que puedes, y lo que no, también. Desde que tu bebe ya estaba en tu vientre, comenzaste a experimentar el inmenso amor del que es capaz una madre.

Tu hijo es tu mayor debilidad en este mundo y, curiosamente, también es quien te da fuerzas para superarte día a día y crecer. Él es también tu maestro y juntos van transitando un camino único, mágico, maravilloso. Ya no lo pienses más, no eres una madre fatal por atravesar situaciones complejas. Lejos de eso, tu lucha diaria destaca tu entrega.

Al nacer una madre, llegaron cientos y cientos de desafíos. Te invadieron las dudas, te atacaron los miedos. Pero sobre todo, un instinto supo reinar tu corazón. El amor maternal te dijo al oído todo lo que necesitabas para ser lo mejor para ese hijo que es tu vida entera. Definitivamente, pese a toda circunstancia, somos buenas madres.

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Pese a todo, buenas madres

Desmitifiquemos de una vez por todas ese estúpido concepto de la mala madre que no hace más que estereotipar y meter presión. Sí, somos buenas madres. Aunque tu hijo se enferme y/o accidente más seguido de lo que querrías. Recuerda que Dios da las más complejas batallas a sus mejores guerreros.

¿Pierdes la paciencia? ¿Y quién no? Nadie nace sabiendo cómo criar un hijo, ni con todas las habilidades que ello conlleva y que solo la práctica diaria entrega. Entonces, no te aflijas si un mal día te encuentras gritando, enojada, aún sabiendo que estás cometiendo quizás un error.

Tampoco sucumbas ante la incomodidad de que los demás descubran tu falta de cumplimiento de horarios. Tienes mucho peso sobre tus espaldas. Estás haciendo mucho, y lo estás haciendo demasiado bien. De allí que no alcancen las agujas del reloj para cerrar todas y cada una de tus actividades.

Entonces, ¿qué más da si preparas un poco más tarde de lo habitual la comida? ¿Cuánto afecta a tu familia irse a dormir más tarde que lo normal? Si ellos saben que cuentan por siempre con ese amor incondicional, así como con tu dedicación y sacrificio diario. ¡Ser mamá supone mucho esfuerzo de nuestra parte!

¿Acaso olvidaste comprar en la tienda aquella mercadería necesaria que no tienes en stock en casa? No desesperes, probablemente tengas mucho en tu cabeza, sobre todo, que estés estresada. Y no, no reprimas el llanto. Quita esa angustia y frustración que puedes experimentar en ocasiones.

No está mal llorar por razones que de afuera parecen bobas. No es un pecado mortal tampoco decir cosas que jamás imaginamos decir. Afirmaciones que muchas veces siquiera pensamos y creemos. Eso no nos convierte en mamás pestilentes, al contrario, ¡somos buenas madres!

¿Por qué somos buenas madres?

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Somos buenas madres porque la cantidad de enfermedades, pataletas, berrinches y rabietas a enfrentar no nos definen. Porque podemos atravesar días, momentos, semanas y hasta meses malos, pésimos. Porque soportamos demasiada carga sobre nuestros hombros, solas o acompañadas.

Es que también estamos naturalmente destinadas a perdernos. Eso nos frustra, nos aniquila emocional y afectiva y anímicamente. Porque sentimos mucho miedo y tenemos muchas dudas. Porque nos cansamos de caer y levantarnos sin cesar.

Pero lo que nos convierte en buenas madres, en definitiva, no es más que el amor que nos guía de vuelto a nuestros lugares. Ese afecto único y especial, inmaculado, inquebrantable se empeña siempre en ponernos en nuestro debido lugar.

Admitámoslo, es nuestro eje, nuestra fuerza motriz, el hechizo que nos hace todo-poderosas. Logra imposibles, protege sueños, da vida, ilumina almas. Pues es el amor maternal el que nos permite aprender de todos nuestros errores que tanto nos trauman.

Incluso, ese mismo sentimiento tan puro, noble y eterno, es el que nos empuja a pedir perdón o a perdonar hasta lo que creíamos imperdonable. En definitiva, somos buenas madres por volver a nuestro centro, por intentarlo incansablemente hasta el hartazgo. Buenas madres, por permitirnos aprender y crecer, solo por amor.